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El auge de la inteligencia artificial compensa parcialmente el impacto de la crisis energética, aunque sus beneficios se concentran en pocas economías y no eliminan los riesgos de una nueva subida del petróleo.

La economía mundial ha demostrado una resistencia mayor de la prevista frente a la crisis energética y las tensiones geopolíticas, pero continúa expuesta a una peligrosa combinación de crecimiento moderado, inflación persistente, elevados niveles de deuda pública y mayores costos de financiamiento.

La directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, describió el escenario como una pugna entre dos fuerzas contrapuestas: por un lado, el impacto económico de la guerra en Oriente Medio y las restricciones al transporte energético; por otro, el impulso generado por las inversiones relacionadas con la inteligencia artificial.

El FMI calcula que la economía mundial crecerá un 3 % en 2026 y un 3,4 % en 2027. Aunque las cifras muestran que no se ha producido una recesión global, representan una desaceleración frente al promedio del 3,5 % registrado durante 2024 y 2025.

Una crisis energética menos grave de lo temido

El cierre y las restricciones en el estrecho de Ormuz hicieron temer inicialmente una interrupción mucho más severa del suministro mundial de petróleo y gas.

Sin embargo, varios factores ayudaron a contener el golpe. Los países consumidores utilizaron parte de sus reservas estratégicas, aumentó la producción fuera del Golfo, las refinerías modificaron sus fuentes de abastecimiento y algunas economías redujeron temporalmente la demanda.

La expansión de las energías renovables también permitió disminuir parcialmente la dependencia de los combustibles procedentes de Oriente Medio. Algunos países recurrieron nuevamente al carbón para garantizar el suministro eléctrico, una decisión que alivió las necesidades inmediatas, aunque representa un retroceso para sus compromisos climáticos.

Estas medidas impidieron que el encarecimiento energético provocara una contracción económica mundial más profunda. No obstante, el margen de respuesta es ahora menor porque una parte de las reservas estratégicas ya fue consumida.

El FMI advierte que una nueva escalada militar o una interrupción adicional del suministro encontraría a numerosos gobiernos con menos herramientas para contener los precios.

El peligro de una nueva subida del petróleo

La crisis energética todavía no puede considerarse superada. El precio del crudo Brent se mantenía cerca de los 89 dólares por barril el 27 de agosto, mientras persistía la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz y las relaciones entre Estados Unidos e Irán.

Un nuevo encarecimiento del petróleo afectaría prácticamente toda la cadena económica. Elevaría los costos del transporte, la electricidad, los alimentos, los fertilizantes y la producción industrial.

El efecto sería especialmente grave en los países importadores de energía y en las economías de menores ingresos, cuyos gobiernos cuentan con poco margen fiscal para subsidiar combustibles o proteger a los sectores vulnerables.

Alrededor del 85 % de los países miembros del FMI son importadores netos de energía. Esto significa que una nueva crisis petrolera deterioraría sus cuentas externas, presionaría sus monedas y obligaría a destinar más recursos a pagar importaciones.

La inflación dejó de descender

La inflación constituye una de las principales preocupaciones del organismo. Después de varios años de reducción gradual, el proceso mundial de desinflación se ha estancado.

El FMI elevó al 4,7 % su previsión de inflación general para 2026. Aunque los efectos secundarios del encarecimiento energético han sido limitados hasta ahora, el organismo advierte que una nueva subida del petróleo podría trasladarse rápidamente al precio de numerosos productos y servicios.

Este escenario obligaría a los bancos centrales a mantener las tasas de interés elevadas durante más tiempo o incluso a aumentarlas nuevamente.

Una política monetaria restrictiva ayuda a controlar los precios, pero también encarece los créditos hipotecarios, reduce el consumo, limita la

El FMI alerta sobre deuda, inflación y energía cara pese al impulso de la inteligencia artificial

La economía mundial ha resistido mejor de lo esperado las consecuencias del conflicto en Oriente Medio, pero el agotamiento de las reservas energéticas, el elevado endeudamiento y una posible reactivación de la inflación amenazan la recuperación.

La economía mundial atraviesa una etapa marcada por dos fuerzas opuestas: el encarecimiento de la energía provocado por las tensiones en Oriente Medio y el fuerte aumento de la inversión asociada con la inteligencia artificial.

Hasta ahora, la expansión tecnológica ha compensado parte del impacto de la crisis energética. Sin embargo, el Fondo Monetario Internacional advierte que esta resistencia podría debilitarse si vuelve a subir el petróleo, se prolongan las restricciones comerciales o los gobiernos no consiguen controlar sus déficits.

La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, explicó que el impacto económico de la guerra con Irán y las restricciones en el estrecho de Ormuz ha sido menor de lo que se temía inicialmente. La utilización de reservas estratégicas, el aumento de la producción fuera del Golfo, la reducción del consumo y el crecimiento de las energías renovables ayudaron a evitar una contracción más profunda.

Algunos países también recurrieron temporalmente al carbón para compensar la reducción de otras fuentes de energía.

Pese a esas medidas, el FMI advierte que la crisis todavía no está superada. Las reservas de petróleo y gas empleadas para contener los precios son limitadas, mientras la llegada del invierno en el hemisferio norte podría incrementar nuevamente la demanda.

El crecimiento mundial se mantiene débil

El FMI proyecta que la economía mundial crecerá un 3 % en 2026 y un 3,4 % en 2027. Aunque estas cifras reflejan cierta capacidad de resistencia, permanecen por debajo del promedio del 3,5 % registrado entre 2024 y 2025.

La recuperación será desigual. Los países exportadores de energía situados fuera de la zona del conflicto se benefician de los precios más altos, mientras las economías integradas en las cadenas de producción tecnológica reciben un impulso por la demanda de chips, servidores, sistemas de refrigeración y centros de datos.

En cambio, los países importadores de energía que tienen poca participación en la economía tecnológica enfrentan una situación mucho más complicada. Pagan más por los combustibles, pero reciben pocos beneficios del auge de la inteligencia artificial.

Esta combinación afecta especialmente a economías emergentes y países de bajos ingresos que disponen de poco margen presupuestario para subsidiar la electricidad, el transporte o los alimentos.

La inteligencia artificial sostiene parte de la actividad

La inversión en inteligencia artificial se ha convertido en uno de los principales motores de la economía estadounidense. El desarrollo de nuevos modelos, la construcción de centros de datos y la demanda de semiconductores especializados están elevando la inversión empresarial y fortaleciendo los beneficios del sector tecnológico.

El fenómeno comienza a extenderse fuera de Estados Unidos. Países productores de chips, equipos electrónicos, componentes eléctricos y sistemas energéticos se están beneficiando de la expansión de esta infraestructura.

Georgieva considera que la inversión tecnológica puede ampliar el crecimiento mundial conforme alcance nuevas regiones. Sin embargo, el impacto no se distribuye de manera uniforme: las economías sin infraestructura digital, energía suficiente o personal especializado corren el riesgo de quedar rezagadas.

La inteligencia artificial también plantea una paradoja energética. Los centros de datos impulsan la actividad económica, pero necesitan grandes cantidades de electricidad. Esto puede aumentar la presión sobre las redes eléctricas y elevar la demanda de gas, carbón, energía nuclear y fuentes renovables.

La inflación dejó de retroceder

El panorama más preocupante se encuentra en los precios. El FMI elevó al 4,7 % su previsión de inflación mundial para 2026 y reconoció que el proceso de desinflación observado desde comienzos de 2024 se ha estancado.

Una nueva subida del petróleo podría trasladarse rápidamente a los precios del transporte, los alimentos, la electricidad y los productos industriales. El encarecimiento de los fertilizantes también podría ejercer presión adicional sobre la producción agrícola.

Si la inflación vuelve a acelerarse, los bancos centrales tendrían que mantener las tasas de interés elevadas durante más tiempo o incluso considerar nuevos aumentos.

Ese escenario encarecería los créditos para hogares y empresas, reduciría la inversión y elevaría el costo de refinanciar la deuda pública.

El peso creciente de la deuda

El elevado endeudamiento limita la capacidad de los gobiernos para responder a nuevas crisis. Muchos países aumentaron considerablemente su deuda durante la pandemia y posteriormente financiaron ayudas destinadas a compensar el incremento del costo de la energía y los alimentos.

Ahora deben refinanciar parte de esas obligaciones con tasas de interés superiores a las existentes cuando fueron contratadas.

El aumento de los rendimientos de los bonos significa que una proporción creciente de los presupuestos públicos debe destinarse al pago de intereses. Esto deja menos recursos disponibles para infraestructura, educación, salud y protección social.

Georgieva pidió a los gobiernos presentar planes fiscales creíbles que permitan controlar los déficits y estabilizar la deuda. El organismo no propone ajustes idénticos para todos los países, pero considera necesario evitar programas permanentes de gasto que carezcan de financiamiento.

El desafío consiste en ordenar las cuentas públicas sin provocar una caída abrupta de la actividad económica ni abandonar a los sectores más afectados por la inflación.

Los subsidios generalizados pueden agravar el problema

El FMI desaconseja recurrir a subsidios energéticos amplios para contener artificialmente los precios. Estas medidas suelen resultar costosas, también benefician a consumidores de altos ingresos y pueden mantener elevada la demanda cuando la oferta es limitada.

El organismo recomienda ayudas temporales y focalizadas en hogares vulnerables, acompañadas de políticas que incentiven el ahorro de energía y la diversificación de las fuentes de suministro.

El objetivo es evitar que la protección de los consumidores termine aumentando el déficit público y alimentando nuevas presiones inflacionarias.

Las tensiones comerciales añaden incertidumbre

A los problemas energéticos y fiscales se suma la fragmentación del comercio internacional. Los aranceles, las sanciones y las restricciones a la exportación están modificando las cadenas de suministro y obligando a numerosos países a buscar nuevos socios.

El FMI sostiene que la economía mundial ha demostrado capacidad para adaptarse, pero esa reorganización implica mayores costos y puede reducir la eficiencia del comercio.

Georgieva también pidió corregir los desequilibrios entre las grandes economías. En particular, considera que China debería depender menos de las exportaciones y estimular en mayor medida el consumo interno.

Una economía china más orientada hacia su mercado doméstico podría reducir las tensiones comerciales y aportar una fuente adicional de demanda mundial.

América Latina frente a un panorama mixto

Para América Latina, el escenario presenta oportunidades y riesgos. Los países exportadores de petróleo, gas, cobre, litio y alimentos pueden beneficiarse de los precios internacionales y de la demanda vinculada con la infraestructura tecnológica.

Sin embargo, las naciones dependientes de combustibles importados enfrentan mayores costos fiscales y presiones sobre el transporte, la electricidad y los alimentos.

Las tasas internacionales elevadas también encarecen el financiamiento de la deuda y pueden reducir la llegada de capitales. Los países con déficits pronunciados, monedas débiles o reservas limitadas son especialmente vulnerables a un cambio brusco en la percepción de los mercados.

La región podría aprovechar el auge tecnológico mediante la producción de minerales críticos, energías renovables y servicios digitales. Para ello necesitará inversión, seguridad jurídica, redes eléctricas adecuadas y formación de personal especializado.

Una economía resistente, pero sin margen para otro gran golpe

La economía mundial evitó hasta ahora los escenarios más pesimistas, pero esa resistencia no equivale a estabilidad.

Parte del impacto energético fue contenido utilizando reservas que no pueden agotarse indefinidamente. Al mismo tiempo, la inversión tecnológica se concentra en determinados países y sectores, mientras la deuda reduce la capacidad de respuesta de muchos gobiernos.

El principal riesgo sería la combinación de un nuevo aumento del petróleo, inflación persistente y tasas de interés altas. Ese escenario frenaría el consumo y la inversión, elevaría el costo de la deuda y ampliaría las diferencias entre las economías beneficiadas por la inteligencia artificial y aquellas que permanecen al margen.

El FMI actualizará sus proyecciones en octubre. Hasta entonces, el desempeño mundial dependerá de la evolución del conflicto en Oriente Medio, los precios energéticos, la política de los bancos centrales y la capacidad de la inversión tecnológica para seguir compensando las fuerzas que frenan el crecimiento.