El Brent se mantiene cerca de los 89 dólares por barril mientras se paraliza gran parte del tráfico por el estrecho de Ormuz. El riesgo ya no se limita al precio del crudo: combustibles, transporte, inflación y mercados financieros comienzan a sentir los efectos de una crisis que amenaza con prolongarse.
La falta de avances para poner fin al enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán vuelve a colocar al petróleo en el centro de las preocupaciones de la economía mundial.
El barril de Brent, principal referencia internacional, cotizaba este lunes alrededor de 88,5 dólares, después de varias jornadas de presión provocadas por el estancamiento de las negociaciones y el fuerte deterioro de la navegación a través del estrecho de Ormuz.
La situación adquiere especial importancia porque este lunes concluyó el periodo de 60 días contemplado en el memorando firmado por Washington y Teherán para intentar resolver las diferencias que mantenían abierto el conflicto.
El plazo terminó sin un acuerdo definitivo.
Y el mercado energético comienza a asumir que la crisis podría durar mucho más de lo esperado.
Ormuz vuelve a convertirse en la gran amenaza
El principal problema no está solamente en los campos petroleros iraníes.
Está en el mar.
El estrecho de Ormuz continúa siendo una de las rutas energéticas más importantes del planeta y normalmente permite el tránsito de aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados internacionalmente.
La navegación por ese corredor se ha reducido drásticamente.
Según datos recopilados por Reuters, solamente cinco embarcaciones atravesaron el estrecho el sábado y ninguna lo hizo el domingo, frente a 31 barcos durante el fin de semana anterior.
La caída muestra hasta qué punto el temor a nuevos ataques está alterando las rutas marítimas.
Y aunque los principales productores del Golfo buscan alternativas para mantener las exportaciones, sustituir completamente a Ormuz resulta prácticamente imposible.
Arabia Saudita está desviando parte de sus cargamentos hacia terminales del mar Rojo, mientras Emiratos Árabes Unidos utiliza infraestructura que permite evitar parcialmente el estrecho.
Pero esas rutas tienen capacidades limitadas.
El Brent permanece cerca de los 90 dólares
Los mercados petroleros están reaccionando con relativa cautela.
El Brent rondaba este lunes los 88,58 dólares por barril, mientras el West Texas Intermediate estadounidense se encontraba alrededor de los 82 dólares.
Son precios elevados, aunque considerablemente inferiores al máximo cercano a los 126 dólares alcanzado por el Brent durante los momentos más críticos de la guerra.
Esto demuestra que los mercados no están anticipando todavía una interrupción completa del suministro.
Pero tampoco confían en una rápida solución.
Mientras el petróleo permanezca cerca de los 90 dólares, las empresas y gobiernos pueden absorber parte del impacto.
Una nueva escalada militar que cierre todavía más Ormuz podría cambiar rápidamente ese cálculo.
La verdadera preocupación comienza a estar en los combustibles
Existe además otro problema que comienza a adquirir mayor importancia que el propio precio del petróleo.
Las refinerías.
La capacidad de refinación de Oriente Medio continúa muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto, mientras Rusia también registra una reducción considerable de su producción de combustibles debido a los ataques ucranianos contra sus instalaciones.
Esto significa que disponer de petróleo no garantiza necesariamente disponer de suficiente gasolina, diésel o combustible para aviones.
Los datos recopilados por la Agencia Internacional de la Energía muestran una reducción importante de las exportaciones internacionales de diésel durante julio, mientras los inventarios europeos de combustibles destilados permanecen por debajo de los niveles habituales.
El resultado podría sentirse directamente en el consumidor.
Incluso si el petróleo comienza a bajar, los precios de los combustibles podrían tardar considerablemente más en hacerlo.
Las reservas mundiales también disminuyen
La guerra y los problemas de transporte llevan meses obligando al mercado a utilizar petróleo almacenado.
Entre febrero y julio, las existencias mundiales habrían disminuido alrededor de 410 millones de barriles, según datos de la Agencia Internacional de la Energía recogidos por El País.
Parte de esa reducción ha sido compensada mediante reservas estratégicas de diferentes países.
Eso funciona como un amortiguador temporal.
Pero las reservas no son infinitas.
Cuanto más dure la interrupción de Ormuz, menor será el margen de los gobiernos para seguir compensando la falta de suministro mediante inventarios.
El impacto llega a las bolsas
La incertidumbre energética también comenzó a trasladarse nuevamente a los mercados financieros.
Las principales bolsas del Golfo cerraron este lunes mayoritariamente a la baja. Qatar perdió alrededor del 1,5 %, Dubái aproximadamente un 0,5 % y Arabia Saudita registró también pérdidas moderadas.
En Europa ocurrió algo similar.
El Ibex 35 español perdió el nivel de los 20.000 puntos después de caer alrededor de un 0,87 %, en una jornada en la que el repunte del petróleo volvió a elevar la preocupación entre los inversionistas.
La razón es sencilla.
Un petróleo persistentemente caro aumenta los costos de transporte, producción industrial, agricultura y generación energética.
Y eventualmente esas presiones pueden trasladarse a los consumidores.
El fantasma de la inflación
Ese es posiblemente el mayor riesgo económico de una crisis prolongada.
Los bancos centrales llevan años intentando controlar la inflación y cualquier nueva subida significativa de los precios energéticos podría complicar ese proceso.
El petróleo afecta prácticamente toda la economía.
No solamente determina el precio de la gasolina.
También influye sobre el transporte marítimo y aéreo, los fertilizantes, productos químicos, plásticos, fabricación industrial y distribución de alimentos.
Una subida sostenida termina filtrándose hacia miles de productos.
Por eso, el escenario que más preocupa a los mercados no es necesariamente un Brent en 88 o 90 dólares.
Es la posibilidad de que una nueva escalada militar provoque otro salto mucho mayor.
Todo depende ahora de la política
Por el momento existe también una fuerza que impide que el precio continúe subiendo sin control.
La demanda mundial está creciendo con menor fuerza de la esperada y Estados Unidos mantiene importantes inventarios de petróleo. Esos factores compensan parcialmente las interrupciones procedentes del Golfo.
El mercado se encuentra entonces atrapado entre dos fuerzas.
Por un lado, existe suficiente petróleo para evitar una crisis inmediata.
Por otro, una de las principales rutas energéticas del mundo funciona muy por debajo de su capacidad normal y permanece amenazada por una guerra que no encuentra solución diplomática.
El resultado es un equilibrio extremadamente frágil.
Mientras el Brent permanezca alrededor de los 90 dólares, la economía mundial puede continuar absorbiendo parte del golpe.
Pero si fracasa definitivamente la diplomacia y Ormuz sufre una interrupción todavía mayor, el petróleo podría dejar rápidamente de ser únicamente un problema de Oriente Medio para convertirse nuevamente en un problema de inflación y crecimiento para prácticamente todo el planeta.