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Los precios al consumidor avanzaron apenas un 0,1% en julio, mientras la inflación interanual descendió del 3,5% al 3,4%. La caída mensual de la energía y de la gasolina ayudó a contener el índice, aunque el costo de la vivienda y algunos servicios continúan mostrando resistencia y mantienen la inflación por encima del objetivo de la Reserva Federal.

La economía estadounidense recibió este miércoles una señal de alivio.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó solamente un 0,1% durante julio, después de haber caído un 0,4% en junio. En términos interanuales, la inflación se redujo una décima, desde el 3,5% hasta el 3,4%, exactamente en línea con las previsiones del mercado.

La inflación subyacente —que excluye alimentos y energía por su mayor volatilidad— también mostró moderación: aumentó un 0,2% mensual y un 2,5% respecto a julio de 2025.

Los datos refuerzan la idea de que el fuerte repunte inflacionario registrado meses atrás está perdiendo intensidad, aunque Estados Unidos todavía está lejos de poder considerar completamente resuelto el problema de los precios.

La energía vuelve a dar un respiro

El principal alivio llegó nuevamente desde la energía.

El índice energético cayó 1,5% durante julio, después de haber retrocedido un 5,7% en junio. La gasolina disminuyó un 2,9% mensual, acumulando dos meses consecutivos de descensos.

La evolución resulta especialmente importante después del fuerte incremento de los combustibles provocado por las tensiones y el conflicto en Oriente Medio.

Aunque la energía continúa siendo un 14,7% más cara que hace un año, la reducción registrada durante los últimos dos meses ha permitido frenar el impacto inmediato de ese choque sobre los hogares estadounidenses.

Por ahora, además, el incremento internacional del petróleo no parece haberse trasladado completamente al consumidor estadounidense.

Eso ofrece cierto margen a la Reserva Federal.

Pero también constituye uno de los mayores riesgos para los próximos meses: si el petróleo vuelve a subir de forma sostenida, parte del progreso conseguido durante junio y julio podría desaparecer.

La vivienda continúa presionando los precios

El informe contiene, sin embargo, señales que obligan a mantener la cautela.

El costo de la vivienda aumentó 0,1% en julio y explicó aproximadamente dos tercios del incremento mensual del IPC.

La moderación en esta categoría estuvo favorecida por una caída del 3,3% en hoteles y moteles, vinculada parcialmente a la normalización de precios después del Mundial de fútbol, mientras la renta equivalente de propietarios aumentó un 0,3%.

Los alimentos también aumentaron un 0,1% durante julio.

Dentro de esa categoría, los alimentos consumidos fuera del hogar subieron un 0,3%, mientras algunos productos de supermercado registraron descensos importantes.

También aumentaron los precios de la atención médica, las tarifas aéreas, la educación, la recreación y determinados productos tecnológicos.

La imagen que deja el informe es, por tanto, desigual: la inflación se modera, pero no desaparece.

Todavía por encima del objetivo de la Fed

El 3,4% continúa claramente por encima del nivel de estabilidad de precios buscado por la Reserva Federal.

La Fed tiene como referencia una inflación del 2%, medida principalmente mediante el índice de precios del gasto en consumo personal, conocido como PCE. El banco central reconoció en su última reunión que la inflación sigue elevada y que persisten riesgos derivados de los precios energéticos y otros choques de oferta.

El pasado 29 de julio, la Reserva Federal decidió mantener el tipo de interés de referencia entre 3,50% y 3,75%.

La decisión no fue unánime: tres miembros del Comité Federal de Mercado Abierto preferían aumentar los tipos en 25 puntos básicos.

El dato conocido este miércoles reduce ahora la urgencia de una nueva subida.

Después de publicarse el IPC, los mercados redujeron hasta aproximadamente 38% la probabilidad de un aumento de tipos en septiembre, frente al 48,4% estimado un día antes.

Eso no significa que la Reserva Federal haya cerrado la puerta a nuevas subidas.

Antes de su reunión de septiembre todavía recibirá los datos de inflación y empleo correspondientes a agosto, mientras varios economistas continúan considerando posible un nuevo ajuste de tipos más adelante durante 2026.

Los mercados reciben bien el dato

La reacción inicial de los mercados fue positiva.

Las acciones estadounidenses subieron, los rendimientos de los bonos del Tesoro disminuyeron y el dólar perdió terreno después de conocerse la cifra.

El razonamiento de los inversores es relativamente sencillo: una inflación que sigue moderándose reduce la necesidad de que la Reserva Federal endurezca nuevamente la política monetaria.

Para las empresas, unas tasas estables reducen el riesgo de un encarecimiento adicional del crédito.

Para los mercados financieros, disminuyen también las posibilidades de que la Fed tenga que frenar deliberadamente la economía para controlar los precios.

Pero para los hogares estadounidenses, la situación es menos favorable de lo que refleja inicialmente el dato general.

Bajar la inflación no significa que los precios bajen

El principal problema político y social continúa siendo el costo de vida.

Una inflación del 3,4% no significa que los precios estén regresando a los niveles anteriores. Significa que continúan aumentando, pero a un ritmo menor.

Además, Reuters señala que los salarios medios ajustados por inflación disminuyeron un 0,2% interanual en julio y que desde abril se han mantenido estancados o en retroceso.

Eso ayuda a explicar por qué una mejora en las estadísticas macroeconómicas puede no traducirse inmediatamente en una sensación de alivio para los consumidores.

Los estadounidenses continúan enfrentando niveles elevados en vivienda, alimentos y otros gastos esenciales, incluso cuando la velocidad con la que aumentan esos precios comienza a disminuir.

Una buena noticia, pero todavía no una victoria

El dato de julio representa una señal favorable para la economía estadounidense.

La inflación ha bajado desde el 4,2% registrado en mayo hasta el 3,4% actual, mientras la inflación subyacente se encuentra en el 2,5%.

Pero existen razones suficientes para evitar conclusiones prematuras.

Los precios energéticos internacionales continúan expuestos a las tensiones geopolíticas, la vivienda mantiene presión sobre el índice y la Reserva Federal sigue considerando que la inflación permanece por encima de niveles compatibles con la estabilidad de precios.

El verdadero desafío será determinar si julio representa el comienzo de una tendencia sostenida o simplemente una pausa favorecida por el descenso temporal de la energía.

Por ahora, Estados Unidos consigue algo que hace apenas unos meses parecía difícil: reducir nuevamente la inflación sin provocar un deterioro brusco de la actividad económica.

La cifra del 3,4% ofrece un respiro a consumidores, mercados y Reserva Federal.

Pero todavía no permite declarar terminada la batalla contra la inflación.