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Investigadores australianos desarrollaron insectos equipados con cámaras, sistemas de navegación y pequeños dispositivos de inyección para asistir a personas en lugares inaccesibles para los rescatistas.

Un equipo de investigadores australianos convirtió cucarachas gigantes en pequeñas plataformas de rescate capaces de localizar personas y administrarles medicamentos en espacios donde el ingreso de paramédicos o robots convencionales podría resultar imposible.

Los científicos denominaron “paraborgs” a estos insectos cíborg, creados mediante la combinación de las capacidades naturales de las cucarachas con cámaras, componentes electrónicos y dispositivos médicos en miniatura.

El proyecto busca ampliar el uso de los insectos controlados electrónicamente. Hasta ahora, la mayor parte de las investigaciones se había concentrado en utilizarlos como sensores móviles para recorrer estructuras colapsadas y encontrar supervivientes. La nueva propuesta pretende que también puedan proporcionar asistencia médica básica mientras llegan los equipos de rescate.

La tecnología fue desarrollada por especialistas en biorrobótica de la Universidad de Queensland, en colaboración con ingenieros biomédicos de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Los resultados fueron publicados en la revista científica Advanced Science bajo el título Paraborg: Paramedic Cyborg Insects for In Situ Emergency Drug-Delivery.

Insectos convertidos en plataformas de rescate

Los investigadores trabajaron con cucarachas excavadoras gigantes del norte de Queensland, cuyo nombre científico es Macropanesthia rhinoceros. Estos animales pueden alcanzar aproximadamente 8,5 centímetros de longitud y se encuentran entre las cucarachas más pesadas del mundo.

Su tamaño y fuerza les permiten transportar equipos más grandes que los utilizados en otros insectos cíborg. Sobre el cuerpo se instala un arnés desmontable que puede incluir cámaras, componentes de navegación o un pequeño mecanismo de inyección diseñado específicamente para esta especie.

Los científicos implantaron electrodos que permiten estimular determinadas partes del sistema nervioso del insecto mediante señales eléctricas de baja intensidad. Con este procedimiento, un operador puede orientar remotamente su desplazamiento utilizando incluso controles similares a los de una consola de videojuegos.

Antes de colocar los electrodos y los componentes electrónicos, las cucarachas son anestesiadas e inmovilizadas. Los investigadores aseguran que, una vez retirados los dispositivos, los animales pueden vivir tanto como otras cucarachas de la misma especie.

Una cucaracha localiza y otra administra el medicamento

El sistema probado por los investigadores distribuye las tareas entre distintos insectos. Una cucaracha equipada con una cámara actúa como observadora, explora el terreno y transmite imágenes que permiten localizar a la víctima.

Una segunda transporta el dispositivo médico y se aproxima al objetivo para administrar el medicamento. La inyección no se realiza automáticamente por decisión del sistema, sino que debe ser activada por un operador humano.

Este detalle es importante porque mantiene bajo supervisión profesional las decisiones relacionadas con la atención médica. Los paraborgs funcionan como una extensión del equipo de rescate y no como paramédicos autónomos.

Durante los experimentos, los insectos lograron alcanzar todos los puntos de control establecidos por los investigadores. La operación completa, que incluía navegación, posicionamiento e inyección, tuvo éxito en el 72 % de las pruebas.

Cuando la cucaracha era colocada a menos de 15 centímetros del objetivo, la tasa de éxito de la inyección aumentaba hasta el 95 %.

Los ensayos fueron efectuados en condiciones controladas empleando objetivos de silicona y piel de cerdo. Por esa razón, los resultados representan una demostración inicial del concepto y todavía no prueban que la tecnología esté preparada para utilizarse con seres humanos durante una emergencia real.

¿Por qué emplear cucarachas y no pequeños robots?

El uso de cucarachas responde a una necesidad práctica. Reproducir mediante ingeniería todas las capacidades de estos insectos requeriría robots complejos, costosos y con un consumo de energía considerable.

Las cucarachas pueden moverse sobre superficies irregulares, superar obstáculos, introducirse por pequeñas aberturas y soportar condiciones que podrían inmovilizar o dañar un mecanismo artificial. Además, necesitan muy poca energía para desplazarse porque el sistema electrónico solamente guía sus movimientos naturales.

Los investigadores consideran que esta combinación podría convertirlas en una alternativa útil para explorar edificios derrumbados, cuevas, minas, túneles y otras zonas peligrosas o de difícil acceso.

En una emergencia, podrían transportar medicamentos destinados a estabilizar temporalmente a una persona con una reacción alérgica grave, una mordedura de serpiente u otra condición en la que unos pocos minutos puedan marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Enjambres con diferentes funciones

La visión a largo plazo no consiste en desplegar una sola cucaracha, sino grupos numerosos cuyos integrantes tengan tareas especializadas.

Algunos insectos podrían llevar cámaras, micrófonos o sensores ambientales para encontrar víctimas y detectar gases, temperaturas extremas u otros peligros. Otros transportarían medicamentos, dispositivos de comunicación o pequeños equipos de emergencia.

De esta manera, los rescatistas recibirían información del interior de una estructura y podrían prestar una asistencia inicial sin exponerse inmediatamente a derrumbes secundarios, incendios o materiales peligrosos.

El responsable del Laboratorio de Biorrobótica de la Universidad de Queensland, Thang Vo-Doan, estima que los primeros equipos de insectos cíborg podrían participar en emergencias reales dentro de un periodo de entre cinco y diez años, siempre que existan recursos suficientes para acelerar las pruebas y el desarrollo.

Obstáculos antes de su aplicación real

A pesar de los resultados, el proyecto todavía debe superar dificultades importantes. Los operadores necesitarán mantener una comunicación estable con los insectos dentro de estructuras colapsadas, donde el concreto, el metal y la profundidad pueden bloquear las señales.

También deberá perfeccionarse la capacidad de posicionar el mecanismo de inyección de manera segura sobre una persona herida. Un movimiento inesperado del insecto o de la víctima podría impedir la administración correcta del medicamento.

A ello se suman los protocolos médicos, sanitarios y éticos que tendrían que establecerse antes de permitir que insectos modificados entren en contacto con pacientes.

Los investigadores insisten en que la intención no es sustituir a bomberos, paramédicos o equipos de búsqueda. El objetivo es ofrecerles una herramienta adicional para observar, alcanzar y eventualmente ayudar a personas a las que todavía no pueden llegar directamente.