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La actividad empresarial de la eurozona volvió a mejorar en agosto y alcanzó su mayor ritmo de crecimiento desde noviembre. La recuperación de la industria, el regreso de los pedidos de exportación y un mercado laboral que vuelve a crear empleo están ofreciendo señales de resistencia, aunque la inflación y los elevados precios de la energía continúan amenazando la recuperación.

La economía europea está mostrando una fortaleza mayor de la esperada en medio de un escenario internacional marcado por guerras, tensiones comerciales, elevados precios energéticos e incertidumbre sobre las principales economías mundiales.

El índice compuesto PMI de la eurozona elaborado por S&P Global alcanzó 52,1 puntos en agosto, frente a 52,0 en julio, registrando su mejor desempeño desde noviembre. Cualquier lectura superior a 50 indica expansión de la actividad económica.

La diferencia puede parecer pequeña, pero los datos que están detrás del indicador muestran cambios importantes.

Los nuevos pedidos crecieron al ritmo más rápido en más de tres años, mientras que los pedidos procedentes del extranjero aumentaron por primera vez desde la invasión rusa de Ucrania en 2022.

La industria europea vuelve a despertar

La mayor sorpresa proviene de la manufactura.

El PMI manufacturero de la eurozona alcanzó 52,8 puntos, su nivel más alto en 54 meses, confirmando una recuperación de un sector que durante años había sido uno de los principales problemas de la economía europea.

La industria del continente ha tenido que enfrentar simultáneamente altos costos energéticos, la competencia de China, los aranceles estadounidenses, dificultades en el sector automotriz y una demanda mundial relativamente débil.

El nuevo dato no significa que esos problemas hayan desaparecido, pero sí indica que las fábricas europeas están empezando a recibir nuevamente pedidos suficientes para ampliar su producción.

Alemania, la mayor economía industrial del continente, registró un crecimiento modesto gracias precisamente a la recuperación del sector manufacturero. Francia, en cambio, continuó mostrando debilidad, especialmente en los servicios, afectados además por las altas temperaturas registradas durante agosto.

Europa vuelve a exportar más

Otro de los datos más significativos es la recuperación de las exportaciones.

Los pedidos provenientes de mercados exteriores aumentaron por primera vez desde 2022, poniendo fin a una prolongada etapa de contracción.

Esto resulta especialmente importante para economías como Alemania, Italia y Países Bajos, cuyo crecimiento depende en buena medida de vender maquinaria, automóviles, productos químicos y otros bienes industriales al resto del mundo.

La recuperación de los nuevos pedidos también sugiere que las empresas podrían mantener niveles de producción más elevados durante los próximos meses.

Los analistas consideran que los indicadores son compatibles con un crecimiento razonable de la economía de la eurozona durante el tercer trimestre.

El empleo también da una señal positiva

La mejora no se limita a la producción.

Las empresas de la eurozona aumentaron su número de trabajadores por primera vez en 2026, gracias al regreso de las contrataciones en las fábricas y a una aceleración del empleo en los servicios.

El mercado laboral europeo ya partía de una situación relativamente sólida.

La tasa de desempleo de la eurozona se encontraba en 6,3% en junio, prácticamente en mínimos históricos para el bloque monetario.

Una recuperación de la contratación empresarial podría ayudar a mantener el consumo interno, otro elemento fundamental para evitar que Europa vuelva a caer en un periodo de estancamiento.

El PIB ya había crecido un 0,4%

Los nuevos indicadores llegan después de que Eurostat confirmara que el producto interno bruto de la eurozona creció 0,4% durante el segundo trimestre de 2026 frente a los tres meses anteriores.

En el conjunto de la Unión Europea, el crecimiento alcanzó el 0,5%.

El comercio exterior también ha mostrado algunas señales positivas.

La eurozona registró en junio un superávit comercial de 8.600 millones de euros, frente a los 4.800 millones registrados en el mismo mes de 2025.

Los datos comienzan así a dibujar una economía europea que, aunque todavía crece lentamente, está resistiendo mejor de lo que se esperaba hace apenas unos meses.

Las bolsas europeas también resisten

Los mercados financieros están reaccionando a esa percepción.

El índice paneuropeo STOXX 600 subió 0,6% el viernes, impulsado entre otras cosas por los nuevos indicadores económicos, aunque terminó la semana con pérdidas debido a las preocupaciones sobre inflación, petróleo y tipos de interés.

En términos más amplios, las acciones europeas continúan cerca de sus máximos históricos y están atrayendo nuevamente capital internacional.

Reuters señala que los fondos europeos recibieron alrededor de 2.440 millones de dólares de entradas de capital a mediados de agosto, mientras el euro se ha apreciado aproximadamente un 3% desde sus mínimos de junio.

Europa también continúa cotizando con valoraciones considerablemente inferiores a las de Wall Street, algo que está atrayendo a inversionistas preocupados por los elevados precios de las acciones tecnológicas estadounidenses.

Pero la inflación continúa siendo el gran problema

La recuperación económica tiene un importante obstáculo.

La inflación anual de la eurozona aumentó hasta 2,9% en julio, frente al 2,8% registrado en junio y claramente por encima del objetivo del 2% del Banco Central Europeo.

El encarecimiento de la energía continúa siendo uno de los principales responsables.

Los combustibles para transporte costaban en julio 16,9% más que un año antes en el conjunto de la Unión Europea, según Eurostat.

Alemania y Lituania registraron aumentos cercanos al 23%, mientras que Países Bajos superó el 20%.

La guerra en Oriente Medio y las dificultades en los mercados energéticos mantienen además el riesgo de nuevas subidas de petróleo y gas.

Por eso, una economía demasiado fuerte también puede plantear un dilema al Banco Central Europeo.

Si el crecimiento continúa mientras la inflación permanece cerca del 3%, aumenta la posibilidad de que el BCE tenga que mantener una política monetaria más restrictiva o incluso volver a elevar los tipos de interés.

Una recuperación todavía frágil

Los datos positivos no significan que Europa haya superado sus problemas.

La confianza empresarial continúa siendo moderada y las compañías siguen preocupadas por las guerras, los precios energéticos, el comercio internacional y las futuras decisiones de los bancos centrales.

Europa tampoco está creciendo a tasas particularmente elevadas.

La importancia de las cifras actuales está en otro punto: la recesión que muchos temían no está apareciendo y algunos de los sectores más debilitados están comenzando a recuperarse.

La industria vuelve a crecer, las exportaciones reaccionan, las empresas vuelven a contratar y el PIB continúa avanzando.

Incluso los mercados financieros europeos están despertando un interés que durante años estuvo concentrado principalmente en Estados Unidos.

El gran interrogante será ahora cuánto puede durar esta resistencia.

Si Europa consigue mantener el crecimiento y contener al mismo tiempo la inflación energética, 2026 podría terminar siendo considerablemente mejor para la economía del continente de lo que se esperaba al comenzar el año.

Pero si los conflictos internacionales vuelven a disparar el petróleo y los costos industriales, esta incipiente recuperación podría quedar rápidamente bajo presión.