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Washington cuestiona el acuerdo entre México y la Unión Europea por la protección de nombres como parmesano, feta y manchego, mientras productores mexicanos aseguran que los quesos estadounidenses y europeos atienden mercados diferentes.

Una inesperada disputa sobre el nombre y el origen de algunos quesos se ha convertido en un nuevo punto de tensión en las relaciones comerciales entre Estados Unidos y México.

Washington se opone a varias disposiciones del renovado acuerdo comercial firmado entre México y la Unión Europea, debido a que el tratado concede protección especial a productos europeos vinculados históricamente con determinadas regiones. Entre ellos figuran el Parmigiano Reggiano italiano, el queso feta griego y el manchego español.

La Unión Europea considera que estas denominaciones forman parte del patrimonio cultural y productivo de sus regiones de origen. Por eso busca impedir que fabricantes extranjeros comercialicen productos con esos nombres cuando no cumplan las condiciones geográficas y tradicionales correspondientes.

Estados Unidos mantiene una posición diferente. Para sus productores, términos como “parmesano”, “feta” o “asiago” se han convertido con el tiempo en nombres genéricos que describen tipos de queso, independientemente del país en el que sean elaborados.

Un mercado de mil millones de dólares

La controversia tiene una importante dimensión económica. Estados Unidos exporta anualmente a México alrededor de 1.000 millones de dólares en quesos, mientras que las exportaciones lácteas de la Unión Europea al mercado mexicano rondan los 200 millones de dólares. Además, cerca del 30 % del queso consumido en México procede actualmente del extranjero, principalmente de Estados Unidos.

Los productores estadounidenses temen que la entrada en vigor del acuerdo obligue a modificar las etiquetas de algunos de sus productos o les impida venderlos bajo nombres reconocidos por los consumidores mexicanos. En algunos casos tendrían que utilizar expresiones como “tipo feta”, “estilo asiago” o “imitación parmesano”.

La Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos ha criticado anteriormente el sistema europeo de indicaciones geográficas, al considerar que restringe innecesariamente la competencia y aumenta los costos para los fabricantes que operan fuera del bloque comunitario.

La presión estadounidense llega, además, en un momento especialmente sensible. México y Estados Unidos mantienen negociaciones comerciales bilaterales mientras avanza el proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, el T-MEC. La importancia del mercado estadounidense para la economía mexicana otorga a Washington una considerable capacidad de presión.

México rechaza que exista una competencia directa

Desde el sector mexicano se sostiene que el acuerdo con Bruselas no necesariamente provocará un desplazamiento de los productos estadounidenses.

Distribuidores y comerciantes consideran que los quesos europeos, generalmente más caros y asociados con métodos tradicionales de producción, están dirigidos a un segmento distinto del mercado. Los quesos estadounidenses, producidos a gran escala y vendidos a precios más bajos, seguirían abasteciendo principalmente al consumo masivo.

El acuerdo también podría reducir los aranceles aplicados a ciertos productos europeos, facilitando su entrada a México y ampliando las opciones disponibles para los consumidores. Algunos productores mexicanos respaldan esa apertura, aunque otros advierten sobre la creciente dependencia del país de los lácteos importados.

México cuenta con una importante tradición quesera propia, representada por variedades como el Oaxaca, el Chihuahua, el Cotija y el queso fresco. Sin embargo, sus productores han denunciado durante años dificultades para competir con las importaciones estadounidenses de menor precio.

El valor político de un nombre

Para Bruselas, la controversia va más allá del comercio. Las indicaciones geográficas protegen productos cuya reputación, características y métodos de elaboración están asociados con territorios concretos.

El feta, por ejemplo, es una denominación protegida para quesos elaborados en determinadas regiones de Grecia. El Parmigiano Reggiano está vinculado con provincias específicas del norte de Italia, mientras que el manchego europeo debe producirse en la región española de Castilla-La Mancha.

Estados Unidos entiende esos nombres como categorías comerciales que ya forman parte del vocabulario común. Europa, en cambio, los considera patrimonio productivo y cultural que debe protegerse frente a imitaciones.

El acuerdo comercial interino entre México y la Unión Europea ya fue concluido, pero todavía necesita completar el proceso de ratificación mexicano para entrar plenamente en vigor. La Comisión Europea ha señalado que sus condiciones no pueden renegociarse, pese a las objeciones estadounidenses.

La llamada “diplomacia de los quesos” refleja así un conflicto mucho más amplio: la confrontación entre el modelo estadounidense de producción masiva y la política europea de protección territorial de los alimentos. México ha quedado en medio de ambas visiones mientras intenta conservar su acceso privilegiado al mercado norteamericano y, al mismo tiempo, profundizar sus relaciones económicas con Europa.