0 5 mins 1 hora

Una ajustada mayoría apoya reabrir las negociaciones con Bruselas, pero la ventaja se ha reducido a pocos días de una votación que podría redefinir la relación del país con Europa.

Islandia celebrará el próximo 29 de agosto un referéndum para decidir si debe retomar las negociaciones destinadas a incorporarse a la Unión Europea, más de una década después de abandonar el proceso.

Una encuesta de la firma Maskina señala que el 51,3 % de los islandeses apoya reabrir las conversaciones con Bruselas, mientras que el 48,7 % se opone. El sondeo fue realizado entre el 21 y el 25 de agosto entre 1.019 personas.

La diferencia entre ambas posiciones se ha reducido durante las últimas semanas. En una medición publicada el 13 de agosto, el respaldo a las negociaciones alcanzaba el 52,2 %, frente al 47,8 % que las rechazaba.

El resultado se presenta, por tanto, abierto y sujeto a la movilización de los votantes durante los últimos días de campaña.

No se decidirá todavía la adhesión

La consulta no determinará directamente si Islandia ingresa en la Unión Europea. Los ciudadanos decidirán únicamente si el Gobierno debe reactivar las conversaciones formales de adhesión.

Si gana el “sí”, las autoridades islandesas negociarían con Bruselas las condiciones para incorporarse al bloque. El acuerdo resultante tendría que ser sometido posteriormente a un segundo referéndum nacional.

Esto significa que incluso una victoria de los partidarios de Europa no garantizaría la entrada del país en la Unión.

Un informe del Ministerio de Relaciones Exteriores estima que las negociaciones podrían comenzar antes de finalizar 2026 y concluir en un plazo de entre 18 y 24 meses.

Un proceso abandonado en 2013

Islandia solicitó su ingreso en la Unión Europea en 2009, durante la crisis financiera que golpeó duramente al país y provocó el colapso de su sistema bancario.

Las conversaciones avanzaron durante cuatro años, pero fueron suspendidas en 2013 tras la llegada al poder de partidos contrarios a la adhesión. La pesca y el control de los recursos marítimos figuraron entre los principales obstáculos.

El sector pesquero continúa siendo estratégico para la economía islandesa. Los opositores temen que el ingreso obligue al país a compartir decisiones sobre cuotas, acceso a sus aguas y administración de los recursos.

Quienes respaldan la incorporación consideran, en cambio, que Islandia necesita participar plenamente en las instituciones europeas y tener influencia sobre las normas que ya debe aplicar.

La guerra y el costo de vida reactivan el debate

Islandia forma parte del mercado único europeo, del espacio Schengen y de la Asociación Europea de Libre Comercio. Sin embargo, no participa con voto en la elaboración de muchas decisiones comunitarias que terminan afectando su economía.

El aumento del costo de vida, la volatilidad de la corona islandesa y la guerra en Ucrania han fortalecido los argumentos de los partidarios de la adhesión.

También han influido las reiteradas amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de anexar Groenlandia, un territorio situado entre Islandia y América del Norte. Esas declaraciones reavivaron el debate sobre la seguridad del Atlántico Norte y la conveniencia de una mayor integración europea.

La adhesión permitiría que Islandia participara directamente en instituciones como la Comisión Europea, el Consejo de la Unión Europea y el Parlamento Europeo. También implicaría ingresar en la unión aduanera y abriría la posibilidad, aunque no la obligación inmediata, de adoptar el euro.

Una decisión estratégica

Los defensores del “sí” sostienen que la pertenencia a la Unión Europea fortalecería la seguridad, estabilizaría la economía y daría al país capacidad para influir en decisiones que actualmente debe aceptar sin participar plenamente.

Los opositores argumentan que Islandia ya disfruta de buena parte de los beneficios de la integración europea sin haber cedido soberanía sobre áreas sensibles como la pesca, la agricultura y la política monetaria.

El referéndum determinará si el país mantiene su actual relación intermedia con Europa o inicia un proceso que podría culminar, después de otra votación, con su incorporación como nuevo miembro de la Unión Europea.