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Taiwán desarrolla una de sus mayores pruebas militares del año con ejercicios diseñados para simular el paso desde las operaciones de “zona gris” hasta una invasión abierta. El presidente Lai Ching-te supervisó este sábado maniobras de ataque costero en las que participaron drones, embarcaciones misilísticas y unidades de la Guardia Costera, mientras la isla adapta su estrategia defensiva a las lecciones dejadas por las guerras recientes.

Taiwán continúa este sábado 8 de agosto los ejercicios militares Han Kuang 42, unas maniobras que buscan comprobar hasta qué punto las Fuerzas Armadas, el Gobierno y las instituciones civiles podrían mantener operativa la isla ante una eventual ofensiva de China.

El presidente taiwanés Lai Ching-te supervisó personalmente ejercicios de ataque costero y abordó una embarcación rápida de misiles en una base naval de Kaohsiung, en el sur de la isla.

Durante las maniobras observó drones de ataque volando a baja altura y operaciones conjuntas entre la Marina y la Guardia Costera.

El mensaje de Taipéi es cada vez más claro: una eventual defensa de Taiwán no dependería exclusivamente de grandes buques, aviones de combate o sistemas tradicionales, sino de una red dispersa de misiles costeros, drones, pequeñas embarcaciones rápidas, unidades móviles y fuerzas civiles capaces de continuar funcionando incluso después de un ataque inicial.

De unas maniobras militares a una simulación de guerra prolongada

Han Kuang es el principal ejercicio militar anual de Taiwán, pero la edición de 2026 ha sido diseñada con un grado especialmente elevado de realismo.

Los ejercicios comenzaron el 5 de agosto y se extenderán hasta el 14, siguiendo un escenario continuo en el que la situación evoluciona progresivamente desde acciones de presión en la denominada zona gris hasta un conflicto militar abierto.

El Ministerio de Defensa taiwanés explica que el escenario comienza imaginando que el Ejército Popular de Liberación chino utiliza maniobras militares aparentemente rutinarias para ocultar los preparativos de una ofensiva.

A partir de ahí, las fuerzas taiwanesas deben incrementar su nivel de alerta, movilizar unidades, dispersar materiales, proteger infraestructuras críticas y prepararse para un posible bloqueo.

Posteriormente llega la fase más peligrosa del ejercicio: ataques con misiles, operaciones aéreas y navales y un intento de desembarco en distintos puntos de la isla.

La intención es obligar a las diferentes ramas militares a operar durante una crisis prolongada y no únicamente superar demostraciones individuales previamente ensayadas.

Los drones ocupan un lugar cada vez mayor

Uno de los elementos más visibles de las maniobras de este sábado fueron los drones.

Lai observó aparatos de ataque realizando vuelos a baja altura mientras las fuerzas taiwanesas ensayaban operaciones destinadas a impedir que una fuerza enemiga alcance la costa.

La creciente utilización de vehículos no tripulados responde a una transformación mucho más profunda de la estrategia militar taiwanesa.

Taiwán tiene una evidente desventaja numérica frente a China en aviones, buques, personal y capacidad industrial militar. En lugar de intentar igualar plataforma por plataforma al Ejército Popular de Liberación, Taipéi está desarrollando capacidades relativamente económicas que puedan desplegarse en grandes cantidades.

El Ministerio de Defensa había establecido anteriormente planes para incorporar más de 5.000 drones militares de al menos 13 tipos diferentes antes de 2028, incluyendo sistemas de reconocimiento y combate.

La lógica es similar a la observada en Ucrania: un sistema relativamente barato puede obligar al adversario a utilizar armamento mucho más costoso para destruirlo o defenderse de él.

La Guardia Costera también se prepara para combatir

Otro elemento especialmente significativo es la incorporación de la Guardia Costera taiwanesa a las operaciones militares.

Durante el ejercicio supervisado por Lai participó un catamarán de la clase Anping, diseñado originalmente para operaciones de la Guardia Costera.

Estas embarcaciones están basadas en los buques rápidos de ataque Tuo Chiang de la Marina taiwanesa y fueron concebidas para poder asumir funciones militares durante una emergencia.

Esto permite a Taiwán ampliar rápidamente el número de embarcaciones disponibles sin mantener permanentemente todos esos barcos bajo estructura naval.

La estrategia también responde a una característica particular de un posible conflicto en el estrecho: antes de una invasión abierta podrían producirse meses o incluso años de presión mediante guardacostas, patrullas marítimas, bloqueos parciales y otras operaciones que se mantienen deliberadamente por debajo del umbral formal de una guerra.

Misiles para convertir la costa en una barrera

La defensa costera constituye otro de los pilares de Han Kuang.

El escenario oficial contempla que una fuerza china consiga atravesar parcialmente el estrecho y se aproxime a Taiwán mediante grupos de desembarco.

Las fuerzas taiwanesas deben entonces combinar ataques navales y aéreos con baterías terrestres para intentar destruir o desorganizar esas unidades antes de que alcancen las playas.

Taiwán lleva años aumentando la fabricación de misiles de precisión, incluidos los Hsiung Feng II, dentro de una estrategia destinada a disponer de numerosas plataformas móviles que puedan sobrevivir a un ataque inicial.

El concepto es fundamental para la defensa de la isla: en vez de concentrar todo el poder militar en unas pocas bases fácilmente identificables, los lanzadores pueden desplazarse y ocultarse hasta recibir una orden de ataque.

También se prepara el Gobierno

Los ejercicios ya no se limitan a soldados y vehículos militares.

Durante las maniobras de esta semana, Lai participó además en una simulación destinada a comprobar qué ocurriría con el Gobierno durante un ataque.

El mandatario fue trasladado utilizando un vehículo blindado hasta un centro de mando junto con altos funcionarios, poniendo a prueba un protocolo destinado a garantizar la continuidad del Estado durante una guerra.

Es una cuestión fundamental.

Una estrategia china podría intentar paralizar las comunicaciones, destruir centros de mando y generar incertidumbre política antes incluso de realizar un desembarco.

Por ello, Taiwán está practicando procedimientos para que las autoridades continúen tomando decisiones aunque algunos edificios gubernamentales o redes de comunicaciones dejen de funcionar.

Simular incluso un Internet parcialmente destruido

Las autoridades taiwanesas también han introducido un elemento que hace apenas unos años tenía mucha menos importancia dentro de los ejercicios militares: la pérdida de comunicaciones digitales.

Durante las maniobras de defensa civil de 2026 se realizarán simulaciones de interrupciones de las redes móviles en diferentes regiones.

El objetivo es comprobar cómo reaccionan gobiernos locales, servicios de emergencia y ciudadanos cuando las comunicaciones convencionales dejan de estar disponibles.

El programa de resiliencia incluye además evacuaciones hacia refugios antiaéreos, control del tráfico y procedimientos de atención de emergencias.

Para Taipéi, la guerra moderna no comenzaría necesariamente con soldados desembarcando en una playa. Podría iniciarse con ataques informáticos, interferencias de comunicaciones, desinformación, bloqueos marítimos y presión económica antes de que ocurra un enfrentamiento militar convencional.

China sigue aumentando la presión alrededor de la isla

Los ejercicios se desarrollan mientras continúa una intensa actividad militar china alrededor de Taiwán.

Pekín considera a la isla parte de su territorio y no ha descartado el uso de la fuerza para conseguir la unificación.

El Gobierno taiwanés rechaza la reclamación de soberanía de Pekín y sostiene que el futuro de la isla solamente puede ser decidido por sus habitantes.

La presión militar china se ha convertido entretanto en una constante.

El Ministerio de Defensa taiwanés informó, por ejemplo, que durante una patrulla de preparación de combate realizada el pasado 8 de julio detectó 22 aeronaves militares chinas, de las cuales 14 cruzaron la línea media del estrecho o su prolongación y operaron junto con buques de la Armada china.

Estas operaciones permiten a Pekín mantener presión permanente sobre Taiwán y, simultáneamente, recopilar información sobre los procedimientos utilizados por sus fuerzas para responder a una crisis.

Una estrategia basada en hacer demasiado costosa una invasión

Taiwán difícilmente podría superar a China mediante una competencia militar convencional.

El Ejército Popular de Liberación posee recursos humanos, industriales y militares muy superiores.

Por eso, la estrategia taiwanesa busca otro objetivo: hacer que cualquier intento de ocupar la isla tenga un costo extraordinariamente elevado y un resultado incierto.

Drones baratos, minas, misiles antibuque móviles, embarcaciones rápidas, sistemas de defensa aérea y unidades dispersas pueden complicar enormemente una operación anfibia.

El problema para China es además geográfico.

Una invasión requeriría trasladar grandes cantidades de tropas, vehículos, combustible y municiones a través de aproximadamente 130 kilómetros de mar en las zonas más estrechas del canal, establecer cabezas de playa y después mantener abastecidas esas fuerzas.

Ese proceso genera numerosos puntos vulnerables para el defensor.

Taiwán se prepara para sobrevivir al primer golpe

Quizá el cambio más importante de Han Kuang 42 sea precisamente ese.

Taiwán ya no está entrenando solamente para evitar un ataque.

También está entrenando para continuar combatiendo después de recibirlo.

Dispersar tropas, proteger infraestructuras, mantener al Gobierno funcionando, sustituir comunicaciones destruidas, integrar organismos civiles y conservar suficientes armas para responder después de una primera oleada de misiles son ahora elementos centrales de su doctrina.

Las maniobras continuarán hasta el 14 de agosto.

Y aunque oficialmente siguen siendo ejercicios militares, representan algo mucho más importante para Taipéi: un ensayo general de cómo mantener viva y operativa a la isla si algún día la tensión permanente con China deja de ser una confrontación política y se convierte en una guerra real.