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Israel y Líbano retomaron esta semana en Roma una nueva ronda de negociaciones mediadas por Estados Unidos, con el objetivo de convertir el frágil alto el fuego en un acuerdo de seguridad más amplio y comenzar una retirada progresiva de las fuerzas israelíes del sur del territorio libanés.

Las reuniones comenzaron el martes 4 de agosto y fueron programadas hasta este jueves 6. Las delegaciones discuten la aplicación del acuerdo marco firmado el 26 de junio, la ampliación de las denominadas “zonas piloto”, el despliegue del Ejército libanés y la resolución de disputas pendientes en la frontera.

¿Qué son las zonas piloto?

La propuesta contempla la creación de áreas delimitadas del sur del Líbano en las que Israel retiraría sus tropas y entregaría el control territorial al Ejército libanés.

Las fuerzas libanesas tendrían la responsabilidad de impedir la presencia de grupos armados ajenos al Estado, retirar infraestructura militar y garantizar que esas zonas no vuelvan a utilizarse para lanzar ataques contra Israel.

Una primera ronda celebrada en julio permitió establecer la estructura y las reglas generales para aplicar el proyecto. Estados Unidos calificó aquellas conversaciones como positivas y aseguró que el mecanismo podría extenderse gradualmente a otras zonas si funciona correctamente.

El Gobierno libanés exige que Israel abandone las áreas que mantiene ocupadas antes de ampliar las conversaciones. Israel sostiene que sus fuerzas permanecerán en el sur mientras Hezbollah conserve armas, combatientes e infraestructura cerca de la frontera.

Hezbollah, el principal obstáculo

Aunque el Gobierno libanés participa directamente en las negociaciones, Hezbollah no forma parte del acuerdo y rechaza entregar sus armas.

La organización respaldada por Irán sostiene que su capacidad militar es necesaria para enfrentar a Israel. Sin embargo, el acuerdo impulsado por Estados Unidos establece que el Ejército libanés debe convertirse en la única fuerza armada con control efectivo sobre el sur del país.

Para Israel, el desarme de Hezbollah constituye una condición indispensable para completar la retirada. Para el Gobierno libanés, el desafío consiste en recuperar la soberanía territorial sin provocar una nueva confrontación interna.

Estados Unidos también ha ofrecido apoyo al Ejército libanés para fortalecer su capacidad y sustituir progresivamente la presencia de grupos armados no estatales.

La violencia vuelve a amenazar el diálogo

Las negociaciones quedaron bajo fuerte presión después de que dos soldados israelíes murieran en una explosión ocurrida durante una operación en el sur del Líbano. La causa del incidente continúa bajo investigación y las autoridades israelíes evitaron posteriormente responsabilizar de manera definitiva a Hezbollah.

Israel respondió con ataques aéreos contra varias localidades del sur libanés. El Ministerio de Salud del Líbano informó de al menos una persona fallecida y varios heridos, mientras la misión de Naciones Unidas registró un fuerte aumento de los proyectiles lanzados durante la jornada.

Los enfrentamientos provocaron una interrupción temporal de las conversaciones en Roma, pero las delegaciones regresaron a la mesa negociadora al día siguiente.

La decisión de continuar dialogando, pese al nuevo episodio de violencia, muestra que ambas partes intentan impedir el colapso total del proceso. También evidencia la fragilidad del acuerdo: cualquier ataque, explosión o acusación puede detener la retirada y devolver la frontera a una escalada militar.

¿Qué busca cada parte?

Líbano pretende recuperar el control completo de su territorio, lograr la salida de las tropas israelíes y evitar que el conflicto destruya nuevamente las comunidades del sur.

Israel exige garantías de que Hezbollah no podrá regresar a las áreas evacuadas ni reconstruir posiciones militares cerca de su frontera.

Estados Unidos intenta establecer un sistema gradual: retirada israelí, despliegue del Ejército libanés, eliminación de grupos armados en las zonas entregadas y ampliación progresiva del modelo.

Los negociadores también estudian mecanismos para resolver disputas fronterizas y avanzar hacia un acuerdo integral de paz y seguridad. Israel y Líbano mantienen relaciones profundamente hostiles y no cuentan con vínculos diplomáticos normales, por lo que las actuales conversaciones representan un cambio significativo en el tratamiento directo del conflicto.

Un acuerdo posible, pero todavía distante

El principal avance consiste en que Israel y el Gobierno libanés ya reconocen una estructura básica para reducir las hostilidades: retiro territorial, control estatal del sur y conversaciones directas bajo mediación estadounidense.

No obstante, siguen sin resolverse los puntos más difíciles. Israel desconfía de la capacidad del Ejército libanés para impedir el regreso de Hezbollah; Beirut rechaza una ocupación israelí prolongada; y Hezbollah mantiene su oposición al desarme.

Las conversaciones de Roma podrían producir nuevos acuerdos técnicos y ampliar las zonas piloto. Sin embargo, el éxito del proceso dependerá de que la calma se mantenga sobre el terreno.

Por ahora, la diplomacia continúa abierta, pero avanza bajo la amenaza constante de una nueva escalada.