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Washington estudia prohibir nuevos dispositivos utilizados para conectar servidores dentro de los centros de datos. La Casa Blanca teme que China pueda emplearlos para robar información, introducir programas maliciosos o interrumpir la infraestructura tecnológica estadounidense.

La Administración de Donald Trump prepara una nueva ofensiva contra la presencia tecnológica china en Estados Unidos, esta vez dirigida a componentes esenciales para el funcionamiento de los centros de datos que entrenan y ejecutan los sistemas de inteligencia artificial.

La Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, conocida como FCC, trabaja en una medida que impediría importar nuevos modelos de transceptores ópticos fabricados en China. Estos pequeños dispositivos permiten convertir señales eléctricas en señales luminosas y trasladar enormes cantidades de información a través de cables de fibra óptica dentro de los centros de datos.

Aunque suelen recibir menos atención que los procesadores de Nvidia o las instalaciones eléctricas necesarias para alimentar los servidores, los transceptores son fundamentales para conectar miles de chips y convertirlos en una sola infraestructura de cómputo capaz de entrenar modelos avanzados de inteligencia artificial.

Sin estas conexiones de alta velocidad, los procesadores no pueden intercambiar información con suficiente rapidez y una acumulación de chips extremadamente costosos pierde buena parte de su capacidad práctica. La expansión de la IA depende, por tanto, tanto de los procesadores como de las redes ópticas que los mantienen comunicados.

El veto todavía no ha sido aprobado

La posible prohibición no es todavía una decisión definitiva.

La FCC podría modificarla, reducir su alcance o archivarla antes de su publicación. Las autoridades estadounidenses, sin embargo, esperan terminar la medida durante 2026 y aplicarla a los nuevos modelos que pretendan ingresar al mercado del país.

La restricción no implicaría necesariamente retirar de inmediato todos los transceptores chinos que ya funcionan dentro de instalaciones estadounidenses. El objetivo inicial sería impedir que nuevos equipos continúen incorporándose a una infraestructura que Washington considera cada vez más estratégica para la seguridad nacional.

La Administración Trump quiere actuar antes de que la dependencia alcance un nivel difícil y costoso de revertir. Funcionarios estadounidenses recuerdan el caso de Huawei, cuyos equipos de telecomunicaciones quedaron profundamente integrados en diferentes redes antes de que Washington comenzara a imponer restricciones. Su sustitución ha resultado lenta, incompleta y costosa.

Washington teme espionaje y sabotaje

Las autoridades estadounidenses sostienen que un dispositivo chino integrado en la red interna de un centro de datos podría convertirse en una vía para extraer información, introducir programas maliciosos o interrumpir el funcionamiento de instalaciones críticas.

Hasta el momento, el Gobierno estadounidense no ha presentado públicamente pruebas de que los transceptores señalados hayan sido utilizados para realizar esas acciones. La prohibición se está planteando como una medida preventiva basada en el riesgo potencial que Washington atribuye a la dependencia de proveedores chinos.

Los centros de datos almacenan los procesadores que entrenan y ejecutan modelos de inteligencia artificial, además de servicios financieros, sistemas gubernamentales, plataformas digitales y grandes cantidades de información empresarial. Una interrupción coordinada podría afectar servicios utilizados por millones de personas.

La FCC ya utiliza una denominada “Lista Cubierta” para limitar equipos y servicios que las autoridades estadounidenses consideran un riesgo inaceptable para la seguridad nacional. En los últimos meses, Washington también ha ampliado sus restricciones sobre routers, drones, robots, inversores eléctricos y otros productos relacionados con empresas chinas.

Una empresa china domina el mercado

La medida afectaría principalmente a Zhongji Innolight, uno de los mayores fabricantes mundiales de transceptores ópticos para centros de datos.

La empresa controla aproximadamente el 27 % del mercado mundial de estos componentes y obtiene cerca del 90 % de sus ingresos fuera de China. En junio fue incorporada a una lista del Pentágono que identifica compañías que presuntamente mantienen vínculos con el sector militar chino. Innolight no respondió a las solicitudes de comentarios sobre la posible prohibición.

El dominio chino es todavía mayor al considerar al conjunto de fabricantes del país. Las empresas chinas representaron más de la mitad de los transceptores ópticos despachados mundialmente durante el último año, lo que concede a Pekín una posición estratégica dentro de la cadena de suministro de la inteligencia artificial.

La situación refleja una contradicción para Estados Unidos: sus empresas dominan buena parte de los modelos avanzados, los procesadores especializados y los servicios comerciales de IA, pero dependen de fabricantes extranjeros para obtener múltiples componentes necesarios para construir la infraestructura.

La seguridad podría encarecer la IA estadounidense

La prohibición también podría perjudicar a las propias compañías tecnológicas estadounidenses.

Proveedores de servicios en la nube como Amazon Web Services tendrían que sustituir parte de sus suministros y recurrir a fabricantes estadounidenses o europeos. Entre las posibles alternativas figuran Coherent, Lumentum, Applied Optoelectronics y Nokia.

El problema es que esas empresas no poseen actualmente la misma capacidad de producción que los proveedores chinos. Para algunos tipos de transceptores, la demanda ya supera la oferta disponible hasta en un 60 %, en momentos en que las grandes compañías tecnológicas intentan construir centros de datos cada vez mayores.

Un cambio acelerado de proveedores podría elevar los precios, retrasar proyectos y aumentar el costo de desarrollar modelos de inteligencia artificial en Estados Unidos. La Casa Blanca tendría que escoger entre permitir una construcción más rápida apoyada en componentes chinos o aceptar mayores costos para reducir los riesgos de seguridad.

Las acciones de varios fabricantes estadounidenses reaccionaron con fuerza al conocerse la preparación del veto. Applied Optoelectronics subió alrededor de un 18 %, Coherent avanzó un 11 % y Lumentum ganó aproximadamente un 7 %, ante la expectativa de que una restricción abra oportunidades para los proveedores nacionales.

China advierte que responderá

La Embajada de China en Washington rechazó las acusaciones contra las empresas de su país y pidió a Estados Unidos escuchar a los sectores empresariales de ambas naciones.

Pekín acusó a Washington de desprestigiar a las compañías chinas y amenazarlas mediante sanciones. También advirtió que adoptará las medidas necesarias si una nueva prohibición causa daños materiales a sus intereses.

China podría responder aplicando restricciones propias a compañías estadounidenses o utilizando su posición dominante en otras partes de la cadena tecnológica. Pekín mantiene una influencia considerable sobre el procesamiento de minerales críticos y la fabricación de componentes necesarios para producir equipos electrónicos.

Esa capacidad de respuesta ya obligó anteriormente a la Administración Trump a moderar algunas restricciones después de que China limitara las exportaciones de tierras raras. El Departamento de Comercio había archivado otra propuesta contra equipos chinos para centros de datos durante un periodo de distensión comercial, pero la FCC retomó ahora la iniciativa mediante una ruta regulatoria diferente.

La nueva frontera de la guerra tecnológica

La disputa entre Estados Unidos y China ya no se concentra únicamente en quién fabrica los mejores procesadores o desarrolla el modelo de inteligencia artificial más avanzado.

La competencia se extiende a cada componente que permite construir un centro de datos: sistemas de refrigeración, transformadores eléctricos, inversores, cables, robots, routers y conexiones ópticas.

Washington busca impedir que China controle piezas consideradas secundarias que, al combinarse, podrían darle capacidad para condicionar la expansión tecnológica estadounidense. Pekín, por su parte, intenta reducir su dependencia de procesadores y programas procedentes de Estados Unidos.

El posible veto a los transceptores ópticos demuestra que la infraestructura de la inteligencia artificial se está convirtiendo en un asunto de seguridad nacional. Estados Unidos pretende protegerla, aunque hacerlo pueda ralentizar y encarecer la misma carrera tecnológica que desea ganar.

La decisión final determinará si Trump puede reducir la presencia china en los centros de datos sin provocar nuevos retrasos en la construcción del sistema que sostiene el liderazgo estadounidense en inteligencia artificial.