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España, Suecia, Países Bajos y Polonia piden a la Unión Europea reabrir el debate sobre más de 200.000 millones de euros inmovilizados. Bélgica mantiene sus objeciones jurídicas y financieras.

España se unió a Suecia, Países Bajos y Polonia para solicitar que la Unión Europea estudie nuevas fórmulas que permitan utilizar los activos soberanos rusos congelados en Europa para financiar la defensa y las necesidades económicas de Ucrania.

Los ministros de Exteriores de los cuatro países enviaron una carta a la alta representante de la UE para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, y a la ministra irlandesa Helen McEntee, cuyo país ejerce la presidencia rotatoria del Consejo.

La iniciativa pretende incluir el asunto en la reunión informal de ministros de Exteriores prevista para el 1 y 2 de septiembre en Irlanda. Los firmantes consideran insuficiente el préstamo de 90.000 millones de euros aprobado para cubrir las necesidades ucranianas durante 2026 y 2027.

Más de 200.000 millones permanecen inmovilizados

Los países de la Unión Europea congelaron alrededor de 210.000 millones de euros pertenecientes al Banco Central de Rusia después de la invasión de Ucrania, iniciada en febrero de 2022.

Unos 185.000 millones están depositados en Euroclear, una entidad financiera con sede en Bruselas. Esa concentración coloca a Bélgica en el centro de cualquier posible operación y explica buena parte de su resistencia.

La nueva iniciativa no plantea entregar inmediatamente todo el dinero a Kyiv. Solicita que los especialistas de la Comisión Europea exploren alternativas jurídicas y financieras para aprovechar esos recursos sin vulnerar las normas europeas ni dejar a un solo Estado expuesto a represalias.

España y sus aliados consideran que cualquier riesgo derivado de la medida debe distribuirse entre todos los integrantes de la Unión Europea.

Bélgica teme quedar expuesta a demandas rusas

La Comisión Europea propuso anteriormente conceder a Ucrania un préstamo de hasta 165.000 millones de euros respaldado por los activos rusos. El dinero solamente tendría que devolverse cuando Moscú pagara reparaciones por los daños causados durante la guerra.

Bélgica bloqueó ese mecanismo al considerar insuficientes las garantías ofrecidas. Su Gobierno teme que Euroclear y el propio Estado belga terminen afrontando demandas, indemnizaciones o represalias financieras de Rusia.

Ante la falta de consenso, la UE abandonó esa propuesta y aprobó un préstamo de 90.000 millones respaldado por el presupuesto comunitario.

La posición belga no ha cambiado, por lo que todavía resulta incierto que la nueva ofensiva diplomática pueda producir un acuerdo entre los Veintisiete.

Utilizar los fondos ahora o reservarlos para la reconstrucción

La disputa también enfrenta dos maneras de entender el futuro de los activos congelados.

Un sector de la Unión Europea sostiene que deben permanecer inmovilizados hasta que termine la guerra y Rusia acepte pagar reparaciones. Esta opción preservaría los fondos para la posterior reconstrucción de Ucrania y reduciría los riesgos jurídicos inmediatos.

Los países que promueven la nueva discusión argumentan que el dinero resultaría más útil para sostener actualmente al Estado ucraniano y frenar el avance ruso.

El ministro polaco de Exteriores, Radosław Sikorski, defendió que los recursos deberían contribuir a detener la agresión antes de que sea necesario destinarlos a reparar una destrucción todavía mayor.

Una decisión con impacto sobre los contribuyentes europeos

El debate adquiere mayor importancia por las crecientes necesidades financieras de Ucrania y por la negociación del presupuesto europeo para el periodo 2028-2034.

Si la Unión Europea no encuentra una fórmula para aprovechar los activos rusos, una parte considerable de la ayuda deberá proceder de los presupuestos nacionales o de nueva deuda comunitaria.

La propuesta encabezada por los cuatro países busca reducir esa presión, aunque deberá superar dudas sobre la legalidad de emplear reservas soberanas, la protección de Euroclear y las posibles consecuencias para la confianza internacional en el sistema financiero europeo.

Por ahora, los fondos continúan congelados y Rusia no puede disponer de ellos. La discusión se concentra en determinar si deben seguir inmovilizados, servir como garantía para nuevos préstamos o utilizarse mediante otro mecanismo que todavía deberá diseñar la Comisión Europea.