El presidente argentino participó en la convención que proclamó al hijo de Jair Bolsonaro como candidato presidencial. La disputa contra Lula da Silva se perfila como una batalla decisiva para el equilibrio político de América Latina.
El presidente argentino, Javier Milei, desembarcó en São Paulo para respaldar públicamente la candidatura presidencial del senador Flávio Bolsonaro, proclamado oficialmente por el Partido Liberal para competir en las elecciones brasileñas de octubre de 2026.
La presencia de Milei convirtió la convención partidaria en un acto de alcance regional. El mandatario argentino llamó a unificar a las fuerzas conservadoras latinoamericanas y presentó la elección brasileña como una nueva confrontación entre el liberalismo económico y los movimientos de izquierda representados por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
El respaldo no constituye un acercamiento improvisado. Milei recibió a Flávio Bolsonaro en Buenos Aires el pasado 29 de junio, cuando la Presidencia argentina ya lo presentó oficialmente como candidato a la Presidencia de Brasil. Ambos sectores mantienen vínculos políticos desde la investidura del mandatario argentino en diciembre de 2023.
Flávio hereda el movimiento político de su padre
Flávio Bolsonaro intenta presentarse como el heredero electoral de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro, apartado de la competencia política y sometido a restricciones judiciales. Su candidatura busca mantener unido al electorado bolsonarista y evitar que otros dirigentes de derecha ocupen el espacio dejado por el exmandatario.
La nominación del senador fue acompañada por un mensaje del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, mientras que Milei acudió personalmente al evento. Estos respaldos permiten a Flávio proyectarse como parte de una alianza conservadora internacional, aunque todavía necesita atraer a partidos de centroderecha y definir a su compañero de fórmula.
Su campaña también enfrenta divisiones internas. La ausencia de Michelle Bolsonaro en la convención evidenció las tensiones dentro del propio movimiento, mientras algunos sectores conservadores continúan evaluando alternativas con mayor capacidad para conquistar al electorado moderado.
Lula conserva la ventaja
Pese al apoyo internacional recibido por Flávio Bolsonaro, Lula da Silva continúa liderando las encuestas. Un estudio de Datafolha publicado antes de la convención proyectó que el actual presidente obtendría un 48 % frente al 43 % del senador en una eventual segunda vuelta.
La diferencia, sin embargo, mantiene abierta la competencia. El bolsonarismo conserva una base electoral sólida y espera que el respaldo de figuras como Milei ayude a movilizar a votantes preocupados por la inseguridad, la economía y la continuidad del Partido de los Trabajadores en el poder.
La estrategia de Flávio combina el discurso económico liberal con propuestas de endurecimiento de las políticas de seguridad. El senador pretende conquistar a los electores independientes mediante una plataforma de combate frontal contra el crimen, uno de los principales asuntos de preocupación para la población brasileña.
Milei construye un bloque regional
Durante su visita, Milei también se reunió con el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, uno de los dirigentes más influyentes de la derecha brasileña. El presidente argentino recibió la Orden de Ipiranga, la máxima distinción concedida por el estado paulista.
La participación de Milei en una convención electoral extranjera confirma su intención de convertirse en articulador de una red política conservadora latinoamericana. Después de consolidar relaciones con los movimientos vinculados a Bolsonaro, el mandatario argentino busca que su modelo económico y su discurso contra el socialismo funcionen como referencia para otras campañas regionales.
Brasil representa el desafío más importante de esa estrategia. Por su peso económico, demográfico y diplomático, una victoria de Flávio Bolsonaro modificaría el equilibrio de poder en América Latina y proporcionaría a Milei un aliado decisivo dentro del Mercosur.
La elección del próximo octubre no determinará únicamente quién gobernará Brasil. También medirá hasta dónde puede avanzar la reorganización de la derecha regional y si el apellido Bolsonaro conserva la fuerza necesaria para regresar al Palacio de Planalto.