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La mayor economía de América Latina afrontará los comicios presidenciales de octubre de 2026 con una actividad económica resistente, pero limitada por las altas tasas de interés, el aumento del gasto obligatorio y las dudas sobre la sostenibilidad de la deuda.

Brasil se aproxima a las elecciones presidenciales de octubre con una economía que continúa creciendo, aunque a un ritmo insuficiente para disipar las preocupaciones sobre la inflación, la inversión y el deterioro de las finanzas públicas.

Las proyecciones disponibles sitúan el crecimiento del producto interno bruto brasileño entre el 1,6 % y el 1,9 % durante 2026. El consumo de los hogares y las exportaciones continúan ofreciendo cierto impulso, pero las elevadas tasas de interés, la incertidumbre internacional y la desaceleración de la producción agrícola limitan una expansión más vigorosa.

El escenario económico ocupará un lugar central en una campaña marcada por la disputa entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien encabeza actualmente las encuestas, y una oposición que busca convertir el déficit público, la deuda y el costo de vida en los principales puntos débiles del Gobierno.

Una economía que crece, pero pierde impulso

La economía brasileña demostró una capacidad de resistencia mayor a la esperada durante los últimos años. El empleo, los salarios reales, el consumo y las exportaciones ayudaron a sostener la actividad incluso durante períodos de política monetaria restrictiva.

Sin embargo, el crecimiento comenzó a perder fuerza durante la segunda mitad de 2025. La inversión disminuyó bajo el peso de los elevados costos de financiamiento y el país inició 2026 con una recuperación moderada, apoyada principalmente en el consumo interno, la minería y las exportaciones de materias primas.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos proyecta un crecimiento del 1,6 % para 2026 y una recuperación al 2,1 % en 2027. Un sondeo entre economistas privados ofrece una estimación ligeramente más optimista, del 1,9 % este año, pero anticipa una desaceleración al 1,8 % durante el próximo.

Las diferencias entre las previsiones reflejan el elevado nivel de incertidumbre. Brasil puede beneficiarse de la demanda china, de sus exportaciones energéticas y de su importante producción agrícola, pero también enfrenta riesgos derivados de los precios internacionales del petróleo, los fertilizantes, los conflictos geopolíticos y el fenómeno de El Niño.

Las temperaturas más elevadas y los cambios en las lluvias podrían reducir el rendimiento de algunos cultivos. Determinadas estimaciones privadas ya han reducido a la mitad su previsión de crecimiento para el sector primario brasileño durante 2026.

La inflación vuelve a complicar los recortes de tasas

La inflación había comenzado a disminuir a principios de 2026, pero el encarecimiento de los combustibles, el transporte y los alimentos volvió a ejercer presión sobre los precios.

Las previsiones actuales sitúan la inflación promedio de 2026 entre el 4,4 % y el 4,7 %, por encima del objetivo central del 3 % establecido por las autoridades monetarias brasileñas. Para 2027 se espera una reducción gradual, aunque todavía existirían dificultades para lograr una convergencia completa hacia la meta.

Este comportamiento limita la capacidad del Banco Central para reducir rápidamente la tasa Selic. Aunque la institución comenzó a flexibilizar su política monetaria durante el primer semestre, el costo del dinero continúa siendo uno de los más elevados entre las principales economías del mundo.

Las tasas altas ayudan a contener la inflación y a evitar una depreciación excesiva del real, pero también encarecen las hipotecas, los créditos de consumo y el financiamiento empresarial.

Para las pequeñas y medianas empresas, el costo del crédito reduce la posibilidad de ampliar instalaciones, contratar trabajadores o adquirir maquinaria. Para los hogares, significa cuotas más elevadas y una menor capacidad de compra.

La economía brasileña queda así atrapada entre dos objetivos difíciles de conciliar: reducir la inflación sin frenar demasiado el crecimiento.

El déficit público será uno de los grandes debates electorales

El problema más profundo se encuentra en las cuentas públicas.

Brasil mantiene un elevado gasto obligatorio en pensiones, salarios, transferencias y programas establecidos por ley. Más del 90 % del presupuesto está comprometido previamente, lo que reduce considerablemente el margen del Gobierno para realizar recortes sin impulsar reformas políticamente costosas.

El marco fiscal aprobado durante la administración de Lula busca limitar el crecimiento del gasto y producir pequeños superávits primarios durante los próximos años. Sin embargo, las metas dependen de nuevos ingresos, de la evolución de la economía y de la aprobación de medidas adicionales.

Los analistas consideran que el próximo Gobierno, independientemente de quién gane las elecciones, deberá decidir entre aumentar impuestos, reducir gastos obligatorios o modificar las reglas fiscales.

La alternativa más probable parece ser una nueva movilización de ingresos tributarios. Los recortes amplios de gasto enfrentan resistencia política y social, mientras que las privatizaciones no aparecen como una fuente inmediata de recursos.

Esta estrategia puede ayudar a cumplir temporalmente las metas presupuestarias, pero aumenta las críticas de empresarios y contribuyentes que consideran que el sistema tributario brasileño ya es demasiado complejo y costoso.

El gasto social fortalece el consumo, pero aumenta las dudas

El Gobierno ha defendido su política económica señalando que el aumento de los ingresos disponibles, la protección social y el fortalecimiento del mercado laboral sostienen el consumo y reducen la desigualdad.

La ampliación de las exenciones del impuesto sobre la renta para trabajadores de ingresos bajos y medios representa uno de los principales componentes de esta estrategia. La medida deja más dinero en manos de millones de familias y puede impulsar las ventas, los servicios y la actividad económica antes de las elecciones.

Sin embargo, sus críticos advierten que estimular el consumo mediante beneficios fiscales o mayor gasto puede resultar contraproducente cuando la inflación todavía se encuentra por encima de la meta.

También existe el riesgo de que los ingresos adicionales no compensen completamente el costo de las exenciones, aumentando la necesidad de endeudamiento o de nuevos impuestos sobre otros sectores.

El debate no se limita a cuánto debe gastar Brasil, sino a cómo financiar ese gasto y cuáles programas producen los mejores resultados sociales y económicos.

Lula llega como favorito, pero la economía será decisiva

Lula encabeza las encuestas para las elecciones de octubre. Un sondeo realizado a finales de junio le otorgó un 46,3 % en una simulación de primera vuelta, frente al 36,6 % del senador Flávio Bolsonaro. En una eventual segunda vuelta, Lula obtendría un 48,8 % y su adversario un 42,3 %.

La ventaja, sin embargo, no garantiza un resultado definitivo. El comportamiento de los precios durante los próximos meses puede modificar la percepción de los votantes.

La reducción del desempleo y el aumento de los salarios benefician al oficialismo. En contraste, el encarecimiento de los alimentos, los combustibles o la electricidad puede debilitar rápidamente la aprobación del Gobierno.

La oposición intentará presentar la elección como una decisión entre continuidad del gasto y disciplina fiscal. Lula, por su parte, buscará destacar la estabilidad del empleo, el crecimiento del ingreso y la protección de los sectores populares.

El desafío comenzará después de las elecciones

Quien gane la Presidencia recibirá una economía con fortalezas importantes: un mercado interno de más de 200 millones de personas, abundantes recursos naturales, un sistema financiero sólido, reservas internacionales y una matriz energética relativamente diversificada.

Pero también heredará una deuda elevada, un presupuesto rígido, baja productividad, tasas de interés altas y una creciente necesidad de inversión en infraestructura.

El Fondo Monetario Internacional considera que Brasil conserva una notable capacidad de resistencia, pero ha advertido que será necesario reducir las rigideces del gasto, mejorar la eficiencia de los programas públicos y reforzar la sostenibilidad de la deuda.

La campaña electoral puede concentrarse en promesas de ingresos, empleo y protección social. Sin embargo, después de octubre llegará el momento de decidir cómo equilibrar esas promesas con las limitaciones presupuestarias.

La elección brasileña no determinará únicamente quién administrará la mayor economía latinoamericana. También definirá qué modelo utilizará Brasil para intentar crecer sin alimentar nuevamente la inflación ni comprometer la estabilidad de sus finanzas públicas.

Meta Título: Brasil llega a las elecciones con presión fiscal e inflación

Meta Descripción: Brasil afrontará las elecciones presidenciales de 2026 con crecimiento moderado, inflación persistente, tasas elevadas y presión creciente sobre las cuentas públicas.

Etiquetas: Brasil, elecciones de Brasil 2026, Lula da Silva, economía brasileña, inflación, déficit público, deuda pública, tasa Selic, América Latina, Flávio Bolsonaro