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La recuperación económica argentina comienza a mostrar señales de pérdida de impulso. Después de varios meses en los que el gobierno de Javier Milei presentó la estabilización macroeconómica como prueba del éxito de su programa, los nuevos datos de actividad revelan una economía menos homogénea, con sectores ganadores muy claros y otros todavía atrapados entre caída del consumo, apertura importadora, costos financieros y menor dinamismo industrial.

El dato central es el Estimador Mensual de Actividad Económica de abril. Según Reuters, la actividad creció 1,6% interanual, por debajo del 2,2% esperado por analistas, y marcó una desaceleración frente al fuerte avance registrado en marzo. El resultado confirma que el rebote argentino existe, pero no necesariamente se está transformando todavía en una recuperación amplia para todos los sectores productivos.

La señal es políticamente relevante porque el programa económico de Milei se sostiene sobre una promesa doble: ordenar las cuentas públicas y, después del ajuste, abrir paso a una etapa de crecimiento. El problema es que el crecimiento que aparece en las estadísticas sigue concentrado en áreas específicas, mientras la economía real de empleo urbano —industria, comercio, construcción y consumo— avanza con más dificultad.

Una recuperación apoyada en agro, minería y energía

El desempeño de abril volvió a mostrar una economía de dos velocidades. De acuerdo con el reporte de Reuters, los sectores que más empujaron el crecimiento fueron agricultura, ganadería, silvicultura y minería, mientras que varias ramas compensaron parcialmente ese avance con caídas, entre ellos pesca, manufactura y comercio mayorista y minorista.

Ese patrón no es nuevo. En marzo, el INDEC había informado que el EMAE creció 5,5% interanual y 3,5% frente a febrero en la medición desestacionalizada, impulsado especialmente por pesca y agricultura, ganadería, caza y silvicultura. La comparación entre marzo y abril muestra que el repunte argentino todavía depende mucho de sectores primarios o vinculados a exportaciones, más que de una reactivación masiva del mercado interno.

La diferencia importa porque no todos los sectores tienen el mismo impacto social. El agro, la minería y la energía pueden mejorar exportaciones, ingreso de divisas e inversión, pero generan menos empleo urbano directo que la industria, la construcción y el comercio. Por eso, aunque los datos agregados muestren crecimiento, muchas familias y pequeñas empresas pueden seguir percibiendo una economía ajustada.

El consumo sigue siendo el punto débil

Uno de los principales desafíos para el gobierno argentino es convertir la estabilidad macroeconómica en recuperación del poder adquisitivo. La desaceleración de la inflación ha sido uno de los activos políticos de Milei, pero el consumo privado no se recompone de manera automática después de una fuerte caída de ingresos reales, recortes de gasto público y encarecimiento de servicios.

Reuters reportó que el PIB argentino creció 2,3% interanual en el primer trimestre de 2026, por encima de lo esperado por analistas, aunque todavía muy por debajo del salto de 6,1% registrado en el primer trimestre de 2025. En el mismo reporte, analistas señalaron que los sectores exportadores siguen siendo el principal motor, mientras el consumo privado permanece débil, con expectativas de una recuperación moderada si la inflación sigue bajando.

Ese es el núcleo político del problema. Milei puede exhibir orden fiscal, mejora en expectativas de inversión y respaldo del FMI, pero necesita que esa narrativa llegue al bolsillo. Sin consumo, la recuperación queda limitada a sectores con capacidad exportadora o financiera, mientras el ciudadano común continúa midiendo la economía por empleo, precios, salario y actividad comercial.

Industria y comercio bajo presión

La industria es uno de los puntos más delicados del nuevo modelo. La apertura comercial, la apreciación cambiaria y el abaratamiento relativo de importaciones han aumentado la competencia para fabricantes locales. El caso de autopartes refleja esa tensión: Reuters reportó que el sector enfrenta caída de producción, pérdida de empleos y presión de importaciones, especialmente desde China, mientras algunas empresas locales ven reducidas sus ventas.

Para el gobierno, esa presión forma parte de un proceso de normalización: menos proteccionismo, más competencia y una economía obligada a ganar productividad. Para los sectores afectados, en cambio, el ajuste puede traducirse en cierres, reducción de plantillas y pérdida de capacidad industrial. La disputa de fondo no es solo económica, sino política: qué sectores deben liderar la Argentina de Milei y cuáles pagarán el costo de la transición.

El riesgo para la Casa Rosada es que la recuperación quede asociada a minería, agro, energía y finanzas, mientras la industria y el comercio urbano continúan rezagados. Esa brecha puede convertirse en una vulnerabilidad electoral si el crecimiento no se traduce en mejora visible del empleo y del consumo.

El FMI respalda, pero advierte vulnerabilidades

El frente externo también condiciona la velocidad de la recuperación. En mayo, el FMI aprobó un desembolso de 1.000 millones de dólares para Argentina dentro de su programa de 20.000 millones, reconociendo avances en reformas fiscales, comerciales y laborales, aunque también señaló problemas en acumulación de reservas y vulnerabilidades persistentes.

Días después, el Fondo expresó confianza en que Argentina seguirá cumpliendo con sus pagos, aunque un informe técnico había señalado “riesgos excepcionales” vinculados al bajo nivel de reservas líquidas y a vencimientos importantes hacia 2027.

Esto significa que el programa económico argentino no depende únicamente del ajuste interno. También necesita reconstruir reservas, sostener acceso a financiamiento, mantener confianza de los mercados y evitar que la política vuelva a generar volatilidad cambiaria. En una economía históricamente sensible al dólar, esa condición es decisiva.

Milei ante la prueba del segundo tiempo económico

El primer tiempo del plan Milei estuvo marcado por el ajuste fiscal, la baja de inflación y el intento de estabilizar expectativas. El segundo tiempo será más complejo: demostrar que la estabilidad puede transformarse en crecimiento sostenido, empleo y mejora del ingreso.

La desaceleración de abril no implica por sí sola un fracaso del programa, pero sí muestra sus límites actuales. Argentina crece, pero no de manera pareja. Los sectores vinculados al mundo exportador parecen mejor posicionados, mientras la economía de consumo interno todavía avanza con dificultad.

Para Milei, el desafío ya no es solo convencer a los mercados. También necesita convencer a la sociedad argentina de que el sacrificio inicial tendrá una recompensa concreta. Si la recuperación sigue concentrada en pocos sectores, el gobierno podrá mostrar números positivos, pero enfrentará una pregunta cada vez más incómoda: crecimiento sí, pero ¿para quién?