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Rabat relaciona la entrada masiva con una sentencia del Tribunal Supremo español, mientras Madrid niega haber recibido alertas sobre la magnitud de la crisis

La crisis migratoria registrada en Ceuta ha abierto un nuevo frente diplomático entre España y Marruecos. El Gobierno marroquí asegura que había advertido a las autoridades españolas, días antes de la llegada masiva, sobre las consecuencias que podría provocar una reciente decisión del Tribunal Supremo relacionada con las devoluciones inmediatas de quienes ingresan a territorio español por vía marítima.

Según la posición comunicada por Rabat, la resolución judicial habría debilitado uno de los mecanismos utilizados para desincentivar los cruces irregulares y habría generado un escenario aprovechado por redes de tráfico de personas y campañas de desinformación difundidas mediante redes sociales. Marruecos rechaza, sin embargo, haber reducido deliberadamente sus controles fronterizos o utilizado el flujo migratorio como instrumento de presión política contra España.

El Gobierno español ofrece una versión distinta. El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, afirmó que ni el Centro Nacional de Inteligencia ni otros organismos nacionales o extranjeros proporcionaron una advertencia concreta sobre una entrada de semejante magnitud. Madrid reconoce que existían alertas generales sobre un posible aumento de la presión migratoria durante el verano, pero sostiene que nadie anticipó una movilización de decenas de miles de personas.

Las cifras reflejan la dimensión extraordinaria de la emergencia. El Ministerio del Interior español calcula que aproximadamente 72.000 personas consiguieron ingresar a Ceuta desde Marruecos y que unas 70.000 ya regresaron al país norteafricano. Las autoridades mantienen controles reforzados para localizar, identificar y atender a quienes todavía permanecen en la ciudad autónoma.

La tragedia también dejó una elevada cifra de víctimas. El Gobierno central español ha confirmado al menos 75 fallecidos, mientras que el Ejecutivo de Ceuta elevó provisionalmente el balance a 88. Marruecos, por su parte, informó sobre otros once cuerpos recuperados en sus costas. La diferencia entre los registros evidencia que las labores de identificación y contabilización todavía no han concluido.

Aunque la mayoría de los migrantes retornó a Marruecos, miles continúan en Ceuta, algunos alojados en centros temporales y otros dependiendo de la asistencia humanitaria. Uno de los problemas más complejos es la presencia de menores no acompañados, cuya identificación y eventual traslado a otras comunidades españolas requerirá coordinación entre el Gobierno central y las administraciones regionales.

Madrid anunció una partida extraordinaria de 25 millones de euros para atender a los menores llegados durante la crisis. Sin embargo, el posible reparto entre las comunidades autónomas ya provocó una confrontación política, especialmente con gobiernos regionales controlados por el Partido Popular y Vox, que responsabilizan al Ejecutivo nacional por la falta de previsión.

La Unión Europea respaldó la respuesta inmediata de España durante una reunión extraordinaria de ministros del Interior. Los países miembros acordaron fortalecer los sistemas de alerta temprana, mejorar el intercambio de inteligencia y prestar mayor atención a la actividad de redes criminales y campañas digitales que puedan promover entradas masivas. Bruselas también sostuvo que la integridad del espacio Schengen no estuvo comprometida, debido al régimen fronterizo especial de Ceuta.

Más allá de la emergencia humanitaria, el episodio vuelve a demostrar la fragilidad de la relación entre Madrid y Rabat. España depende ampliamente de la cooperación marroquí para controlar su frontera africana, mientras Marruecos conserva una poderosa capacidad de influencia sobre los flujos migratorios hacia Ceuta, Melilla y las costas peninsulares.

La crisis deja así dos interrogantes todavía abiertos: si España recibió información suficiente para anticipar la avalancha y hasta qué punto Marruecos pudo contenerla. Las respuestas determinarán si lo ocurrido fue únicamente una movilización alimentada por redes criminales y desinformación o la consecuencia de una falla política y diplomática mucho más profunda.