El nuevo Gobierno peruano considera a Washington un “socio estratégico”, prepara su incorporación al Escudo de las Américas y busca ampliar la cooperación contra el crimen organizado. Sin embargo, los nuevos aranceles estadounidenses y la fuerte presencia económica de China obligarán a Lima a mantener un delicado equilibrio entre las dos potencias.
PERÚ. La llegada de Keiko Fujimori a la Presidencia comienza a modificar el posicionamiento internacional de Perú. Apenas unos días después de asumir el poder, su Gobierno anunció que profundizará las relaciones con Estados Unidos, al que considera un socio estratégico para la seguridad, el comercio y la lucha contra las organizaciones criminales transnacionales.
El nuevo canciller peruano, Carlos Espá, confirmó que Lima pretende fortalecer su cooperación con Washington y avanzar en la incorporación del país al denominado Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por la administración de Donald Trump para combatir el narcotráfico, la minería ilegal, el tráfico de personas y otras redes criminales que operan en varios países del continente.
El acercamiento representa uno de los primeros cambios visibles del nuevo Gobierno conservador. Fujimori ha señalado que existe un espacio considerable para ampliar la colaboración con Estados Unidos, especialmente en materia de seguridad, inversiones, minerales estratégicos e infraestructura.
La nueva orientación también responde al avance económico y político de China en Perú. Washington considera al país andino una pieza estratégica por su posición en el Pacífico, sus grandes reservas minerales y su importancia como productor de cobre. Perú es actualmente el tercer mayor productor mundial de ese metal, esencial para las redes eléctricas, los vehículos eléctricos y numerosas tecnologías digitales.
Un canciller estrechamente vinculado con Estados Unidos
El nombramiento de Carlos Espá como ministro de Relaciones Exteriores ofrece una señal clara sobre la dirección que pretende seguir el Gobierno.
Espá trabajó durante aproximadamente 15 años en la Embajada de Estados Unidos en Lima, donde ocupó el cargo de director de comunicaciones en el área de prensa y cultura entre 2008 y 2023. Su trayectoria ha generado expectativas de una política exterior mucho más cercana a Washington que la mantenida por las administraciones peruanas anteriores.
La relación comenzó a fortalecerse incluso antes de la toma de posesión. Christopher Landau, vicesecretario de Estado estadounidense, viajó a Lima en representación del presidente Donald Trump para participar en la ceremonia de transmisión de mando y reunirse con Fujimori.
El embajador estadounidense en Perú, Bernie Navarro, calificó esta nueva etapa como un “nuevo amanecer” para las relaciones bilaterales. También adelantó que podría estudiarse una visita oficial de Fujimori a la Casa Blanca durante los próximos meses.
El mensaje es evidente: Estados Unidos busca recuperar influencia en uno de los países latinoamericanos donde China ha construido una presencia económica particularmente importante.
El Escudo de las Américas
Uno de los principales proyectos anunciados por Fujimori es la incorporación de Perú al Escudo de las Américas.
La iniciativa estadounidense pretende aumentar la coordinación regional contra las organizaciones criminales transnacionales. Para Perú, esto podría traducirse en mayor intercambio de inteligencia, cooperación policial, tecnología de vigilancia fronteriza, capacitación especializada y apoyo contra el narcotráfico y la minería ilegal.
El Gobierno peruano considera que la criminalidad organizada dejó de ser un problema exclusivamente interno. Las redes vinculadas con la cocaína, el tráfico de armas, la extorsión y la extracción ilegal de minerales operan simultáneamente en varios países, por lo que requieren respuestas coordinadas.
Sin embargo, algunos especialistas cuestionan el componente geopolítico de la iniciativa. Sus críticos consideran que Estados Unidos podría utilizar la cooperación en seguridad para contener la influencia china en América Latina y alinear políticamente a los gobiernos participantes con Washington.
Para Fujimori, el desafío será demostrar que la alianza ofrece resultados concretos contra la delincuencia sin reducir la autonomía internacional de Perú.
Los aranceles complican el acercamiento
El fortalecimiento de las relaciones políticas ocurre en medio de una importante disputa comercial.
Estados Unidos impuso aranceles de entre el 10 % y el 12,5 % a productos procedentes de distintos socios comerciales, incluido Perú. Washington justificó las medidas señalando supuestas deficiencias en la aplicación de normas destinadas a impedir el trabajo forzado en las cadenas productivas.
Cerca de la mitad de los productos peruanos exportados al mercado estadounidense podrían verse afectados. Durante 2025, las exportaciones de Perú hacia Estados Unidos alcanzaron aproximadamente los 10.150 millones de dólares, según datos gubernamentales citados por Reuters.
El Gobierno de Fujimori presentó ante el Congreso un proyecto de ley destinado a reforzar las medidas contra el trabajo forzado. El canciller Espá espera que su aprobación permita negociar con Washington una revisión de los nuevos aranceles.
La situación coloca a Perú frente a una contradicción: mientras el nuevo Gobierno define a Estados Unidos como un aliado estratégico, Washington adopta medidas que podrían perjudicar a exportadores, productores y trabajadores peruanos.
El éxito del acercamiento dependerá, en buena medida, de la capacidad de Fujimori para obtener concesiones comerciales y demostrar que la nueva alianza produce beneficios económicos, no solamente declaraciones diplomáticas.
China continúa siendo indispensable
El acercamiento a Washington no significa que Perú pueda apartarse fácilmente de China.
Durante las últimas décadas, las empresas chinas han aumentado su participación en los sectores minero, energético, eléctrico y portuario del país. China se ha convertido en un socio fundamental para las exportaciones peruanas y en uno de los principales compradores de cobre y otras materias primas.
La competencia entre Washington y Pekín se ha intensificado por el control de los minerales críticos y las rutas comerciales del Pacífico. Estados Unidos busca evitar que China consolide una posición dominante en infraestructuras estratégicas latinoamericanas, mientras Pekín pretende garantizar el suministro de minerales necesarios para su industria.
Perú ocupa una posición particularmente importante dentro de esa disputa. Posee grandes reservas de cobre, cuenta con puertos orientados hacia Asia y mantiene una economía abierta a las inversiones internacionales.
Por esa razón, un rompimiento con China resultaría económicamente costoso y políticamente improbable. La estrategia de Fujimori parece consistir en fortalecer los vínculos con Estados Unidos sin cerrar los espacios comerciales construidos con Pekín.
Más que abandonar a China, Perú intentará utilizar su valor estratégico para negociar mejores condiciones con ambas potencias.
Un giro conservador en América Latina
La llegada de Fujimori también forma parte de un desplazamiento regional hacia gobiernos conservadores que defienden políticas más estrictas contra el crimen y una mayor cercanía con Estados Unidos.
Durante su investidura estuvieron presentes varios mandatarios identificados con la derecha latinoamericana. Fujimori asumió después de imponerse por un margen muy estrecho al candidato izquierdista Roberto Sánchez, en unas elecciones que evidenciaron la profunda división política y territorial del país.
La nueva presidenta llega al poder después de una década de inestabilidad institucional. Perú ha tenido diez presidentes desde 2016 y ninguno de los mandatarios anteriores consiguió completar normalmente un periodo constitucional de cinco años.
Fujimori intentará presentar su acercamiento a Washington como parte de una estrategia para recuperar estabilidad, atraer inversiones y enfrentar la inseguridad. No obstante, su Gobierno deberá evitar que esta orientación sea interpretada como una subordinación automática a los intereses estadounidenses.
Acercamiento a Washington y reconciliación regional
La nueva política exterior no se limitará a Estados Unidos.
Carlos Espá anunció que Perú también buscará reconstruir sus relaciones con México y Colombia, además de avanzar gradualmente en la normalización de los vínculos con Venezuela.
La relación con México sufrió un prolongado deterioro después de la caída de Pedro Castillo. Las tensiones aumentaron por el asilo concedido a miembros de su entorno y culminaron con la ruptura formal de relaciones diplomáticas en noviembre de 2025.
Pese a esas diferencias, el Gobierno de Fujimori y la administración de Claudia Sheinbaum comenzaron a intercambiar señales de distensión. Espá afirmó que Perú y México no deberían permanecer separados y manifestó su esperanza de que ambas presidentas puedan reunirse.
Este movimiento demuestra que el giro hacia Washington no implicará necesariamente una política exterior basada exclusivamente en divisiones ideológicas. Fujimori parece dispuesta a acercarse a Estados Unidos mientras normaliza relaciones con gobiernos latinoamericanos de izquierda.
Una política exterior pragmática
El nuevo Gobierno intenta presentar su estrategia como una combinación de seguridad, comercio y pragmatismo diplomático.
Estados Unidos será tratado como un aliado prioritario, especialmente en el combate contra el crimen organizado y en la búsqueda de nuevas inversiones. China seguirá siendo indispensable como comprador de materias primas y socio económico. México, Colombia y Venezuela serán parte de un esfuerzo para reparar relaciones regionales deterioradas.
La verdadera prueba llegará cuando los intereses de estos actores entren en conflicto.
Perú deberá decidir cómo manejar las inversiones chinas en infraestructuras estratégicas, qué nivel de participación tendrá dentro de las iniciativas de seguridad estadounidenses y cuánto está dispuesto a modificar sus políticas internas para obtener beneficios comerciales de Washington.
Keiko Fujimori no está retirando a Perú de la relación con China. Está intentando fortalecer la posición peruana frente a ambas potencias.
El giro hacia Estados Unidos es real, pero no será absoluto. En un mundo dividido por la competencia entre Washington y Pekín, Perú buscará convertirse en un socio necesario para los dos sin quedar completamente subordinado a ninguno.