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El Partido Progresistas decidió mantenerse neutral en las elecciones presidenciales de octubre, bloqueando la incorporación de la senadora Tereza Cristina como candidata a la vicepresidencia. La ruptura expone las dificultades del hijo de Jair Bolsonaro para unificar al conservadurismo, mientras Lula conserva la ventaja en las encuestas.

BRASIL. La candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro sufrió un nuevo golpe después de que el Partido Progresistas, una de las principales fuerzas conservadoras de Brasil, anunciara que no respaldará oficialmente a ningún candidato en las elecciones de octubre.

La decisión deja al senador sin uno de los apoyos que necesitaba para ampliar su campaña más allá del núcleo político construido por su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. También complica su intento de convertir a la senadora Tereza Cristina en candidata a la vicepresidencia, debido a que su incorporación requeriría una alianza formal entre Progresistas y el Partido Liberal.

Flávio Bolsonaro había asegurado ante los medios que Tereza Cristina aceptó acompañarlo en la fórmula presidencial. Sin embargo, la negativa de su partido a integrarse en la coalición impediría concretar el acuerdo, especialmente porque el plazo para que la senadora cambie de agrupación política ya terminó.

El episodio demuestra que llevar el apellido Bolsonaro ya no es suficiente para reunir automáticamente a toda la derecha brasileña.

Tereza Cristina podía ampliar la candidatura

La incorporación de Tereza Cristina era considerada estratégica para Flávio Bolsonaro.

La senadora fue ministra de Agricultura durante el Gobierno de Jair Bolsonaro y mantiene fuertes vínculos con los productores rurales y con la poderosa bancada agropecuaria del Congreso. Su presencia en la fórmula habría permitido al candidato reforzar su respaldo en el interior del país y presentarse acompañado por una mujer con experiencia administrativa y reconocimiento propio.

Flávio necesita precisamente ese tipo de figura. Su campaña continúa muy vinculada con el apellido de su padre y todavía no consigue atraer completamente a los sectores conservadores moderados, empresariales y regionales que resultaron fundamentales para la victoria bolsonarista de 2018.

La neutralidad de Progresistas no significa que sus dirigentes apoyarán a Lula. Muchos de sus candidatos y líderes locales probablemente mantendrán posiciones conservadoras. Sin embargo, el partido no pondrá toda su organización, recursos, tiempo de propaganda y estructura territorial al servicio de Flávio Bolsonaro.

En una elección tan disputada, esa diferencia puede resultar decisiva.

Otros partidos también se resisten

Progresistas no es la única agrupación conservadora que evita comprometerse con el hijo del expresidente.

El Partido Republicanos también se resiste a incorporarse formalmente a la campaña, a pesar de que Flávio Bolsonaro consideró a la economista Daniella Marques como otra posible candidata a la vicepresidencia. Ante la falta de acuerdos, el senador podría terminar escogiendo a una figura de su propio Partido Liberal.

Esa alternativa resolvería el problema legal de la candidatura, pero no solucionaría el principal desafío político: ampliar la coalición.

Una fórmula integrada exclusivamente por figuras del Partido Liberal podría satisfacer a la base bolsonarista, aunque ofrecería pocos incentivos a los votantes conservadores que apoyan una agenda económica de derecha, pero rechazan la confrontación permanente y los conflictos que rodean a la familia Bolsonaro.

El candidato tiene hasta el 5 de agosto para anunciar oficialmente quién lo acompañará en la fórmula presidencial.

Flávio intenta heredar el movimiento de su padre

Flávio Bolsonaro lanzó formalmente su candidatura el 25 de julio durante una convención del Partido Liberal en São Paulo.

El acto buscó demostrar que el bolsonarismo conserva influencia internacional. Participó el presidente argentino Javier Milei, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu envió un mensaje en video y también se difundió una intervención elaborada con inteligencia artificial que representaba a Jair Bolsonaro.

Durante su discurso, Flávio prometió reducir impuestos, endurecer las políticas contra el crimen y continuar el legado político de su padre. La estrategia pretende transferir al hijo mayor la base electoral que Jair Bolsonaro construyó alrededor del conservadurismo social, la seguridad pública y el rechazo al Partido de los Trabajadores.

Sin embargo, una candidatura presidencial necesita algo más que una base fiel.

Para derrotar a Lula, Flávio debe atraer a gobernadores, alcaldes, legisladores, empresarios, sectores religiosos, productores rurales y votantes independientes. La ausencia de alianzas importantes limita su capacidad para penetrar en esos espacios.

La derecha brasileña comparte muchas posiciones ideológicas, pero continúa dividida sobre quién debería representarla.

El apellido Bolsonaro ya no garantiza unidad

Las dudas comenzaron desde que Jair Bolsonaro escogió a su hijo como heredero electoral.

Dirigentes conservadores cuestionaron si Flávio posee la experiencia, el liderazgo y la capacidad de negociación necesarias para encabezar una coalición nacional. Incluso dentro del bolsonarismo surgieron divisiones y sectores que preferían una candidatura diferente.

Gobernadores y líderes de centroderecha habían considerado otras alternativas, entre ellas figuras con mayor experiencia ejecutiva y menores niveles de rechazo. La decisión de Jair Bolsonaro de promover a su hijo no eliminó esas ambiciones.

El problema para Flávio es que muchos partidos conservadores pueden preferir concentrarse en las elecciones legislativas y regionales, evitando quedar asociados a una candidatura presidencial que todavía aparece por detrás de Lula.

La neutralidad les permite negociar posteriormente con quien gane, proteger sus intereses en el Congreso y mantener autonomía en cada estado.

Para Bolsonaro, en cambio, significa competir sin una alianza tan amplia como la que necesitaría para superar al presidente.

Lula mantiene la ventaja

Las encuestas colocan a Luiz Inácio Lula da Silva por delante de Flávio Bolsonaro tanto en una primera vuelta como en una posible segunda ronda.

Un sondeo de AtlasIntel y Bloomberg publicado el 29 de julio otorgó a Lula el 49,2 % en una segunda vuelta, frente al 42,9 % de Flávio Bolsonaro. En el escenario de primera vuelta, el presidente alcanzó el 44,9 %, mientras el senador obtuvo el 35,8 %.

Otra encuesta de Datafolha situó a Lula con el 48 % y a Bolsonaro con el 43 % en una eventual segunda vuelta. En la primera ronda, el mandatario obtuvo el 40 % frente al 32 % de su principal adversario.

La ventaja no garantiza una victoria de Lula. La campaña oficial apenas comienza y Brasil continúa profundamente polarizado. Sin embargo, los datos muestran que Flávio Bolsonaro necesita sumar nuevos votantes, no solamente conservar a quienes ya respaldaban a su padre.

La pérdida de Tereza Cristina y la neutralidad de los grandes partidos conservadores dificultan ese objetivo.

La cercanía con Trump también genera costos

La relación de Flávio Bolsonaro con Donald Trump se ha convertido en otro elemento problemático de la campaña.

El senador intenta presentarse como parte de una alianza internacional conservadora junto con líderes como Trump y Milei. Esa conexión fortalece su imagen entre los votantes más ideológicos, pero puede perjudicarlo entre quienes consideran que los intereses de Brasil deben mantenerse por encima de las alianzas personales.

El anuncio estadounidense de nuevos aranceles sobre productos brasileños favoreció el discurso de Lula, quien se presenta como defensor de la soberanía económica del país. Datafolha realizó su encuesta más reciente después del anuncio de un arancel estadounidense del 25 % sobre productos de Brasil.

Analistas consultados por Reuters señalaron que, en el debate sobre los aranceles, la narrativa de Lula parecía imponerse sobre la de Flávio Bolsonaro entre los votantes indecisos.

El candidato conservador enfrenta así una contradicción: necesita el apoyo simbólico del trumpismo para movilizar a su base, pero una relación demasiado estrecha con Washington puede ser utilizada por Lula para acusarlo de anteponer intereses extranjeros a los brasileños.

Una campaña marcada por los problemas familiares y judiciales

Flávio Bolsonaro tampoco puede utilizar plenamente la presencia de su padre durante la campaña.

La justicia le prohibió visitar a Jair Bolsonaro durante 90 días, después de considerar que el senador difundió en redes sociales una carta que habría vulnerado las condiciones del arresto domiciliario del expresidente. La restricción se extenderá hasta después de la primera vuelta, prevista para el 4 de octubre. Una eventual segunda vuelta se celebraría el 25 de octubre.

La campaña también atravesó una disputa pública entre Flávio y su madrastra, Michelle Bolsonaro, aunque ambos intentaron posteriormente mostrar reconciliación. Durante el lanzamiento presidencial, la ex primera dama difundió un mensaje de apoyo dirigido especialmente a las mujeres.

Estos conflictos dificultan la imagen de unidad que el candidato necesita proyectar.

El bolsonarismo continúa siendo uno de los movimientos políticos más fuertes de Brasil, pero se encuentra obligado a reorganizarse sin la presencia directa de su fundador y con varios dirigentes compitiendo por representar su legado.

Lula se beneficia de la división

La fragmentación conservadora ofrece una ventaja evidente al presidente.

Mientras la derecha discute alianzas, candidatura vicepresidencial y liderazgo, Lula puede concentrar su campaña en defender la continuidad de su Gobierno y presentarse como una opción de estabilidad frente a una oposición dividida.

La estrategia del mandatario buscará atraer a los votantes de centro que rechazan al Partido de los Trabajadores, pero temen un nuevo periodo de confrontación política bajo el apellido Bolsonaro.

Sin embargo, Lula tampoco tiene garantizada una reelección cómoda. Su ventaja permanece dentro de un margen que podría reducirse durante la campaña, especialmente si la economía se deteriora, aumenta la inseguridad o la derecha consigue finalmente unificarse.

Por eso, la decisión de Progresistas tiene importancia nacional.

No entrega automáticamente sus votos al presidente, pero impide que Flávio Bolsonaro consolide una gran alianza conservadora cuando faltan pocas semanas para el inicio de la fase decisiva de la campaña.

Una derecha fuerte, pero sin candidato de consenso

Brasil mantiene un electorado conservador amplio, movilizado y con capacidad para disputar la Presidencia. El problema no es la inexistencia de la derecha, sino su falta de unidad alrededor de Flávio Bolsonaro.

El hijo del expresidente conserva el apoyo del Partido Liberal, el respaldo emocional de una parte significativa de la población y una estructura política nacional construida durante años. También cuenta con aliados internacionales y con un discurso capaz de movilizar a millones de electores.

Pero los grandes partidos de centroderecha no parecen convencidos de entregar completamente su futuro político a la familia Bolsonaro.

La neutralidad de Progresistas revela esa distancia. La resistencia de Republicanos la confirma. Las encuestas muestran sus consecuencias.

Flávio Bolsonaro continúa siendo el principal adversario de Lula, pero llega a la campaña electoral sin haber conseguido lo más importante: demostrar que puede representar a toda la derecha brasileña y no únicamente al movimiento político de su padre.