Donald Trump presentó como histórico un acuerdo para retirar gradualmente las fuerzas israelíes y colocar las armas de Hamás bajo control palestino. Sin embargo, Israel exige el desarme completo antes de abandonar territorio, Hamás reclama primero el fin de los ataques y Gaza continúa atrapada entre bombardeos, desconfianza y una reconstrucción paralizada.
La nueva propuesta impulsada por Estados Unidos para poner fin definitivamente a la guerra en Gaza comenzó a tambalearse antes de entrar plenamente en vigor.
El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció que su denominado Consejo de Paz había alcanzado un entendimiento para lograr el desarme de Hamás, retirar progresivamente a las fuerzas israelíes y transferir la administración de Gaza a una nueva autoridad palestina respaldada internacionalmente.
El plan sería aplicado por etapas. A medida que Hamás entregara sus armas, el Ejército israelí debería abandonar gradualmente las zonas que todavía controla. Una fuerza internacional de estabilización, acompañada por una nueva policía palestina, asumiría posteriormente la seguridad del territorio.
Trump calificó el acuerdo como un paso histórico hacia la paz y aseguró que Israel había participado en su elaboración. Sin embargo, las declaraciones posteriores del Gobierno de Benjamín Netanyahu revelaron que las partes mantienen diferencias fundamentales sobre el orden en que deben cumplirse las condiciones.
Israel no quiere retirarse antes del desarme
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, afirmó este martes 4 de agosto que no habrá una retirada de Gaza mientras Hamás no haya sido completamente desarmado.
La posición israelí establece que el grupo palestino debe entregar primero sus armas, desmantelar sus estructuras militares y demostrar que ya no puede reconstruirlas. Solamente después comenzaría el repliegue de las tropas israelíes.
Esta interpretación modifica el carácter gradual presentado inicialmente por Trump. En lugar de un proceso simultáneo —desarme y retirada avanzando paralelamente—, Israel plantea una secuencia en la que Hamás debe cumplir primero y esperar posteriormente la respuesta israelí.
Netanyahu sostiene que abandonar territorio antes de verificar la desaparición de la capacidad militar de Hamás permitiría al grupo reorganizarse, recuperar armas y volver a controlar Gaza.
Para el Gobierno israelí, una simple entrega temporal o almacenamiento de armamento no representa un desarme real. Israel exige garantías de que las armas serán destruidas o retiradas definitivamente, que los túneles serán inutilizados y que ninguna fuerza palestina vinculada con Hamás conservará capacidad ofensiva.
Hamás acepta guardar sus armas, pero rechaza rendirse
Hamás tampoco interpreta el acuerdo de la misma manera que Washington.
El grupo palestino rechaza utilizar la palabra “desarme”, debido a que considera sus armas parte de una resistencia frente a Israel. Sin embargo, ha expresado disposición a colocar el armamento bajo custodia de una administración palestina respaldada por Estados Unidos.
La entrega se produciría solamente después de que Israel detenga sus operaciones militares y retire sus fuerzas conforme a los compromisos asumidos durante el alto el fuego.
Esto significa que Hamás tampoco está dispuesto a cumplir primero. El grupo exige que el fin de los ataques y la retirada israelí comiencen antes de transferir el control de sus armas.
La diferencia puede parecer técnica, pero determina todo el futuro del acuerdo.
Israel exige desarme antes de retirada. Hamás exige retirada y fin de los ataques antes de entregar sus armas. Washington propone que ambos procesos ocurran simultáneamente, pero todavía no existe un mecanismo aceptado por las partes para garantizar que cada paso sea respondido inmediatamente por el otro.
Los ataques continúan mientras se habla de paz
La principal contradicción del proceso diplomático es que las operaciones militares no se han detenido completamente.
Ataques israelíes registrados durante el fin de semana causaron al menos 17 muertes, según informaciones recopiladas por Associated Press. Reuters informó posteriormente que nuevas operaciones elevaron el número de fallecidos a 18 durante otra jornada de violencia.
Israel sostuvo que sus fuerzas respondieron a amenazas y actividades armadas dentro de Gaza. Las autoridades palestinas y los mediadores regionales denunciaron que los ataques debilitan el acuerdo antes de su implementación.
Nikolay Mladenov, alto representante del Consejo de Paz para Gaza, se reunió con Netanyahu y pidió detener los bombardeos para permitir que el proceso de desarme avance.
Mladenov advirtió que resulta difícil convencer a Hamás de transferir sus armas mientras Israel continúa atacando objetivos dentro del territorio. Al mismo tiempo, Israel argumenta que no puede suspender completamente sus operaciones mientras el grupo conserve capacidad militar.
La negociación queda atrapada así en un círculo de desconfianza: cada parte presenta las acciones de la otra como una razón para no cumplir primero.
Egipto, Qatar y Turquía presionan por un alto real
Egipto, Qatar y Turquía, mediadores fundamentales entre Israel y Hamás, han pedido que las partes respeten el alto el fuego y eviten decisiones que puedan destruir la propuesta estadounidense.
Los tres países participaron en la negociación del nuevo marco y deberán desempeñar un papel central en la supervisión de cualquier entrega de armas.
Su función podría consistir en verificar el inventario, almacenamiento y custodia del armamento, además de garantizar que Israel cumpla las etapas de retirada previstas.
Sin embargo, todavía no se ha determinado quién tendría acceso a los depósitos, qué ocurriría con las armas pesadas, quién impediría que fueran recuperadas y qué autoridad castigaría una violación del acuerdo.
Tampoco existe claridad sobre el destino de los dirigentes y combatientes de Hamás. Israel podría exigir su expulsión, captura o procesamiento, mientras el grupo seguramente reclamará garantías de seguridad para participar en la transición.
Una nueva administración palestina
La propuesta estadounidense plantea que Hamás deje de gobernar Gaza y entregue la administración civil a un organismo palestino de carácter tecnocrático.
Esta nueva autoridad asumiría funciones como salud, educación, distribución de ayuda, servicios públicos y reconstrucción. Una fuerza internacional trabajaría con policías palestinos para evitar un vacío de seguridad durante la retirada israelí.
El proyecto pretende separar el gobierno civil de las estructuras armadas de Hamás y preparar eventualmente una administración palestina permanente.
Pero el organismo todavía enfrenta preguntas esenciales.
No está claro cuánto poder real tendría, cómo sería financiado, qué relación mantendría con la Autoridad Palestina y si la población de Gaza lo consideraría legítimo.
También existe el riesgo de que termine dependiendo completamente de Israel, Estados Unidos y los países donantes, sin capacidad propia para gobernar un territorio destruido y políticamente fragmentado.

Gaza no puede esperar indefinidamente
Mientras los gobiernos discuten la secuencia del desarme y la retirada, la población permanece sometida a una emergencia prolongada.
La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios informó el 31 de julio que la inseguridad alimentaria había disminuido respecto de sus peores niveles, pero advirtió que las necesidades continúan siendo elevadas y que la reducción de la cobertura humanitaria podría revertir rápidamente los avances.
La ONU también señala que las operaciones militares, los incidentes de seguridad y las restricciones al movimiento siguen interrumpiendo servicios esenciales y dificultando la recuperación.
La reconstrucción avanza lentamente. Hasta finales de julio se habían retirado unas 630.000 toneladas de escombros, apenas una pequeña parte de los más de 60 millones de toneladas generadas desde el inicio de la guerra.
La magnitud de la destrucción implica que incluso un acuerdo político exitoso necesitará años de inversiones, estabilidad y cooperación internacional para producir una mejora visible.
El problema no es anunciar la paz, sino ejecutarla
Trump presentó el acuerdo como un avance decisivo. No obstante, la experiencia de Gaza demuestra que una declaración diplomática no equivale automáticamente al final del conflicto.
El nuevo plan intenta resolver simultáneamente cuatro problemas: el armamento de Hamás, la presencia militar israelí, el futuro gobierno palestino y la reconstrucción del territorio.
Cada uno podría hacer fracasar por separado todo el proceso.
Si Israel insiste en que Hamás debe entregar completamente sus armas antes de cualquier retirada, el grupo difícilmente aceptará quedar indefenso mientras continúan las operaciones militares.
Si Hamás exige que Israel abandone primero Gaza, Netanyahu difícilmente asumirá el riesgo de retirar sus tropas sin garantías verificables.
La única posibilidad de avanzar consiste en desarrollar un sistema estrictamente sincronizado: entrega progresiva y comprobable de armas, retirada israelí inmediata de las zonas acordadas, suspensión efectiva de ataques y despliegue simultáneo de fuerzas internacionales y policías palestinos.
Pero para que ese mecanismo funcione, ambas partes deben confiar en los mediadores y aceptar que no podrán controlar unilateralmente el resultado.
Gaza se encuentra nuevamente frente a una propuesta capaz de reducir la violencia y abrir el camino hacia la reconstrucción. Sin embargo, mientras los ataques continúen y cada parte espere que la otra cumpla primero, la paz seguirá siendo una promesa anunciada desde el exterior y desmentida diariamente sobre el terreno.