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La mayor economía de América Latina habría crecido menos de un 0,5 % durante el segundo trimestre. Los elevados intereses, la pérdida de impulso del consumo y el enfriamiento de los servicios amenazan con trasladar la economía al centro de la campaña presidencial.

Brasil conocerá este martes el desempeño oficial de su economía durante el segundo trimestre de dos mil veintiséis, en medio de expectativas de una marcada desaceleración y a pocas semanas de unas elecciones presidenciales cada vez más competitivas.

Las proyecciones anticipan que el producto interno bruto habría crecido menos de un cero coma cinco por ciento respecto a los tres meses anteriores. El resultado representaría una pérdida considerable de impulso después de la expansión del uno coma uno por ciento registrada durante el primer trimestre.

La estimación anual se situaría alrededor del uno coma ocho por ciento, una cifra positiva pero insuficiente para mantener el ritmo observado al comienzo del año.

Los datos serán publicados por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística y permitirán medir hasta qué punto los elevados intereses comenzaron a afectar el consumo, el crédito, la inversión y la actividad empresarial.

El Banco Central ya detectó la desaceleración

El principal indicador adelantado de la economía brasileña mostró un crecimiento de solamente un cero coma dos por ciento durante el segundo trimestre.

El índice IBC-Br, elaborado por el Banco Central y considerado una aproximación al comportamiento del producto interno bruto, también registró una contracción mensual del cero coma seis por ciento durante junio.

La industria creció un cero coma cinco por ciento frente al trimestre anterior y la actividad agropecuaria avanzó un cero coma tres por ciento. Sin embargo, el sector servicios, que constituye la columna vertebral de la economía brasileña, disminuyó un cero coma uno por ciento.

La debilidad de los servicios resulta especialmente preocupante porque ese sector concentra buena parte del empleo, el consumo y la actividad de las pequeñas empresas.

Los intereses siguen entre los más altos del mundo

Uno de los principales obstáculos para el crecimiento es la tasa Selic, actualmente situada en el catorce por ciento.

El Banco Central ha realizado cuatro reducciones consecutivas desde marzo, pero los intereses reales —la diferencia entre la tasa oficial y la inflación— continúan entre los más elevados de las grandes economías.

Los altos costos financieros encarecen los créditos para viviendas, vehículos y consumo. También dificultan que las empresas financien nuevas inversiones, amplíen sus instalaciones o contraten trabajadores.

La creación de empleos formales comenzó a reflejar el enfriamiento. Brasil generó cincuenta y ocho mil quinientos sesenta y ocho puestos netos durante julio, aproximadamente la mitad de los ciento doce mil esperados por los economistas.

El Banco Central enfrenta, no obstante, un equilibrio delicado. Una reducción acelerada de los intereses podría reactivar la economía, pero también aumentar las presiones inflacionarias y debilitar la moneda.

La inflación comienza a ceder

Los datos más recientes proporcionaron cierto alivio. La inflación anual se redujo al cuatro coma veinticuatro por ciento durante la primera mitad de agosto, frente al cuatro coma cincuenta y dos por ciento registrado anteriormente.

Los precios disminuyeron un cero coma cuarenta por ciento respecto al mes anterior, la primera caída mensual en un año. El descenso estuvo impulsado por menores tarifas eléctricas, combustibles, pasajes aéreos y alimentos.

Aunque la inflación permanece por encima del objetivo central del tres por ciento, se encuentra dentro del margen de tolerancia establecido por las autoridades.

Un resultado del PIB más débil de lo esperado, combinado con la moderación de los precios, podría favorecer una nueva reducción de intereses durante la reunión del Banco Central prevista para los días quince y dieciséis de septiembre.

Se agota el impulso de los estímulos

El crecimiento del primer trimestre estuvo apoyado por una serie de programas gubernamentales destinados a ampliar el crédito y sostener el consumo.

El Ministerio de Hacienda ya había anticipado una desaceleración durante el resto del año, a medida que desapareciera el efecto inicial de esas medidas.

El consumo de las familias sería uno de los pocos componentes que mantendría un comportamiento positivo. Sin embargo, el endeudamiento, la morosidad y los altos costos de financiamiento limitan la capacidad de los hogares para continuar aumentando sus gastos.

La agricultura, que proporcionó un impulso importante durante períodos anteriores, también habría perdido dinamismo. Las estimaciones sitúan su crecimiento anual en aproximadamente un dos coma tres por ciento, muy por debajo del once coma cinco por ciento observado el año pasado.

El desequilibrio externo aumenta

La desaceleración coincide con un deterioro de las cuentas exteriores.

Brasil registró en julio un déficit de cuenta corriente de ocho mil ciento diez millones de dólares, el mayor para ese mes desde dos mil diecinueve y considerablemente superior a los seis mil seiscientos millones esperados.

El superávit comercial disminuyó y la inversión extranjera directa alcanzó siete mil cuatrocientos sesenta millones de dólares, por debajo de las previsiones y del resultado registrado un año antes.

Por ahora, la inversión extranjera continúa siendo suficiente para financiar el déficit externo. Sin embargo, una desaceleración más pronunciada o una salida de capitales podría ejercer presión sobre el real brasileño.

La deuda pública limita las opciones del Gobierno

Brasil también enfrenta una situación fiscal compleja. La deuda pública bruta se aproxima al ochenta y dos por ciento del producto interno bruto, mientras los elevados intereses aumentan el costo del financiamiento gubernamental.

El Tesoro calcula que hasta un cincuenta y tres por ciento de la deuda podría quedar vinculada a la tasa Selic durante este año, el nivel más alto registrado. Esto significa que cada período prolongado de intereses elevados incrementa directamente el costo de las obligaciones del Estado.

El Gobierno sostiene que ha realizado un ajuste fiscal equivalente al dos por ciento del producto interno bruto y promete continuar restringiendo algunos gastos si obtiene un nuevo mandato.

Los inversionistas, sin embargo, reclaman medidas más profundas para estabilizar la deuda y permitir una reducción sostenible de los intereses.

La economía entra en la campaña electoral

El dato llegará en un momento particularmente delicado para el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien buscará la reelección en octubre.

Una economía prácticamente estancada podría debilitar uno de sus principales argumentos de campaña y proporcionar a la oposición una oportunidad para cuestionar el resultado de sus políticas de crédito y gasto público.

Lula continúa al frente de las encuestas, pero su ventaja frente al senador Flávio Bolsonaro se ha reducido en una eventual segunda vuelta.

El Gobierno puede atribuir la desaceleración a la política monetaria restrictiva del Banco Central. La oposición, por su parte, podría responsabilizar al gasto público, el deterioro fiscal y la falta de confianza empresarial.

El resultado oficial determinará cuál de esas narrativas obtiene mayor fuerza.

Si la economía creció alrededor del cero coma dos por ciento, Brasil habría evitado una contracción, pero entraría en la etapa decisiva de la campaña con una actividad prácticamente estancada. Si el dato resulta todavía menor, la preocupación se trasladará rápidamente desde los mercados hasta el debate electoral.