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La economía chilena cerró el primer semestre de 2026 con números negativos. La caída de la minería, las exportaciones de cobre y el estancamiento de la inversión complican las perspectivas de crecimiento, aunque el Gobierno rechaza que el país pueda hablar oficialmente de una recesión técnica.

La economía de Chile encendió nuevas señales de alarma después de que el Banco Central confirmara una contracción del Producto Interno Bruto durante el segundo trimestre de 2026, prolongando el débil desempeño registrado desde comienzos del año.

Entre abril y junio, el PIB chileno cayó un 0,2% frente al mismo período de 2025. El dato se suma a la contracción del primer trimestre, revisada por el Banco Central desde un -0,5% hasta un -0,3%, por lo que Chile acumuló dos trimestres consecutivos de retroceso económico.

El resultado fue peor de lo esperado. El fuerte crecimiento del Imacec de junio, que había avanzado un 2,4% interanual, había llevado al mercado a proyectar que el segundo trimestre terminaría con una ligera expansión cercana al 0,1%. Las nuevas cifras del Banco Central terminaron echando por tierra esas expectativas.

¿Está Chile oficialmente en recesión técnica?

Aquí comienza una discusión que no es únicamente semántica.

La definición más utilizada internacionalmente para hablar de una recesión técnica considera dos trimestres consecutivos de caída del PIB desestacionalizado frente al trimestre inmediatamente anterior.

En el primer trimestre de 2026, la economía chilena cayó un 0,3% bajo esta medición. Para el segundo, el Banco Central publicó una variación redondeada de 0,0%. Sin embargo, economistas que han revisado el dato con mayor precisión señalan que la variación fue aproximadamente de -0,02%, suficiente para considerar que también hubo una contracción.

Por esa razón, distintos economistas sostienen que Chile sí entró técnicamente en recesión.

El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, rechaza esa interpretación y sostiene que, utilizando el dato oficial redondeado, no existen dos caídas trimestrales consecutivas.

Más allá de la discusión metodológica, el problema de fondo permanece: la economía chilena prácticamente no creció durante la primera mitad de 2026. El PIB acumuló una contracción cercana al 0,25% durante el semestre.

El cobre vuelve a pasar factura

Uno de los principales responsables del deterioro económico es la minería, uno de los pilares históricos de la economía chilena.

La actividad minera cayó 6,4% interanual durante el segundo trimestre y acumuló cuatro trimestres consecutivos de retroceso. La producción de cobre se vio afectada por menores leyes del mineral y trabajos de mantenimiento en importantes yacimientos.

El problema también apareció en el comercio exterior.

Las exportaciones de bienes y servicios disminuyeron un 2,1%, principalmente por menores envíos de cobre y otros productos. Las importaciones también retrocedieron, aunque en menor proporción, con una caída del 1,6%.

Para una economía fuertemente dependiente de sus exportaciones mineras, la combinación de menor producción y menores ventas al exterior representa un obstáculo considerable para la recuperación.

La inversión se detiene

Otro dato preocupante aparece en la inversión.

La formación bruta de capital fijo prácticamente no registró crecimiento durante el segundo trimestre, después de haber aumentado un 2,9% durante los primeros tres meses del año.

La inversión en construcción y otras obras cayó un 2,4%, mientras que la compra de maquinaria y equipos aumentó un 3,7%, compensando parcialmente el retroceso.

La formación bruta de capital, que también incorpora los inventarios de las empresas, cayó un 3,9%.

La construcción constituye además uno de los sectores con peor comportamiento reciente, con una caída de 3,2% durante el trimestre.

El consumo evita una caída mayor

No todas las cifras fueron negativas.

El consumo de los hogares aumentó un 1,2%, sostenido especialmente por el gasto en servicios de salud, turismo y compra de vehículos.

El consumo del Gobierno también avanzó un 1,8%, principalmente por mayores servicios de salud y educación.

Estos componentes ayudaron a evitar una contracción económica considerablemente mayor.

También existe una diferencia importante entre la minería y el resto de la economía: mientras el sector minero siguió retrocediendo, el PIB no minero aumentó alrededor de 0,7%, impulsado principalmente por los servicios personales y el comercio.

Un golpe para las expectativas del Gobierno

Las nuevas cifras llegan en un momento delicado para el Gobierno chileno, que había apostado por una recuperación más visible durante 2026.

Hacienda mantiene una proyección cercana al 1,8% de crecimiento para el conjunto del año, mientras el Banco Central había reducido previamente su rango de crecimiento esperado para 2026 hasta entre 1% y 1,75%.

El desempeño del segundo semestre será ahora decisivo.

Chile todavía podría cerrar 2026 con crecimiento anual positivo si la actividad se recupera durante los próximos meses. Pero los datos conocidos esta semana muestran que esa recuperación tendrá que comenzar desde una base considerablemente más débil de la que se esperaba.

La discusión sobre si corresponde utilizar formalmente la palabra “recesión” continuará entre el Gobierno y los economistas. Lo que resulta mucho menos discutible es que Chile cerró la primera mitad de 2026 con su economía estancada, una minería debilitada y una inversión que ha perdido fuerza.