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Lula da Silva mantiene el liderazgo para las elecciones de octubre, pero Flávio Bolsonaro acorta distancias. El presidente confronta el creciente control del Congreso sobre el presupuesto, mientras su principal adversario coloca al Supremo Tribunal Federal y al juez Alexandre de Moraes en el centro de su ofensiva electoral.

Brasil entra en la fase decisiva de una elección presidencial que comienza a reproducir buena parte de la profunda polarización que marcó al país durante la última década.

Luiz Inácio Lula da Silva busca renovar su mandato frente a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro y heredero político del movimiento construido alrededor de su padre. Pero la disputa ya no gira únicamente alrededor de izquierda y derecha: el funcionamiento y los límites de las principales instituciones brasileñas se están convirtiendo en uno de los grandes temas de la campaña.

Una encuesta CNT/MDA publicada este martes 11 de agosto mantiene a Lula como favorito, aunque muestra un avance de Bolsonaro.

En una eventual segunda vuelta, Lula obtendría un 48% de apoyo frente al 39,1% de Flávio Bolsonaro. En junio, la relación era de 49,3% contra 36,8%, lo que significa que el presidente prácticamente mantiene su posición mientras su adversario consigue reducir la distancia.

En primera vuelta, Lula aparece con 42,4%, Bolsonaro con 28,7%, seguido a considerable distancia por Ronaldo Caiado, con 4%; Romeu Zema, con 3,3%; y Renan Santos, con 2,8%. El estudio entrevistó a 2.002 personas entre el 5 y el 9 de agosto y tiene un margen de error de 2,2 puntos porcentuales.

Lula pone al Congreso en el centro del debate

El presidente brasileño ha incorporado a su programa electoral una reforma del sistema de enmiendas parlamentarias, uno de los instrumentos más importantes mediante los cuales diputados y senadores intervienen actualmente en la distribución de recursos públicos.

Lula sostiene que el modelo ha generado una distorsión en la elaboración y administración del presupuesto federal al trasladar una parte creciente de la capacidad para decidir el destino de los recursos desde el Ejecutivo hacia el Legislativo.

Su programa cuestiona especialmente las denominadas enmiendas impositivas y mecanismos vinculados al llamado “presupuesto secreto”, argumentando que dispersan recursos y reducen la eficiencia del gasto público.

El asunto es políticamente delicado.

Brasil posee un Congreso altamente fragmentado y cualquier presidente necesita construir amplias coaliciones parlamentarias para gobernar. Enfrentarse directamente a los legisladores puede complicar esa relación incluso antes de las elecciones.

Por ello, dirigentes del Partido de los Trabajadores han intentado moderar el mensaje y sostienen que la propuesta busca abrir una discusión sobre las responsabilidades constitucionales de cada poder y no iniciar una guerra contra el Congreso.

Flávio Bolsonaro apunta contra el Supremo

En el otro extremo de la disputa, Flávio Bolsonaro está construyendo una parte importante de su campaña alrededor de sus críticas al Supremo Tribunal Federal.

El principal blanco vuelve a ser el magistrado Alexandre de Moraes, una figura convertida desde hace años en antagonista del bolsonarismo debido a las investigaciones y decisiones judiciales relacionadas con Jair Bolsonaro y su entorno político.

El conflicto volvió a intensificarse después de que Moraes impidiera a Flávio visitar a su padre durante el Día del Padre. El candidato utilizó la decisión para reforzar su argumento de que existe un exceso de poder del Supremo sobre la actividad política.

Pero la estrategia electoral va más allá de la retórica.

Flávio Bolsonaro busca fortalecer las candidaturas conservadoras al Senado, cámara que posee la facultad constitucional de iniciar procesos de destitución contra magistrados del Supremo.

Esto significa que las elecciones legislativas tendrán para el bolsonarismo una importancia estratégica comparable, en ciertos aspectos, a la propia carrera presidencial.

El apellido Bolsonaro sigue siendo decisivo

Flávio fue proclamado oficialmente candidato presidencial del Partido Liberal a finales de julio, asumiendo directamente la herencia política de su padre.

Su candidatura nació con dificultades para construir alianzas con sectores de centroderecha y bajo investigaciones judiciales, pero ha logrado conservar un importante núcleo electoral.

La última encuesta confirma precisamente ese fenómeno.

Aunque Lula mantiene una ventaja clara, Bolsonaro avanza desde junio y se consolida como el único candidato que actualmente aparece en condiciones de disputar seriamente una eventual segunda vuelta contra el presidente.

La elección brasileña comienza así a adquirir una estructura conocida: Lula frente al bolsonarismo, aunque esta vez Jair Bolsonaro no estará en la papeleta.

Una elección sobre los límites del poder

La particularidad de 2026 es que la disputa no enfrenta solamente dos proyectos económicos o ideológicos.

Lula cuestiona cuánto poder debe tener el Congreso sobre el presupuesto.

Flávio Bolsonaro cuestiona cuánto poder debe ejercer el Supremo sobre la política.

Y detrás de ambos debates aparece una discusión mucho más profunda sobre el equilibrio entre Ejecutivo, Legislativo y Poder Judicial en la mayor democracia de América Latina.

Con las elecciones previstas para octubre y una diferencia que comienza a reducirse en los sondeos, Brasil entra en una campaña donde cada choque institucional puede terminar convertido inmediatamente en argumento electoral.

Lula sigue siendo el favorito, pero Flávio Bolsonaro empieza a demostrar que la sucesión política de su padre conserva suficiente fuerza para mantener abierta una elección que puede volver a dividir Brasil prácticamente en dos bloques.