Alternativa para Alemania alcanza el 27 % de intención de voto y aventaja por cinco puntos al bloque conservador del canciller. El avance de la ultraderecha deja de ser únicamente un fenómeno de protesta y abre la posibilidad de que el partido conquiste por primera vez un gobierno regional.
El mapa político alemán continúa desplazándose y esta vez la señal resulta difícil de minimizar.
Alternativa para Alemania, AfD, se mantiene como la fuerza con mayor intención de voto a nivel nacional y amplía la presión sobre el gobierno del canciller Friedrich Merz a pocas semanas de unas elecciones regionales que podrían marcar un punto de inflexión en la historia política reciente del país.
El Politbarometer publicado este jueves 20 de agosto por la televisión pública ZDF coloca a la AfD en el 27 % de intención de voto, frente al 22 % de la alianza conservadora CDU/CSU encabezada por Merz.
La diferencia es de cinco puntos.
Ambas formaciones pierden un punto respecto al sondeo anterior, lo que significa que la AfD mantiene intacta su ventaja sobre el partido que actualmente dirige el Gobierno alemán.
El dato confirma una tendencia que ya lleva meses desarrollándose y que empieza a transformar una pregunta fundamental dentro de la política alemana.
El debate ya no gira únicamente alrededor de cuánto puede crecer la AfD, sino de qué ocurrirá si llega el momento en que ningún gobierno estable pueda formarse ignorándola.
La coalición gobernante perdería la mayoría
Los números resultan especialmente incómodos para Friedrich Merz.
El Partido Socialdemócrata, socio de los conservadores en el Gobierno, obtiene apenas un 12 % en el nuevo sondeo.
Esto significa que una repetición de la actual alianza entre CDU/CSU y SPD no alcanzaría por sí sola la mayoría parlamentaria.
Los Verdes aparecen como tercera fuerza con un 14 %, mientras el SPD y La Izquierda se sitúan ambos en el 12 %. El Partido Liberal, FDP, obtendría solamente un 4 %, por debajo del umbral del 5 % necesario para entrar en el Bundestag.
La fragmentación complica todavía más la formación de mayorías.
Durante años, los principales partidos alemanes han mantenido un denominado “cordón sanitario” o firewall mediante el cual rechazan cualquier cooperación política o coalición con la AfD.
Hasta ahora, esa estrategia ha permitido mantener al partido fuera de los gobiernos incluso cuando consigue resultados electorales importantes.
Pero cuanto mayor sea el porcentaje de votos que concentre la AfD, más difícil será construir coaliciones alternativas.
Ese es precisamente uno de los mayores problemas que enfrenta ahora el sistema político alemán.
Del 20,8 % a liderar las encuestas
El crecimiento de la AfD ha sido rápido.
En las elecciones federales de febrero de 2025, el partido obtuvo aproximadamente el 20,8 % de los votos, mientras la CDU/CSU alcanzó el 28,5 %.
Ahora la relación se ha invertido.
Diferentes sondeos realizados durante 2026 han situado a la AfD sistemáticamente por delante de los conservadores. A principios de agosto, el DeutschlandTrend de la televisión pública ARD llegó a colocarla en el 28 %, siete puntos por encima del bloque CDU/CSU
El Politbarometer de este jueves reduce ligeramente esa distancia, pero confirma el elemento esencial: AfD continúa siendo la primera fuerza política en intención de voto en Alemania.
Y el problema para Merz es que el crecimiento de la formación coincide con un fuerte deterioro de la imagen del Gobierno.
A finales de julio, otro sondeo situaba la satisfacción con el desempeño del canciller en apenas un 15 %, mientras la AfD comenzaba incluso a superar a los conservadores en la percepción ciudadana sobre capacidad para resolver los problemas del país.
Septiembre puede cambiarlo todo
La verdadera prueba llegará ahora a las urnas.
Alemania celebrará el 6 de septiembre elecciones en Sajonia-Anhalt y el 20 de septiembre habrá comicios en Mecklemburgo-Antepomerania y Berlín.
Especialmente importante será Sajonia-Anhalt.
La AfD se mueve allí alrededor del 41 % de intención de voto, mientras en Mecklemburgo-Antepomerania registra aproximadamente un 36 %.
Una victoria en Sajonia-Anhalt podría permitir que el partido intentara encabezar por primera vez el gobierno de un estado federado alemán.
Su candidato, Ulrich Siegmund, no oculta la importancia nacional que atribuye a esa elección.
La dirección regional considera Sajonia-Anhalt como una posible plataforma desde la que demostrar que la AfD no solamente puede ganar elecciones, sino también gobernar.
Los propios dirigentes nacionales del partido han hablado abiertamente de utilizar las victorias regionales como primer paso hacia el poder federal.
La paradoja alemana
Existe, sin embargo, una contradicción importante.
Aunque la AfD lidera las encuestas nacionales, una mayoría de los alemanes continúa mostrando rechazo ante la posibilidad de verla gobernar.
Según el mismo Politbarometer, el 64 % de los encuestados no quiere que un candidato de AfD llegue a encabezar alguno de los gobiernos regionales que se elegirán en septiembre.
Solamente un 23 % considera positiva esa posibilidad.
Además, el 60 % cree que un gobierno regional encabezado por la AfD produciría una peor gestión política, frente a un 17 % que espera una mejor administración.
Esto revela una Alemania políticamente dividida.
La AfD puede ser el partido individual con mayor apoyo sin representar necesariamente a una mayoría de la sociedad.
Esa diferencia explica por qué el resto de las fuerzas políticas todavía puede bloquear su llegada al poder mediante coaliciones.
Pero también demuestra los límites de esa estrategia.
Si la AfD continúa creciendo, las coaliciones necesarias para mantenerla fuera del Gobierno serán cada vez más amplias, heterogéneas y difíciles de administrar.
El este alemán impulsa el cambio
El crecimiento es especialmente fuerte en los territorios de la antigua Alemania Oriental.
Más de tres décadas después de la reunificación, regiones como Sajonia-Anhalt y Mecklemburgo-Antepomerania continúan registrando diferencias económicas y demográficas importantes respecto al oeste del país.
Menores ingresos, pérdida de población joven, envejecimiento, escasez de trabajadores cualificados y una percepción persistente de abandono por parte de las élites políticas han creado un terreno particularmente favorable para la AfD.
El partido ha combinado ese malestar con un discurso duro contra la inmigración, críticas al establishment político, oposición a determinadas políticas climáticas y una posición mucho más favorable que la del Gobierno a normalizar las relaciones con Rusia.
También ha defendido el fin de la ayuda militar alemana a Ucrania.
Para una parte de sus electores, la AfD representa fundamentalmente una ruptura con los partidos tradicionales.
Para sus adversarios, representa algo mucho más peligroso.
El debate sobre los límites democráticos
La expansión del partido está acompañada por una profunda controversia sobre su relación con el orden constitucional alemán.
La Oficina para la Protección de la Constitución de Sajonia-Anhalt mantiene clasificada a la estructura regional de AfD como extremista de derecha y sostiene que algunas de sus posiciones son incompatibles con los principios fundamentales del sistema democrático.
La AfD rechaza esas acusaciones y asegura que los servicios de inteligencia están siendo utilizados políticamente para perseguir a la oposición.
A nivel nacional, el partido consiguió este año una medida judicial que obligó al servicio de inteligencia a suspender temporalmente una clasificación similar mientras continúa el proceso judicial.
El enfrentamiento institucional probablemente se intensificará si la AfD consigue controlar por primera vez un gobierno regional.
Alemania puede convertirse en un problema para Europa
Las consecuencias tampoco terminarían en las fronteras alemanas.
Alemania continúa siendo la mayor economía de la Unión Europea y uno de los principales centros de poder político del continente.
Durante décadas, Berlín ha sido uno de los motores de la integración europea y un actor central en las políticas comunitarias sobre economía, migración, defensa, Ucrania y relaciones con Rusia.
Una AfD fortalecida puede condicionar esas posiciones incluso sin gobernar.
Los partidos tradicionales ya enfrentan presión para endurecer sus políticas migratorias y responder a las preocupaciones de votantes que están desplazándose hacia la formación.
Si además la AfD comienza a conquistar gobiernos regionales, su capacidad de influir en la política nacional aumentará considerablemente.
La posibilidad de que llegue eventualmente al Gobierno federal sigue encontrando importantes obstáculos políticos.
Pero ya no pertenece únicamente al terreno de las hipótesis remotas.
Una frontera política que comienza a moverse
La política alemana construyó durante años una barrera alrededor de Alternativa para Alemania.
Hasta ahora, esa barrera ha evitado que el partido transforme sus votos en poder ejecutivo.
El problema es que el muro funciona mejor cuando AfD tiene un 15 o un 20 % que cuando alcanza el 27, el 28 o incluso porcentajes superiores en determinadas regiones.
Cada nuevo avance obliga a los demás partidos a formar combinaciones más complejas para mantenerla fuera.
Y cada gobierno formado exclusivamente para bloquearla puede alimentar, a su vez, el argumento de la AfD de que existe un sistema político cerrado que intenta impedirle gobernar.
Las elecciones de septiembre permitirán comprobar hasta dónde ha llegado esa transformación.
Alemania podría estar aproximándose a un momento que hace pocos años parecía prácticamente imposible: el paso de la AfD desde la oposición permanente hacia el ejercicio real del poder.
Si Sajonia-Anhalt se convierte en el primer estado gobernado por el partido, el impacto político irá mucho más allá de una elección regional.
Podría ser el comienzo de una nueva etapa para Alemania y, por extensión, para toda Europa.