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La medida profundiza una crisis diplomática alimentada por acusaciones de interferencia electoral, restricciones contra funcionarios estadounidenses y nuevas presiones comerciales sobre Brasil.

Las relaciones entre Estados Unidos y Brasil atraviesan uno de sus momentos más tensos de los últimos años. El Gobierno de Donald Trump revocó la visa de la embajadora brasileña en Washington, Maria Luiza Ribeiro Viotti, en respuesta a las recientes decisiones adoptadas por la Administración de Luiz Inácio Lula da Silva contra representantes estadounidenses.

La decisión no significa, por ahora, la expulsión inmediata de Viotti del territorio estadounidense. La diplomática podrá permanecer en el país, pero la cancelación de su visa limita su capacidad para ejercer plenamente sus funciones y podría impedirle regresar a Estados Unidos en caso de viajar al extranjero. Washington dejó abierta la posibilidad de revertir la medida si Brasil modifica su posición.

El enfrentamiento comenzó a escalar después de que Brasil negara visas a Riley Barnes y Samuel Samson, dos funcionarios del Departamento de Estado que pretendían viajar al país sudamericano. El Gobierno brasileño consideró que su visita podría estar relacionada con intentos de cuestionar el sistema electoral antes de las elecciones presidenciales previstas para octubre.

A esta disputa se suma la negativa de Brasil a conceder rápidamente el beneplácito diplomático —conocido como agrément— a Daniel “Danny” Pérez, elegido por Trump para convertirse en el próximo embajador estadounidense en Brasilia.

El Gobierno de Lula sostiene que la Casa Blanca anunció públicamente la nominación antes de completar el procedimiento diplomático correspondiente. Las autoridades brasileñas también investigan las posiciones de Pérez y sus posibles vínculos con sectores interesados en influir en el proceso electoral brasileño.

Una represalia diplomática directa

La Administración Trump considera que Brasil está bloqueando injustificadamente la llegada de su representante y que la negativa de visas a funcionarios estadounidenses constituye una provocación. La revocación del documento de Viotti fue presentada como una medida de reciprocidad.

Sin embargo, el conflicto supera ampliamente una disputa administrativa entre embajadas. Trump y Lula mantienen profundas diferencias sobre el futuro político de América Latina, las relaciones con Venezuela y Cuba, la regulación de las plataformas digitales estadounidenses y el proceso judicial contra el expresidente Jair Bolsonaro.

Lula acusa abiertamente a Washington de intervenir en los asuntos internos brasileños y de favorecer al senador Flávio Bolsonaro, hijo del exmandatario y uno de los principales adversarios electorales del oficialismo. La Casa Blanca, por su parte, cuestiona las actuaciones de las autoridades brasileñas y reclama garantías para una competencia electoral que considera políticamente sensible.

La disputa también golpea el comercio

La confrontación diplomática coincide con un endurecimiento de la política comercial estadounidense. Durante julio, Washington estableció sobretasas adicionales de hasta el 25 % sobre determinados productos procedentes de Brasil, además de otra medida del 12,5 % aplicable a segmentos específicos de las exportaciones brasileñas.

Estas decisiones aumentan la presión económica sobre Lula en plena campaña electoral y permiten al mandatario brasileño presentarse como defensor de la soberanía nacional frente a las exigencias de Washington.

Trump, mientras tanto, refuerza su respaldo a los sectores conservadores brasileños y utiliza la política comercial y diplomática como instrumentos para presionar al Gobierno de Brasilia.

La cancelación de la visa de Maria Luiza Ribeiro Viotti marca un nuevo nivel dentro de esa confrontación. Lo que comenzó como una controversia sobre visitas diplomáticas se ha convertido en una disputa directa entre los gobiernos de las dos mayores economías del continente americano.

Brasil deberá decidir ahora si autoriza la llegada del embajador designado por Trump o mantiene su resistencia, con el riesgo de provocar nuevas represalias estadounidenses.