El precio internacional del petróleo volvió a superar la barrera de los 100 dólares por barril y encendió las alarmas sobre una posible etapa de estanflación mundial: una combinación especialmente peligrosa de inflación elevada, crecimiento económico débil y dificultades para generar empleo.
El crudo Brent, referencia para gran parte del comercio internacional, cerró el jueves 23 de julio en 100,69 dólares por barril y llegó a tocar los 102 dólares durante la jornada. Fue su nivel más alto desde mayo y representó un cambio drástico frente a los menos de 72 dólares registrados pocas semanas antes.
El viernes 24 de julio, el Brent retrocedió hasta los 96,78 dólares ante versiones sobre posibles esfuerzos diplomáticos para reducir la confrontación entre Estados Unidos e Irán. Sin embargo, todavía acumulaba un incremento semanal cercano al 10 %, mientras los mercados permanecían expuestos a cualquier nueva interrupción del suministro.
La caída parcial no eliminó la preocupación. El problema no es únicamente que el petróleo haya alcanzado nuevamente los 100 dólares, sino la velocidad con la que puede subir o bajar dependiendo de acontecimientos militares, amenazas contra barcos y negociaciones diplomáticas difíciles de anticipar.
Dos rutas petroleras bajo amenaza
El repunte comenzó después de que los hutíes de Yemen reivindicaran ataques contra dos petroleros saudíes en el mar Rojo. Las operaciones ampliaron la crisis más allá del estrecho de Ormuz y colocaron bajo presión otra de las principales rutas utilizadas para transportar petróleo desde Oriente Medio hacia Europa y Asia.
El estrecho de Hormuz continúa siendo el principal punto de vulnerabilidad. Los intercambios de ataques entre Estados Unidos e Irán redujeron el tráfico marítimo por esa zona, mientras las amenazas hutíes elevaron simultáneamente el riesgo en el mar Rojo y el estrecho de Bab el Mandeb.
La posibilidad de que las dos rutas sufran interrupciones al mismo tiempo aumenta el coste del transporte, los seguros marítimos y la energía, incluso cuando el suministro físico de petróleo todavía no se ha detenido completamente.
El Brent llegó a acumular un avance cercano al 40 % durante julio. Los precios europeos del gas natural también subieron más de un 40 % en el mes y alcanzaron su mayor nivel desde marzo, extendiendo la presión energética más allá del mercado petrolero.
El retorno de la inflación energética
El petróleo influye directamente sobre el precio de la gasolina, el diésel, la aviación, el transporte marítimo, la electricidad y la producción industrial. También se transmite indirectamente al precio de los alimentos y otros bienes que necesitan ser transportados.
En Estados Unidos, el precio promedio de la gasolina regular alcanzó los 4,09 dólares por galón, frente a los 3,93 dólares registrados un mes antes. Las compañías aéreas también comenzaron a enfrentar mayores costes de combustible, provocando caídas en las acciones de algunas de las principales aerolíneas.
La presión puede extenderse a los alimentos porque una parte importante de los fertilizantes utilizados mundialmente atraviesa el estrecho de Hormuz. Un incremento prolongado en sus costes afectaría especialmente a los países emergentes y a las economías con menor capacidad para subsidiar la energía o los productos básicos.
El Fondo Monetario Internacional ya había advertido, antes del último repunte, que el proceso mundial de reducción de la inflación se había estancado. El organismo proyectó un crecimiento global del 3 % para 2026 y elevó su estimación de inflación general al 4,7 %.
Una nueva subida energética podría empeorar ambas variables al mismo tiempo: elevar los precios y reducir el consumo, la inversión y la actividad económica.
Los aranceles agravan el problema
El impacto petrolero coincide con la entrada en vigor de nuevos aranceles estadounidenses contra productos procedentes de decenas de socios comerciales, entre ellos la Unión Europea y China.
Las barreras comerciales aumentan el coste de los bienes importados, mientras el petróleo encarece su producción y transporte. La combinación reduce el margen de las empresas y termina trasladándose parcialmente a los consumidores mediante precios más altos.
La economía mundial enfrenta así dos impactos inflacionarios simultáneos: uno energético, derivado de la guerra y las amenazas contra las rutas marítimas, y otro comercial, provocado por las disputas arancelarias.
Esto limita la capacidad de los gobiernos para utilizar estímulos fiscales o monetarios. Una reducción de tasas podría apoyar el crecimiento, pero también alimentar la inflación. Un incremento de tasas puede contener los precios, pero profundizaría la desaceleración.
Los bancos centrales vuelven a considerar aumentos de tasas
El repunte del petróleo provocó un aumento en las expectativas de que la Reserva Federal estadounidense y otros bancos centrales vuelvan a endurecer su política monetaria.
Después de conocerse el salto del Brent, los mercados llegaron a asignar una probabilidad del 36 % a un aumento de las tasas de la Reserva Federal en su siguiente reunión, frente a aproximadamente un 12 % una semana antes.
Los rendimientos de los bonos públicos también subieron. El bono estadounidense a diez años alcanzó el 4,69 %, encareciendo las hipotecas y el financiamiento para hogares, gobiernos y empresas.
Europa aparece como una de las regiones más vulnerables porque depende ampliamente de la importación de energía. Si el Banco Central Europeo eleva las tasas para combatir la inflación generada por el petróleo, puede terminar golpeando una economía que ya sufre el encarecimiento del suministro energético.
Asia también enfrenta riesgos significativos. Países altamente dependientes del petróleo del golfo Pérsico deberán pagar más por sus importaciones, especialmente cuando sus monedas se debilitan frente al dólar.
América Latina sentiría efectos diferentes
El impacto en América Latina dependerá de la posición energética de cada país.
Las economías exportadoras de petróleo podrían recibir mayores ingresos fiscales y divisas mientras los precios permanezcan elevados. Sin embargo, los países importadores enfrentarían mayores costes de combustibles, transporte, electricidad y producción agrícola.
Para Centroamérica y el Caribe, donde buena parte del petróleo consumido procede del exterior, un periodo prolongado cerca de los 100 dólares podría traducirse en presión sobre los precios internos, las cuentas públicas y el coste de vida. Esta consecuencia es una inferencia económica basada en la exposición de los países importadores al encarecimiento energético y no una proyección específica para cada nación.
Incluso los productores latinoamericanos pueden verse perjudicados si las tasas internacionales aumentan, el comercio mundial se desacelera o disminuye la demanda de otras materias primas.
¿Se mantendrá el petróleo por encima de los 100 dólares?
Las previsiones siguen mostrando una enorme incertidumbre.
La Administración de Información Energética de Estados Unidos considera que, si se normalizan la producción y el comercio en Oriente Medio, el Brent podría caer desde un promedio de 103 dólares durante el segundo trimestre hasta aproximadamente 70 dólares en el cuarto trimestre de 2026.
Ese escenario depende de la recuperación de los flujos petroleros, la reducción de los riesgos militares y la reconstrucción de unos inventarios mundiales considerablemente debilitados.
La Agencia Internacional de Energía señaló que las exportaciones del golfo se recuperaron durante junio, pero continuaban muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto. También advirtió que una nueva escalada puede alterar completamente las previsiones de oferta y precios.
Por eso, el mercado se mueve actualmente entre dos escenarios extremos: una distensión diplomática que devolvería los precios hacia niveles más bajos y una ampliación de la guerra que podría llevar el petróleo nuevamente por encima de los 100 dólares durante un periodo prolongado.
El fantasma de la década de 1970
La situación revive comparaciones con las crisis petroleras de la década de 1970, cuando los aumentos en el precio de la energía provocaron inflación, menor crecimiento y fuertes incrementos de las tasas de interés.
La economía mundial actual consume energía de manera más eficiente y dispone de más fuentes de producción que hace medio siglo. Sin embargo, también enfrenta elevados niveles de deuda, tensiones comerciales, tipos de interés altos y conflictos simultáneos en regiones estratégicas.
El regreso del petróleo a los 100 dólares no significa que una estanflación mundial sea inevitable. Pero demuestra que el riesgo no ha desaparecido y que una escalada militar puede transformar rápidamente una crisis regional en un problema para consumidores, empresas y gobiernos de todo el planeta.