La guerra entre Estados Unidos e Irán entró en una nueva fase de expansión regional después de que Washington intensificara sus ataques contra territorio iraní y Teherán respondiera con operaciones contra posiciones estadounidenses y países aliados en el golfo Pérsico.
El conflicto ya no amenaza únicamente la estabilidad de Oriente Medio. La combinación de ataques militares, restricciones a la navegación y amenazas contra embarcaciones está comprometiendo dos de las rutas marítimas más importantes para el comercio energético mundial: el estrecho de Ormuz y el acceso al mar Rojo por Bab el-Mandeb.
La posibilidad de que ambos corredores sufran interrupciones simultáneas ha elevado la preocupación de gobiernos, compañías navieras y mercados financieros. Una alteración prolongada podría traducirse en mayores precios de los combustibles, presión inflacionaria y nuevos problemas para las cadenas internacionales de suministro.
Washington intensifica sus ataques sobre Irán
Las fuerzas estadounidenses completaron una nueva noche de bombardeos contra instalaciones militares e infraestructura estratégica iraní. Los ataques se concentraron en sistemas de defensa, posiciones vinculadas con misiles y zonas costeras desde las que Irán puede controlar el tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz.
Estados Unidos sostiene que sus operaciones buscan proteger a sus fuerzas desplegadas en Oriente Medio y garantizar la libertad de navegación por una ruta utilizada para transportar aproximadamente una quinta parte del petróleo consumido en el mundo.
La ofensiva también responde a los ataques iraníes contra posiciones estadounidenses en países de la región. La muerte de militares norteamericanos ha incrementado la presión política sobre el Gobierno de Donald Trump para ampliar la respuesta contra Teherán.
Sin embargo, la estrategia estadounidense enfrenta un riesgo creciente: cada nuevo ataque aumenta las posibilidades de que otros países del golfo Pérsico sean arrastrados directamente al conflicto.
Irán extiende sus represalias por el golfo Pérsico
Teherán respondió atacando instalaciones y posiciones relacionadas con Estados Unidos en países como Kuwait y Baréin. Ambos Estados mantienen estrechos vínculos de seguridad con Washington y albergan infraestructura militar estadounidense.
Las operaciones iraníes muestran que el conflicto ha dejado de limitarse al territorio de los dos principales contendientes. Las monarquías del golfo, que durante años intentaron mantener relaciones funcionales tanto con Washington como con Teherán, ahora se encuentran expuestas a ataques por permitir la presencia militar estadounidense.
Irán también conserva la capacidad de amenazar embarcaciones que atraviesan el estrecho de Ormuz. El aumento de los incidentes y la inseguridad ha provocado una reducción del tránsito de petroleros y buques comerciales.
Varias navieras han comenzado a modificar sus operaciones, mientras las aseguradoras incrementan las primas exigidas para cubrir embarcaciones que navegan por la zona. Incluso sin un cierre total del estrecho, el simple aumento del riesgo puede encarecer considerablemente el transporte marítimo.
Los hutíes abren un segundo frente contra Arabia Saudita
La crisis adquirió una dimensión todavía más peligrosa después de que los rebeldes hutíes de Yemen, aliados de Irán, anunciaran un bloqueo naval contra Arabia Saudita.
El movimiento amenaza con atacar embarcaciones vinculadas con el reino saudí y afectar el tránsito por Bab el-Mandeb, el estrecho que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén.
La entrada de los hutíes amplía el conflicto hacia otra ruta esencial para el comercio entre Asia, Europa y África. Los barcos que no pueden utilizar el mar Rojo deben rodear el continente africano por el cabo de Buena Esperanza, un desvío que prolonga los viajes, aumenta el consumo de combustible y eleva los costos del transporte.
Arabia Saudita cuenta con oleoductos que permiten trasladar parte de su producción desde el golfo Pérsico hasta el mar Rojo. Sin embargo, una amenaza simultánea sobre Ormuz y Bab el-Mandeb reduciría la eficacia de esas rutas alternativas.
El petróleo vuelve a superar los 90 dólares
La escalada provocó que el petróleo Brent superara temporalmente los 90 dólares por barril, antes de retroceder ante las versiones sobre una posible negociación.
Los mercados reaccionan no solamente a la cantidad de petróleo que ha dejado de circular, sino al riesgo de que el conflicto afecte de manera más profunda la producción y las exportaciones de los países del golfo.
Por el estrecho de Ormuz transitaron alrededor de 20 millones de barriles diarios durante 2024, equivalentes a cerca del 20 % del consumo mundial de productos petroleros. La ruta también resulta fundamental para el transporte de gas natural licuado, especialmente para las exportaciones de Catar.
Una interrupción prolongada tendría efectos mucho más amplios que el aumento del precio del petróleo. También encarecería el gas, la electricidad, los fertilizantes, el transporte aéreo, los alimentos y numerosos productos industriales.
Las economías importadoras de energía serían las primeras afectadas. Europa y varios países asiáticos enfrentarían mayores costos, mientras que América Latina recibiría el impacto mediante el precio internacional de los combustibles, los fletes y la inflación importada.
Una nueva amenaza para la inflación mundial
La guerra llega en un momento en el que numerosos bancos centrales intentan controlar la inflación sin provocar una desaceleración económica profunda.
Un nuevo choque energético podría obligarlos a mantener tasas de interés elevadas durante más tiempo. Esto encarecería el crédito para hogares, empresas y gobiernos, al mismo tiempo que reduciría el consumo y la inversión.
En Estados Unidos, el precio promedio de la gasolina volvió a alcanzar los cuatro dólares por galón. El incremento representa un problema económico y político para Trump, especialmente ante la proximidad de las elecciones legislativas de noviembre.
El Gobierno estadounidense necesita demostrar firmeza frente a Irán, pero también debe evitar que la guerra provoque un aumento sostenido del costo de vida. Esa contradicción podría condicionar las decisiones militares y diplomáticas de Washington durante las próximas semanas.
La diplomacia intenta abrir una pausa
Pese a la intensidad de los ataques, Estados Unidos e Irán mantienen abierta la posibilidad de negociar. Países mediadores han presentado una propuesta para establecer una tregua de diez días y recuperar el acuerdo provisional alcanzado anteriormente.
Pakistán, Catar y otros actores regionales intentan crear condiciones para detener las operaciones militares. Sin embargo, las posiciones continúan alejadas.
Washington exige garantías de que Irán permitirá la navegación sin restricciones por el estrecho de Ormuz. Teherán, por su parte, considera el control de la zona una cuestión de soberanía y seguridad nacional.
El principal peligro es que un ataque con numerosas víctimas, el hundimiento de una embarcación o una operación contra infraestructura petrolera provoque una escalada difícil de detener.
La guerra entre Estados Unidos e Irán ya ha demostrado que puede extenderse rápidamente más allá de sus fronteras. Su evolución determinará no solamente el futuro político de Oriente Medio, sino también el precio de la energía y la estabilidad económica internacional.