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La incursión armada ocurrió en Kenscoff, una zona montañosa próxima a Puerto Príncipe que durante los últimos años ha sufrido asesinatos, secuestros, incendios y desplazamientos forzados.

Al menos 30 personas murieron durante un ataque de pandillas en Kenscoff, una localidad ubicada en las montañas que rodean la capital de Haití, según informó el alcalde Jean Massillon.

Las autoridades no han precisado todavía cuántas personas resultaron heridas ni qué organización criminal habría ejecutado la incursión. Tampoco se conoce si las fuerzas de seguridad lograron recuperar el control completo de la zona.

Kenscoff se encuentra en las colinas que dominan Puerto Príncipe y fue considerada durante años una zona relativamente segura. Sin embargo, el avance de los grupos armados la convirtió en otro escenario de la violencia que afecta a buena parte del departamento Oeste.

Organizaciones defensoras de los derechos humanos han documentado en esta localidad asesinatos colectivos, violaciones, incendios de viviendas y secuestros. Miles de habitantes se han visto obligados a abandonar sus comunidades ante la incapacidad de las autoridades para protegerlas.

Una capital rodeada por la violencia

El ataque confirma que las pandillas continúan extendiendo su influencia más allá de los barrios populares de Puerto Príncipe. Los grupos criminales controlan rutas estratégicas, accesos a comunidades, zonas comerciales y vías utilizadas para transportar alimentos y suministros.

Esta expansión ha dejado a numerosas poblaciones prácticamente aisladas. Los bloqueos y enfrentamientos dificultan la llegada de alimentos, medicinas y asistencia humanitaria, mientras hospitales, escuelas y comercios suspenden sus actividades debido a la inseguridad.

Durante los últimos meses, los enfrentamientos también provocaron evacuaciones de centros médicos y el desplazamiento de familias enteras. La población civil permanece atrapada entre las pandillas, unas fuerzas policiales con recursos limitados y una respuesta internacional que no ha conseguido estabilizar el país.

Crisis de seguridad bloquea la transición política

La violencia ocurre mientras Haití intenta avanzar hacia la restauración de sus instituciones democráticas. El país no celebra elecciones nacionales desde hace años y continúa sin autoridades electas capaces de ejercer control efectivo sobre todo el territorio.

El Gobierno había planteado la posibilidad de realizar elecciones presidenciales durante 2026, pero las condiciones de seguridad han impedido organizar una votación confiable. El primer ministro Alix Didier Fils-Aimé reconoció anteriormente que el país no ofrecía las garantías necesarias para desarrollar el proceso electoral.

Para celebrar elecciones sería necesario garantizar la seguridad de candidatos, votantes, funcionarios y centros de votación. También se requeriría restablecer el acceso a comunidades controladas o amenazadas por las organizaciones criminales.

El ataque en Kenscoff demuestra que ese objetivo continúa distante. Sin una reducción significativa de la violencia, Haití corre el riesgo de prolongar indefinidamente su transición política y profundizar el vacío de poder que ha facilitado el crecimiento de las pandillas.

La situación plantea además una presión creciente sobre la comunidad internacional. Aunque se han desplegado fuerzas extranjeras para respaldar a la Policía haitiana, los grupos armados conservan suficiente capacidad para atacar nuevas zonas, provocar desplazamientos y desafiar abiertamente al Estado.