Donald Trump prometió regresar a la Casa Blanca como un presidente capaz de terminar guerras y utilizar la fuerza de Estados Unidos para imponer acuerdos rápidos. A menos de tres meses de las elecciones legislativas, la prolongación del conflicto con Irán y la falta de avances decisivos en Ucrania y Gaza amenazan ahora con convertir esa promesa en una debilidad política.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, entra en la recta final hacia las elecciones legislativas de noviembre con pocos triunfos internacionales recientes que pueda presentar ante los votantes y con varios de los principales conflictos mundiales todavía abiertos.
La situación contrasta con una de las grandes promesas de su regreso al poder: presentarse como un negociador capaz de utilizar la combinación de presión económica, amenazas militares y diplomacia personal para resolver rápidamente conflictos que sus antecesores no habían conseguido cerrar.
Reuters señala que el escenario actual es mucho menos favorable. La guerra con Irán se ha prolongado, las negociaciones sobre Ucrania permanecen estancadas y tampoco existe una solución definitiva para Gaza.
Irán se convierte en el mayor problema
El frente más complicado para Trump es actualmente Irán.
El conflicto iniciado hace casi seis meses no ha producido el acuerdo que Washington buscaba y el Gobierno estadounidense prepara ahora una nueva ronda de sanciones económicas después de que las negociaciones con Teherán volvieran a estancarse.
Trump sostiene que Irán todavía no está dispuesto a aceptar las condiciones necesarias para alcanzar un acuerdo sobre su programa nuclear.
Mientras tanto, el estrecho de Ormuz continúa funcionando de forma extremadamente limitada, afectando uno de los principales corredores energéticos del mundo y manteniendo la presión sobre los precios internacionales del petróleo.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, ha anunciado que Washington prepara lo que calificó como las sanciones más duras aplicadas hasta ahora contra Teherán, incluyendo nuevas medidas destinadas a reducir las exportaciones iraníes de petróleo.
Pero la prolongación del conflicto está trasladando el problema directamente a los consumidores estadounidenses.
Los precios de los combustibles han aumentado y Trump llegó a pedir públicamente a los estadounidenses que aceptaran gasolina más cara como parte del costo de mantener la presión sobre Irán.
Ese argumento puede ser políticamente difícil de sostener durante una campaña electoral.
La popularidad de Trump cae al 33%
La combinación entre conflictos internacionales e incertidumbre económica empieza a reflejarse en las encuestas.
Un sondeo de Reuters/Ipsos publicado esta semana situó la aprobación de Trump en apenas 33%, el nivel más bajo de su actual presidencia.
El mismo estudio encontró que aproximadamente ocho de cada diez estadounidenses creen que el conflicto con Irán será prolongado, mientras crece la preocupación por el impacto de la guerra sobre la inflación y el precio de la gasolina.
El dato resulta especialmente preocupante para los republicanos porque las elecciones legislativas se celebrarán en noviembre y está en juego el control del Congreso.
Además, otro sondeo de Reuters/Ipsos encontró recientemente que los estadounidenses prefieren ahora a los demócratas sobre los republicanos para gestionar la economía, algo que no ocurría desde hacía casi una década.
Ucrania continúa sin una salida clara
La guerra entre Rusia y Ucrania representa otro de los grandes compromisos pendientes.
Trump había presentado reiteradamente su capacidad de negociación como la herramienta que permitiría alcanzar un acuerdo entre Moscú y Kiev.
Sin embargo, la guerra continúa y los aliados europeos mantienen el apoyo militar a Ucrania.
Reino Unido reiteró esta semana que continuará respaldando a Kiev frente a Rusia, mientras Europa incrementa su participación en la defensa ucraniana.
La ausencia de un acuerdo supone además un desafío para el estilo de diplomacia de Trump, basado frecuentemente en negociaciones directas, presión pública sobre aliados y adversarios y amenazas de consecuencias económicas.
Reuters señala que esa estrategia ha producido resultados mixtos y, en algunos casos, ha deteriorado las relaciones con aliados tradicionales de Estados Unidos.
Algunos éxitos, pero pocas victorias definitivas
La política exterior de Trump no carece de resultados.
La Administración consiguió éxitos que la Casa Blanca ha presentado como demostraciones de una política exterior más agresiva y poco convencional, mientras también logró impulsar temporalmente acuerdos para reducir las hostilidades en algunos conflictos.
El problema electoral es que varias de esas victorias han sido reemplazadas por nuevas crisis o no se han convertido en soluciones permanentes.
Reuters destaca que Trump obtuvo anteriormente resultados importantes, entre ellos la captura del dirigente venezolano y un alto el fuego temporal en Gaza, pero sus esfuerzos posteriores para resolver definitivamente los principales conflictos internacionales permanecen estancados.
Esto dificulta construir una narrativa sencilla de éxito precisamente cuando comienza la etapa decisiva de la campaña para renovar el Congreso.
Los adversarios pueden apostar por esperar
Existe además un problema estratégico.
Analistas consultados por Reuters consideran que gobiernos como los de Rusia, China e Irán pueden calcular que les resulta conveniente prolongar las negociaciones y esperar el resultado de las elecciones estadounidenses.
Una derrota republicana en noviembre reduciría la capacidad política de Trump durante los últimos dos años de su mandato y podría limitar su margen de maniobra tanto dentro como fuera de Estados Unidos.
Ese escenario transforma las elecciones legislativas en algo más que una disputa doméstica por el control del Congreso.
También pueden convertirse en una prueba internacional sobre cuánto poder político conservará Trump para ejecutar su política exterior.
De “pacificador” a presidente de una guerra prolongada
La paradoja es particularmente incómoda para la Casa Blanca.
Trump regresó al poder proyectando la imagen de un presidente que evitaría nuevas guerras y obligaría a los adversarios de Estados Unidos a negociar.
En cambio, a finales de agosto de 2026, Washington continúa involucrado en un conflicto prolongado con Irán, la guerra de Ucrania sigue abierta y las negociaciones sobre Gaza no han producido todavía una solución definitiva.
Con las elecciones legislativas cada vez más cerca, la pregunta ya no es únicamente si Trump conseguirá resolver alguno de esos conflictos.
La cuestión política es si podrá hacerlo antes de que los estadounidenses voten en noviembre.
De no conseguirlo, una política exterior diseñada para demostrar fuerza y capacidad negociadora podría terminar convirtiéndose en uno de los principales argumentos de sus adversarios durante la campaña.