0 9 mins 3 horas

La ofensiva diplomática encabezada por Jared Kushner consiguió establecer una nueva ruta de negociación con Israel, pero no logró resolver el principal obstáculo: Hamás exige que Israel detenga sus ataques y comience a retirarse antes de entregar las armas, mientras Benjamín Netanyahu condiciona cualquier retirada y la reconstrucción de Gaza al desarme completo del grupo palestino.

El nuevo esfuerzo estadounidense para destrabar el futuro de Gaza terminó este lunes con avances técnicos, pero sin solucionar el conflicto que mantiene paralizado el plan de paz impulsado por Donald Trump.

Jared Kushner pasó los últimos dos días reuniéndose directamente con las dos partes. El domingo conversó en Egipto con el dirigente político de Hamás, Jalil al Haya, y este lunes sostuvo durante varias horas una reunión en Jerusalén con el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

La Junta de Paz creada por Trump calificó la conversación con Netanyahu como extensa y productiva y aseguró que se alcanzó un acuerdo sobre un “camino a seguir”. Sin embargo, ese entendimiento no representa todavía un acuerdo entre Israel y Hamás. Las dos partes continúan enfrentadas sobre quién debe dar el primer paso.

El problema es el orden

El plan estadounidense plantea, en términos generales, dos grandes movimientos: el desarme de Hamás y la retirada progresiva de las fuerzas israelíes de Gaza.

Hamás ha aceptado una hoja de ruta de 15 puntos que contempla entregar sus armas por etapas, pero sostiene que para hacerlo Israel debe cumplir simultáneamente sus obligaciones, entre ellas detener los ataques y comenzar la retirada militar.

Netanyahu plantea exactamente lo contrario.

Israel no retirará tropas hasta que Hamás esté completamente desarmado y Gaza haya sido desmilitarizada.

La condición israelí incluye no solamente armamento pesado, sino también armas ligeras, infraestructura militar y túneles utilizados por las organizaciones armadas palestinas.

La diferencia puede parecer simplemente procedimental, pero en realidad concentra toda la desconfianza existente entre las partes.

Hamás teme entregar primero sus armas y posteriormente quedar expuesto a una ofensiva israelí sin capacidad para responder.

Israel considera que comenzar a retirarse antes del desarme permitiría a Hamás reorganizarse y conservar capacidad militar.

Por eso ambos exigen que el otro actúe primero.

Netanyahu consigue una condición importante

Después de la reunión de este lunes, la posición israelí parece haber ganado terreno dentro del esquema estadounidense.

Un funcionario de la Junta de Paz confirmó que Kushner y Netanyahu acordaron que no habrá un nuevo redespliegue de las fuerzas israelíes hasta que Hamás esté completamente desarmado y Gaza desmilitarizada.

También acordaron que la reconstrucción de Gaza no comenzará hasta que se produzca ese desarme.

Esto representa una enorme herramienta de presión.

La Franja permanece devastada después de años de guerra, con enormes necesidades de vivienda, infraestructura, agua potable, saneamiento, electricidad y servicios sanitarios. Condicionar la reconstrucción al desarme coloca buena parte del futuro económico y humanitario del territorio dentro de la negociación política.

Hamás dice estar dispuesto a entregar las armas

La situación tiene una particularidad que diferencia esta negociación de etapas anteriores.

Hamás ya no rechaza públicamente la posibilidad del desarme.

La Junta de Paz asegura haber recibido un compromiso del grupo para abandonar completamente su actividad militar, incluido el rearme y la construcción de nuevos túneles.

El problema es bajo qué condiciones y en qué momento.

Al Haya insistió durante las reuniones en Egipto en que Israel debe respetar primero el alto el fuego, detener los ataques y cumplir los compromisos adquiridos anteriormente.

Para Hamás, el desarme no puede producirse mientras Israel mantenga operaciones militares dentro de Gaza.

La administración Trump intenta invertir esa lógica: primero quiere acciones verificables de desarme y posteriormente presionaría a Israel para avanzar con la retirada.

Israel seguirá realizando operaciones en Gaza

Otro elemento especialmente sensible quedó sin resolver.

Netanyahu dejó claro durante su conversación con Kushner que Israel pretende mantener la capacidad de actuar militarmente dentro de Gaza cuando considere que existe una amenaza.

Israel también pretende continuar realizando ataques contra militantes vinculados al asalto de Hamás del 7 de octubre de 2023.

Hamás considera precisamente esas operaciones una violación del alto el fuego.

Desde la tregua alcanzada en octubre pasado han muerto más de 1.200 palestinos y cuatro soldados israelíes en Gaza, según cifras de las autoridades sanitarias de la Franja y del Ejército israelí recopiladas por Reuters.

La continuidad de esos ataques constituye uno de los mayores obstáculos para convencer a Hamás de iniciar el proceso de entrega de armas.

Dos grupos de trabajo intentarán romper el bloqueo

Aunque no existe todavía un acuerdo político definitivo, las reuniones produjeron al menos una estructura para continuar negociando.

Israel y la Junta de Paz establecerán dos grupos de trabajo.

El primero abordará específicamente el desarme y la desmilitarización de Gaza.

El segundo se concentrará en problemas urgentes relacionados con saneamiento, agua potable y salud pública.

La creación de esos grupos muestra que Washington intenta dividir el problema en componentes más pequeños en lugar de esperar un gran acuerdo inmediato.

También permite avanzar en cuestiones humanitarias mientras permanece bloqueada la negociación política.

Las elecciones israelíes complican todavía más el acuerdo

Netanyahu enfrenta además una variable interna que condiciona cualquier concesión.

Israel celebrará elecciones nacionales el próximo 27 de octubre y el primer ministro llega a esa votación bajo fuerte presión política.

Diplomáticos citados por Reuters consideran poco probable que Netanyahu realice importantes concesiones respecto a Gaza antes de las elecciones.

Aceptar una retirada israelí mientras Hamás conserva armas podría convertirse en un importante argumento electoral contra él.

Al mismo tiempo, la supervivencia política y militar de Hamás después de años de guerra también representa un problema para un Gobierno que había prometido eliminar completamente al movimiento.

La negociación ocurre así no solamente entre israelíes y palestinos, sino también dentro de la propia política israelí.

Trump intenta conseguir lo que la guerra no pudo resolver

La administración estadounidense enfrenta ahora una misión particularmente compleja.

Debe convencer a Hamás de entregar las armas, persuadir a Netanyahu para retirar sus tropas y conseguir que ninguno de los dos considere que está cediendo primero.

Kushner ha conseguido algo poco habitual: mantener conversaciones directas tanto con Hamás como con el Gobierno israelí durante prácticamente 48 horas consecutivas.

Pero hasta ahora eso no ha sido suficiente para romper el bloqueo.

La diplomacia estadounidense logró establecer una nueva ruta de negociación y algunos mecanismos técnicos, pero la pregunta que mantiene detenido todo el proceso continúa exactamente donde comenzó: quién debe moverse primero.

Israel exige el desarme antes de retirarse.

Hamás exige la retirada y el cumplimiento del alto el fuego para comenzar a desarmarse.

Mientras ninguna de las dos partes confíe suficientemente en la otra para dar ese primer paso, la reconstrucción de Gaza y una solución definitiva al conflicto seguirán esperando.