Colombia comienza a dejar atrás la fase inmediata de búsqueda y rescate para enfrentarse a un desafío posiblemente mucho más largo: reconstruir cientos de municipios afectados por el terremoto de magnitud 7,4 del pasado 10 de agosto. Con al menos 288 fallecidos, miles de damnificados y daños extendidos por buena parte del centro y occidente del país, especialistas calculan que la recuperación podría costar entre uno y dos puntos del PIB colombiano.
El terremoto, cuyo epicentro se localizó en el departamento del Chocó, golpeó aproximadamente a 450 municipios y dejó al menos 12.500 viviendas afectadas, además de daños importantes en escuelas, hospitales, carreteras y otras infraestructuras esenciales. Al menos 172 edificaciones colapsaron completamente.
La magnitud del desastre convirtió al terremoto en una emergencia nacional y, apenas seis días después, el país comienza a comprender que el desafío no terminará cuando desaparezcan las últimas brigadas de rescate.
Ahora comienza la reconstrucción.
Y será costosa.
Una factura que podría llegar a 40 billones de pesos
El exministro de Hacienda Juan Camilo Restrepo calcula que recuperar las zonas destruidas podría requerir recursos equivalentes a entre uno y dos puntos del Producto Interno Bruto colombiano, aproximadamente entre 20 y 40 billones de pesos.
Restrepo considera que Colombia necesitará una estrategia extraordinaria que combine recursos públicos, inversión privada y cooperación internacional, acompañada de una estructura administrativa específicamente encargada de supervisar la reconstrucción.
El desafío es todavía mayor porque el nuevo Gobierno recibe un país con restricciones fiscales importantes.
Reconstruir viviendas será solamente una parte de la factura.
También deberán repararse hospitales, centros educativos, carreteras, servicios públicos, aeropuertos y estructuras estatales dañadas en decenas de municipios.
Más de 200 centros de salud resultaron afectados, precisamente cuando el sistema sanitario necesitaba aumentar rápidamente su capacidad para atender a miles de heridos.
De la Espriella promete un “Plan Marshall” para Chocó
El presidente Abelardo de la Espriella ha anunciado un denominado “Plan Marshall” para Chocó, tomando como referencia el enorme programa estadounidense utilizado para reconstruir Europa occidental después de la Segunda Guerra Mundial.
Chocó, uno de los departamentos históricamente más pobres y rezagados de Colombia, fue además el epicentro del terremoto.
El Gobierno pretende que la reconstrucción no consista únicamente en reemplazar aquello que fue destruido, sino aprovechar la inversión para modernizar infraestructura y corregir algunas de las deficiencias históricas de la región. También se anunció la designación de una gerencia específica para coordinar la reconstrucción del departamento.
La idea podría convertir una tragedia en una oportunidad de transformación.
Pero también plantea una pregunta fundamental:
¿de dónde saldrá el dinero?
La reconstrucción deberá competir con otras necesidades presupuestarias de un Gobierno que apenas acaba de comenzar y que todavía estaba organizando su administración cuando ocurrió el terremoto.
La primera gran prueba de Abelardo de la Espriella
El desastre ocurrió solamente tres días después de la toma de posesión de De la Espriella.
Pocas administraciones latinoamericanas han enfrentado una crisis nacional de semejante magnitud tan rápidamente.
El nuevo presidente desplegó ministros por las regiones afectadas, recorrió personalmente varios departamentos y centralizó buena parte de la comunicación gubernamental sobre la emergencia.
La capacidad inicial de respuesta, sin embargo, no fue producto exclusivamente del nuevo Gobierno.
Colombia cuenta con un sistema nacional de gestión del riesgo construido durante décadas, con organismos de socorro, Fuerzas Armadas, Policía, bomberos y 23 equipos especializados de búsqueda y rescate urbano distribuidos por diferentes regiones.
Ese aparato institucional permitió que la respuesta comenzara prácticamente desde las primeras horas, incluso mientras se producía el cambio de Gobierno.
La tragedia también reveló sus límites.
La enorme extensión geográfica del desastre obligó a distribuir rescatistas, aeronaves, ambulancias y personal sanitario entre numerosos puntos simultáneamente. En varias zonas las capacidades locales fueron rápidamente superadas.
La polémica por la ayuda internacional
La respuesta de De la Espriella también ha producido controversia.
Durante las primeras horas posteriores al terremoto, Colombia rechazó el ingreso de varios equipos internacionales de búsqueda y rescate ofrecidos por distintos países y organismos, argumentando que disponía inicialmente de suficiente capacidad nacional y que la cooperación debía responder a solicitudes específicas del Gobierno.
La decisión fue cuestionada debido a que cada hora resulta crítica para localizar sobrevivientes atrapados bajo estructuras colapsadas.
La polémica aumentó porque sí fueron admitidos equipos y cooperación procedentes de determinados aliados del nuevo Gobierno, mientras otras ofertas quedaron fuera.
Washington, por ejemplo, elevó posteriormente su ayuda para la emergencia a 26,5 millones de dólares, además de enviar especialistas en manejo de desastres. Estados Unidos se ha convertido rápidamente en uno de los principales socios internacionales de la nueva administración colombiana.
De la Espriella también pidió directamente al presidente Donald Trump una suspensión temporal de determinados aranceles estadounidenses para facilitar la recuperación de las empresas colombianas afectadas.
Una oportunidad para reconstruir mejor
El terremoto dejó además una advertencia que va mucho más allá de esta emergencia.
Colombia posee normas de construcción sismorresistente y una estructura considerable para responder a terremotos, pero miles de viviendas antiguas o construidas informalmente siguen siendo vulnerables.
La destrucción de hospitales, escuelas y edificios públicos demuestra que la preparación ante terremotos no puede limitarse a disponer de buenos equipos de rescate.
La verdadera prevención ocurre antes del terremoto.
Significa reforzar edificios, controlar dónde se construye, actualizar planes territoriales y garantizar que hospitales, carreteras y servicios esenciales puedan continuar funcionando después de una catástrofe.
El terremoto del 10 de agosto puso a prueba el sistema colombiano y demostró que el país dispone de capacidades importantes.
También demostró que esas capacidades tienen límites.
La emergencia termina; la reconstrucción apenas comienza
Durante los primeros días, la prioridad fue encontrar sobrevivientes.
Ahora habrá que reconstruir casas, reabrir escuelas, recuperar hospitales, restablecer carreteras y conseguir que miles de familias puedan regresar a una vida normal.
Ese proceso probablemente tardará años.
Para Abelardo de la Espriella, el terremoto se ha convertido inesperadamente en el primer gran desafío de su Presidencia.
Su Gobierno será evaluado no solamente por cómo respondió durante las primeras horas, sino por algo mucho más difícil: qué país consiga levantar después de que desaparezcan los escombros.
Colombia sobrevivió al terremoto.
Ahora comienza la parte más larga y costosa: reconstruirse.