0 8 mins 3 horas

La tensión geopolítica en torno a Irán y el estrecho de Hormuz vuelve a colocarse en el centro de la economía global. Citi elevó su previsión promedio para el Brent en el tercer trimestre de 2026, una señal de que el mercado asume que la normalización será más lenta de lo esperado, aunque el banco todavía anticipa una caída posterior de los precios si el suministro se recompone.

Citi elevó su previsión promedio del crudo Brent para el tercer trimestre de 2026 a US$80 por barril, frente a su estimación anterior de US$75, debido al prolongado ida y vuelta en las negociaciones sobre el conflicto entre Estados Unidos e Irán.

Al mismo tiempo, mantuvo sin cambios sus previsiones para el cuarto trimestre de 2026 en US$70 y para el promedio de 2027 en US$65, lo que sugiere que ve el actual repunte más como una tensión de corto plazo que como un cambio estructural del mercado petrolero.

La reacción del mercado acompañó ese diagnóstico. El viernes, el Brent se negociaba alrededor de US$81,79 por barril, mientras el West Texas Intermediate alcanzaba aproximadamente US$78,32, en una jornada marcada tanto por la incertidumbre sobre las conversaciones con Irán como por señales de debilidad económica en Estados Unidos.

El comportamiento refleja un mercado que sigue valorando el riesgo geopolítico casi día a día.

Hormuz sigue siendo el gran punto de tensión

El trasfondo es el mismo que ha dominado la conversación energética de los últimos meses: el estrecho de Hormuz continúa siendo uno de los puntos más sensibles del planeta para el suministro de crudo.

El conflicto interrumpió de forma significativa los flujos mundiales de petróleo y provocó una fuerte volatilidad de precios. El Brent llegó a promediar alrededor de US$85 en junio, aunque luego cayó con fuerza a medida que aumentó nuevamente el tráfico de tanqueros por la zona.

Sin embargo, el reequilibrio no será inmediato.

Aunque se espera que la producción y el comercio regresen cerca de sus niveles previos al conflicto hacia finales de este año, los inventarios globales han sufrido fuertes reducciones y podrían continuar bajo presión durante buena parte del tercer trimestre.

Solo después de ese ajuste inicial podría volver una situación de mayor oferta, con inventarios creciendo otra vez hacia finales de 2026 y durante 2027.

Un petróleo caro hoy, pero posiblemente más barato mañana

Eso ayuda a entender por qué Citi puede ser más alcista en el corto plazo sin contradecir una visión más bajista para 2027.

En términos simples, el mercado ve tensión hoy porque el sistema todavía está absorbiendo el golpe del conflicto, pero muchos analistas siguen creyendo que, una vez normalizados los flujos y recompuestos los inventarios, la oferta volverá a pesar más que la demanda.

La previsión de Citi refleja justamente esa idea.

El banco espera un Brent promedio de US$80 en el tercer trimestre, pero baja su estimación a US$70 para el cuarto trimestre y a US$65 para 2027.

Es decir, no proyecta un petróleo permanentemente caro.

Proyecta un mercado todavía afectado por la geopolítica, pero con posibilidad de normalización posterior.

El impacto va mucho más allá de las estaciones de servicio

Para la economía mundial, el mensaje importa mucho más allá del mercado petrolero.

Cada repunte del Brent repercute en combustibles, transporte marítimo, electricidad, fertilizantes, alimentos y costos logísticos, además de afectar la inflación y las decisiones de los bancos centrales.

Un petróleo sostenidamente más caro también presiona a las economías importadoras, especialmente en Europa y Asia, mientras da algo de alivio fiscal a los grandes exportadores de energía.

Pero incluso para estos últimos, un precio alto por razones geopolíticas no siempre es una buena noticia.

Si el encarecimiento del petróleo frena el crecimiento global, termina debilitando también la demanda de exportaciones y la inversión.

América Latina también siente el movimiento del barril

En América Latina, el efecto tiende a ser desigual.

Países importadores de combustibles enfrentan mayores costos de transporte y presión sobre subsidios o tarifas.

Los exportadores de crudo o derivados, en cambio, pueden beneficiarse temporalmente de mayores ingresos externos y fiscales.

Pero ese beneficio tiene límites.

Un petróleo demasiado caro puede reducir el crecimiento mundial, debilitar el comercio y terminar afectando también a los países productores.

Por eso, el precio del crudo sigue siendo una variable estratégica para toda la región, incluso para economías que no producen petróleo.

El escenario de mediano plazo sigue siendo más moderado

Las proyecciones energéticas de mediano plazo continúan siendo mucho más moderadas que los movimientos recientes del mercado.

Se espera que el Brent pueda descender significativamente hacia finales de 2026 si la producción de Medio Oriente se recupera y la oferta mundial vuelve a superar al consumo.

También se proyecta una recuperación de la demanda durante 2027, aunque acompañada por una fuerte expansión de la producción global.

Esto significa que el mercado petrolero está enviando dos señales al mismo tiempo.

La primera es de alarma inmediata: la geopolítica sigue siendo capaz de encarecer con rapidez el barril y alterar las expectativas.

La segunda es de cautela a mediano plazo: si el suministro se recompone y vuelve la sobreoferta, el repunte actual podría no consolidarse.

Entre ambas señales se mueve hoy la economía mundial.

El petróleo vuelve a ser un termómetro geopolítico

Durante algunos años, el debate energético global estuvo dominado por la transición hacia renovables, vehículos eléctricos y nuevas tecnologías.

Pero los acontecimientos recientes han recordado algo fundamental: el petróleo continúa siendo una de las materias primas más importantes del sistema económico internacional.

Cuando una ruta como Hormuz queda amenazada, los mercados reaccionan inmediatamente.

Y cuando el precio del petróleo sube por miedo a una interrupción del suministro, el efecto termina llegando a prácticamente todos los sectores de la economía.

Por eso, la decisión de Citi de elevar su previsión del Brent a US$80 no es simplemente una modificación técnica de una estimación financiera.

Es otra señal de que el mercado energético mundial sigue condicionado por la incertidumbre política y militar.

En un contexto de conflicto, fragilidad logística y tensiones comerciales, el barril vuelve a funcionar como un termómetro del sistema internacional: cuando sube por miedo, no solo cambia el mercado energético, cambia también la conversación sobre inflación, crecimiento y estabilidad global.