México está experimentando una transformación silenciosa pero profunda en su estructura exportadora. El crecimiento explosivo de la inteligencia artificial ha disparado la demanda de servidores, computadoras y equipos destinados a centros de datos, colocando al país latinoamericano como uno de los nuevos centros estratégicos de manufactura tecnológica para el mercado estadounidense.
Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones mexicanas de equipos de cómputo alcanzaron aproximadamente los 82.900 millones de dólares, un incremento del 172 % respecto al mismo periodo del año anterior. El crecimiento ha sido tan acelerado que esta categoría consiguió superar por primera vez a uno de los pilares históricos de las exportaciones mexicanas: la industria automotriz.
Detrás del fenómeno está principalmente la expansión de la infraestructura necesaria para sostener la inteligencia artificial. Los grandes modelos de IA requieren enormes centros de datos equipados con miles de procesadores, servidores especializados, sistemas de almacenamiento y equipos de refrigeración. México se está convirtiendo en uno de los lugares donde parte de esa infraestructura es ensamblada antes de ser enviada hacia Estados Unidos.
El mercado estadounidense absorbe alrededor del 93,9 % de las exportaciones mexicanas de equipos de cómputo, reflejando hasta qué punto este nuevo sector está integrado con la economía de su vecino del norte. La proximidad geográfica y las ventajas comerciales proporcionadas por el T-MEC permiten que muchos de estos equipos ingresen al mercado estadounidense con cargas arancelarias considerablemente menores que las aplicadas a productos procedentes de China.
Una parte importante del nuevo ecosistema tecnológico mexicano está vinculada a empresas asiáticas, especialmente taiwanesas. Las importaciones mexicanas desde Taiwán alcanzaron 35.937 millones de dólares entre enero y mayo de 2026, un crecimiento del 233 % interanual, impulsado en gran medida por componentes destinados a equipos informáticos y servidores. Muchos de estos componentes llegan desde Asia, son integrados o ensamblados en México y posteriormente exportados hacia Estados Unidos.
Foxconn es uno de los ejemplos más visibles de esta transformación. El gigante taiwanés de manufactura electrónica ha desarrollado en México capacidades destinadas a la producción de servidores de inteligencia artificial y previamente anunció la construcción en el país de lo que describió como la mayor planta mundial dedicada a servidores de IA.
El Financial Times calcula que México ya proporciona alrededor del 40 % de las importaciones estadounidenses de servidores utilizados ampliamente en centros de datos de inteligencia artificial. Solo entre enero y mayo, las ventas mexicanas de servidores empresariales hacia Estados Unidos alcanzaron unos 46.900 millones de dólares, situando al país entre los mayores proveedores de este tipo de tecnología.
Sin embargo, el impresionante crecimiento también revela una de las principales debilidades del modelo. Buena parte de los componentes tecnológicamente más sofisticados —especialmente semiconductores y procesadores— continúan fabricándose fuera de México. El país participa principalmente en las fases de integración y ensamblaje, por lo que el valor agregado local todavía resulta limitado en comparación con el volumen de las exportaciones.
El reto para México será aprovechar este momento para avanzar hacia segmentos más complejos de la cadena tecnológica: ingeniería, diseño, investigación, fabricación de componentes y desarrollo de infraestructura. La disponibilidad de energía eléctrica, la formación de ingenieros y técnicos especializados y la incertidumbre sobre las futuras reglas comerciales con Estados Unidos aparecen entre los principales obstáculos.
El auge de la inteligencia artificial está alterando así una estructura comercial mexicana dominada durante décadas por automóviles, autopartes y manufacturas tradicionales. México todavía está lejos de convertirse en una potencia creadora de semiconductores o modelos de inteligencia artificial, pero ya ocupa un lugar cada vez más importante en algo igualmente estratégico: la infraestructura física que hace posible el funcionamiento de la IA mundial.