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El presidente de Estados Unidos elevó la presión contra Madrid por el gasto en defensa y por la posición española frente a la guerra con Irán, aunque la viabilidad legal de una ruptura comercial total sigue en duda.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este miércoles su intención de cortar el comercio con España, en una nueva escalada de tensión con uno de sus aliados dentro de la OTAN. La declaración se produjo durante la cumbre de la Alianza Atlántica en Ankara, donde el mandatario estadounidense volvió a acusar al Gobierno español de no asumir, a su juicio, suficientes compromisos en materia de defensa.

Según Reuters, Trump instruyó al secretario del Tesoro, Scott Bessent, para detener de forma inmediata los intercambios comerciales con España. La amenaza no es nueva: el presidente estadounidense ya había lanzado una advertencia similar en marzo, aunque en aquella ocasión el comercio bilateral continuó con normalidad.

El choque tiene dos motivos principales. El primero es el gasto militar. Trump reprocha a España no comprometerse con el nuevo objetivo de gasto en defensa del 5% del PIB impulsado por Washington dentro de la OTAN. Madrid, en cambio, sostiene que ya ha alcanzado el 2% del PIB en inversión estrictamente militar, el umbral que durante años funcionó como referencia central dentro de la Alianza. El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, intentó suavizar la tensión y reconoció que España “ha dado un gran paso” al alcanzar ese nivel.

El segundo punto de fricción es la posición española ante la guerra con Irán. Trump ha expresado su molestia con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, después de que Madrid se negara a permitir el uso de bases o espacio aéreo español para operaciones militares estadounidenses vinculadas al conflicto.

La respuesta de La Moncloa fue contener el choque. El Gobierno español afirmó que mantiene una “magnífica relación” social, cultural y económica con Estados Unidos y que no tiene intención de que eso cambie. También recordó que Washington mantiene superávit comercial con España y que, en materia comercial, España forma parte de la Unión Europea, por lo que no puede ser tratada como un actor aislado dentro del mercado común europeo.

Ese punto es clave para entender el alcance real de la amenaza. Aunque Trump puede intentar imponer sanciones, aranceles o restricciones a productos españoles, un embargo total contra España enfrentaría obstáculos legales. Reuters explica que, para bloquear de forma amplia las relaciones económicas con un país, el presidente estadounidense tendría que recurrir a poderes especiales como la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, que exige declarar una emergencia nacional y demostrar una amenaza “inusual o extraordinaria” para la seguridad nacional, la política exterior o la economía de Estados Unidos.

Además, las reglas comerciales de la Unión Europea establecen que las negociaciones y medidas comerciales se gestionan como bloque, no país por país. Por eso, una ofensiva directa contra España podría abrir un conflicto más amplio entre Washington y Bruselas, especialmente si la Casa Blanca intenta castigar de forma unilateral a un Estado miembro.

La relación económica entre ambos países tampoco es menor. Estados Unidos exportó bienes a España por 26.600 millones de dólares en 2025 e importó productos españoles por 21.350 millones, de acuerdo con datos del Buró del Censo citados por Reuters. España vende a Estados Unidos productos como aceite de oliva, autopartes, acero, químicos y vino, mientras que las empresas españolas tienen en territorio estadounidense uno de sus principales destinos de inversión.

Por ahora, el anuncio debe leerse más como una amenaza política de alto voltaje que como una ruptura comercial ya consumada. No obstante, el episodio profundiza la brecha entre Washington y varios aliados europeos, y coloca a España en el centro de una disputa que mezcla defensa, comercio, política exterior y el futuro de la cohesión interna de la OTAN.

Para Madrid, el reto será evitar que la tensión verbal se traduzca en medidas concretas contra sectores sensibles de su economía. Para Washington, la amenaza forma parte de una estrategia más amplia de presión sobre los aliados europeos para aumentar su gasto militar y alinearse con las prioridades geopolíticas de la Casa Blanca.

La crisis deja una señal clara: bajo la actual administración Trump, incluso los aliados tradicionales de Estados Unidos pueden convertirse en blanco de represalias comerciales si sus decisiones de defensa o política exterior chocan con la agenda de Washington.