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El presidente turco plantea convertir a su país en miembro pleno de la Organización de Cooperación de Shanghái, liderada por Pekín y Moscú. Ankara busca ampliar su margen de maniobra sin renunciar a la OTAN ni a sus relaciones con Europa y Estados Unidos.

El presidente Recep Tayyip Erdoğan reafirmó la intención de Turquía de profundizar sus relaciones con China y Rusia mediante una posible incorporación plena a la Organización de Cooperación de Shanghái, aunque aseguró que este acercamiento no representa una ruptura con Occidente.

Erdoğan realizó las declaraciones después de participar en la cumbre de la organización celebrada en Biskek, capital de Kirguistán, donde mantuvo conversaciones con el presidente ruso, Vladímir Putin, y otros líderes asiáticos.

Turquía participa actualmente como “socio de diálogo”, una categoría que le permite asistir a reuniones y colaborar en diferentes áreas, pero sin intervenir plenamente en las decisiones.

Una eventual adhesión convertiría a Turquía en el primer miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte que se incorpora al bloque euroasiático encabezado por los dos principales adversarios estratégicos de Estados Unidos.

“Convertirnos en miembros no implica separarnos de otro bloque ni darle la espalda a Occidente”, afirmó Erdoğan durante su regreso de Kirguistán.

¿Qué es la Organización de Cooperación de Shanghái?

La Organización de Cooperación de Shanghái fue creada en 2001 por China, Rusia y cuatro países de Asia Central como un foro dedicado inicialmente a la seguridad regional y el combate al terrorismo.

Actualmente cuenta con diez miembros, entre ellos China, Rusia, India, Irán, Pakistán y Bielorrusia. También aborda cooperación económica, energía, transporte, defensa y coordinación diplomática.

Aunque no constituye una alianza militar comparable con la OTAN, es considerada una plataforma que permite a China y Rusia promover un orden internacional menos dependiente de Estados Unidos.

Sus integrantes presentan intereses y rivalidades diferentes. India y Pakistán mantienen una relación conflictiva, mientras China y Rusia compiten por influencia en Asia Central. A pesar de esas diferencias, comparten el interés por reducir la capacidad occidental de condicionar sus decisiones políticas y económicas.

La incorporación de Turquía aumentaría el peso internacional de la organización. El país controla el acceso entre el mar Negro y el Mediterráneo, conecta Europa con Asia y mantiene una de las fuerzas armadas más grandes de la OTAN.

Turquía no pretende abandonar la OTAN

Turquía pertenece a la OTAN desde 1952 y continúa siendo una pieza fundamental de la defensa occidental.

Su territorio alberga importantes instalaciones militares, incluida la base aérea de Incirlik, utilizada por Estados Unidos y otros miembros de la alianza. Ankara también controla los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, que regulan el paso de barcos militares entre el Mediterráneo y el mar Negro.

La ubicación de Turquía le permite influir directamente en conflictos y rutas comerciales relacionadas con Europa, Rusia, Ucrania, Oriente Medio, el Cáucaso y Asia Central.

Abandonar la OTAN supondría perder parte de esa influencia y dejaría al país sin acceso a mecanismos occidentales de cooperación militar, inteligencia y tecnología.

Erdoğan intenta evitar esa ruptura. Su estrategia consiste en permanecer dentro de la alianza occidental mientras desarrolla relaciones económicas, energéticas y de seguridad con Rusia, China y otros actores.

Este equilibrio le permite negociar con todos los bloques y reduce su dependencia de un solo socio.

Una relación cada vez más estrecha con Rusia

Durante su encuentro en Biskek, Erdoğan y Putin discutieron la guerra en Ucrania, la navegación por el mar Negro, el comercio bilateral y nuevos proyectos energéticos.

Rusia construye la central nuclear de Akkuyu, la primera planta de este tipo en Turquía. Erdoğan confirmó que ambos gobiernos estudian ampliar la cooperación para desarrollar nuevas centrales nucleares.

Turquía también importa grandes cantidades de gas ruso y recibe millones de turistas procedentes de ese país. Después de la invasión de Ucrania, Ankara no se sumó a las sanciones económicas occidentales contra Moscú.

Sin embargo, Turquía ha suministrado drones y otros equipos militares a Ucrania, respaldó su integridad territorial y cerró los estrechos turcos a nuevos barcos de guerra rusos, de acuerdo con la Convención de Montreux.

Esta combinación refleja la política de Erdoğan: cooperar con Rusia sin aceptar completamente sus objetivos y apoyar a Ucrania sin romper los canales diplomáticos con Moscú.

Una nueva propuesta para el mar Negro

Erdoğan planteó la creación de un mecanismo que garantice la navegación segura de barcos comerciales por el mar Negro.

El mandatario advirtió que los ataques contra puertos, buques e instalaciones costeras pueden provocar una nueva crisis en las exportaciones de cereales.

Turquía y Naciones Unidas negociaron en 2022 un acuerdo que permitió transportar alimentos desde los puertos ucranianos. El convenio fue fundamental para contener los precios internacionales, especialmente en países de África y Oriente Medio dependientes del trigo de Ucrania y Rusia.

Moscú abandonó posteriormente el acuerdo, argumentando que las sanciones occidentales dificultaban sus propias exportaciones agrícolas.

Erdoğan busca recuperar el papel de Turquía como mediador y garantizar que los cargamentos comerciales puedan navegar sin convertirse en objetivos militares.

Este protagonismo diplomático es posible precisamente porque Ankara conserva relaciones con Rusia, Ucrania y Occidente.

China representa una alternativa económica

El acercamiento turco a China responde principalmente a razones económicas y estratégicas.

Pekín es uno de los principales socios comerciales de Turquía y considera al país un punto importante de conexión entre Asia y Europa dentro de la Nueva Ruta de la Seda.

Ankara busca inversiones chinas en transporte, energía, automóviles eléctricos, telecomunicaciones y tecnología. También pretende ampliar sus exportaciones y reducir la dependencia de los mercados europeos.

China, por su parte, valora la ubicación turca, sus conexiones con Asia Central y su influencia sobre países de mayoría musulmana.

La relación, sin embargo, mantiene áreas sensibles. Turquía comparte vínculos culturales y lingüísticos con la minoría uigur de China, cuya situación ha generado críticas dentro de la sociedad turca.

Erdoğan ha reducido la intensidad de sus cuestionamientos a Pekín mientras intenta atraer inversiones, pero el tema continúa limitando una asociación completamente estable.

El distanciamiento de la Unión Europea

Turquía mantiene formalmente su candidatura para ingresar en la Unión Europea, pero las negociaciones llevan años paralizadas.

Bruselas ha cuestionado el deterioro del Estado de derecho, la concentración de poder de Erdoğan, el encarcelamiento de opositores y periodistas, y los conflictos con Grecia y Chipre.

Ankara acusa a la Unión Europea de mantener al país permanentemente a sus puertas sin intención real de admitirlo.

El estancamiento ha llevado a Erdoğan a buscar alternativas en Asia, Oriente Medio y África. La Organización de Cooperación de Shanghái ofrece una plataforma donde Turquía no enfrenta las mismas exigencias democráticas que condicionan su relación con Europa.

No obstante, la Unión Europea continúa siendo su principal mercado comercial, mientras millones de ciudadanos turcos viven en países europeos. Una ruptura completa tendría costos económicos y sociales considerablemente mayores que cualquier beneficio inmediato.

Una estrategia para aumentar su autonomía

El acercamiento a la Organización de Cooperación de Shanghái no significa necesariamente que Turquía esté eligiendo a Rusia y China sobre Estados Unidos y Europa.

Erdoğan intenta consolidar al país como una potencia autónoma que negocia simultáneamente con diferentes bloques y cambia de posición según sus intereses.

Turquía compra sistemas de defensa rusos, pertenece a la OTAN, suministra armamento a Ucrania, busca inversiones chinas, mantiene una candidatura europea y desarrolla alianzas propias en Oriente Medio y Asia Central.

Esta política produce tensiones con todos sus socios, pero también convierte a Ankara en un interlocutor difícil de ignorar.

La posible adhesión al bloque liderado por China y Rusia elevaría esas tensiones. Turquía tendría que demostrar que puede participar en una organización contraria al predominio occidental sin comprometer sus obligaciones dentro de la OTAN.

Erdoğan apuesta a que la ubicación, la fuerza militar y la importancia económica de Turquía permitirán sostener ese equilibrio. Su objetivo no parece ser abandonar Occidente, sino evitar que Occidente sea la única opción disponible para Ankara.