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Teherán respondió contra instalaciones militares estadounidenses en Bahréin, Kuwait, Jordania e Irak después de una nueva ofensiva de Washington sobre la costa iraní. La escalada amenaza el tránsito petrolero por el estrecho de Ormuz y aumenta el riesgo de una guerra regional.

Estados Unidos e Irán protagonizaron su mayor intercambio de ataques desde julio, poniendo fin al periodo de relativa calma que durante aproximadamente un mes había reducido las hostilidades directas entre ambos países.

Las Fuerzas Armadas estadounidenses bombardearon instalaciones militares situadas en la costa sur de Irán, incluidos sistemas de defensa aérea, radares y recursos marítimos. Teherán respondió con el lanzamiento de misiles y drones contra instalaciones utilizadas por las fuerzas estadounidenses en Bahréin, Kuwait, Jordania e Irak.

Las autoridades de los países afectados informaron de la activación de sus sistemas de defensa. Washington aseguró inicialmente que los ataques iraníes no provocaron bajas estadounidenses ni daños significativos, aunque Teherán afirmó haber alcanzado varios objetivos militares. Las versiones no han podido ser verificadas de manera independiente.

La nueva ofensiva supone la ruptura del periodo de menor intensidad que había contenido parcialmente una guerra iniciada hace seis meses, pero que nunca llegó a resolverse mediante un acuerdo político.

Irán denuncia un ataque contra una boda

La tensión aumentó después de que las autoridades iraníes denunciaran que uno de los ataques alcanzó una vivienda donde se celebraba una boda en Kuhestak, en la provincia costera de Hormozgán.

Según el Gobierno iraní, al menos cuatro civiles, entre ellos menores de edad, murieron y otras 68 personas resultaron heridas. Imágenes difundidas por medios locales mostraron viviendas dañadas y niños atendidos en un hospital cercano.

Expertos consultados por Associated Press identificaron los fragmentos encontrados en el lugar como partes de un misil de crucero SLAM-ER, de fabricación estadounidense. Sin embargo, esto no permite determinar por sí solo quién efectuó el lanzamiento ni si la vivienda constituía el objetivo previsto.

El Comando Central de Estados Unidos reconoció estar al tanto de las denuncias y anunció que examinaría la información. Washington sostiene que sus operaciones estuvieron dirigidas exclusivamente contra objetivos militares y que no ataca deliberadamente a la población civil.

Teherán calificó el episodio como un crimen de guerra y advirtió que no quedaría sin respuesta. Horas después comenzaron los lanzamientos contra instalaciones estadounidenses distribuidas por el Golfo.

Los aliados de Washington entran en la línea de fuego

La decisión iraní de atacar objetivos situados dentro de otros países amplía el alcance político del conflicto. Bahréin, Kuwait y Jordania mantienen una estrecha cooperación militar con Estados Unidos y albergan instalaciones estratégicas utilizadas por sus fuerzas.

Aunque los ataques estuvieran dirigidos contra posiciones estadounidenses, su ejecución dentro del territorio de terceros países expone directamente a sus poblaciones e infraestructuras. Los gobiernos árabes consideran que estas acciones vulneran su soberanía y podrían obligarlos a involucrarse de manera más activa en la confrontación.

En Irak, las autoridades de la región del Kurdistán informaron de la interceptación de diez drones cargados con explosivos en las proximidades de Erbil, donde Estados Unidos mantiene presencia militar.

La escalada también alcanzó a otros frentes. Israel activó sus defensas y denunció el lanzamiento de drones por parte de Hezbolá contra sus soldados en el sur del Líbano. Estos movimientos alimentan el temor de que las milicias aliadas de Irán vuelvan a operar simultáneamente en distintos puntos de Oriente Medio.

El estrecho de Ormuz vuelve al centro del conflicto

El control del estrecho de Ormuz constituye uno de los principales motivos de la confrontación. Antes de la guerra, aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente atravesaba este paso marítimo que conecta el Golfo Pérsico con el océano Índico.

Estados Unidos acusa a Irán de intentar atacar barcos comerciales y colocar minas en la zona. Teherán, por su parte, utiliza su capacidad para restringir el tránsito como una herramienta de presión política y económica.

La circulación marítima cayó drásticamente tras los últimos ataques. Datos preliminares de Kpler indican que solamente cuatro embarcaciones de carga atravesaron el estrecho el martes, frente a diez durante la jornada anterior y un promedio de aproximadamente trece durante los últimos diez días.

La reducción del tránsito refleja la creciente cautela de las compañías navieras, algunas de las cuales han desconectado sus sistemas de identificación para disminuir el riesgo de ser localizadas.

Los precios del petróleo Brent subieron hasta situarse alrededor de los 95 dólares por barril, mientras los mercados internacionales reaccionaban al peligro de nuevas interrupciones en el suministro energético.

Trump enfrenta una guerra cada vez más costosa

La prolongación del conflicto representa también un problema político para Donald Trump. El mandatario había prometido una operación limitada, pero seis meses después Estados Unidos continúa desplegando fuerzas y recursos militares en Oriente Medio.

La guerra ha elevado los precios de los combustibles, incrementado el gasto público y extendido las operaciones de la Marina estadounidense. Todo ello ocurre a pocos meses de las elecciones legislativas de noviembre, cuando el Partido Republicano intentará conservar su poder en el Congreso.

La administración estadounidense sostiene que la presión militar y económica está debilitando a Irán. La moneda iraní alcanzó un nuevo mínimo histórico y el bloqueo ha reducido considerablemente los ingresos petroleros de Teherán.

Sin embargo, Irán conserva capacidad para atacar bases estadounidenses, amenazar a los países aliados de Washington e interrumpir el transporte marítimo. Esto dificulta que cualquiera de las partes pueda declarar una victoria clara.

Sin una salida diplomática inmediata

Los intentos de mediación realizados durante los últimos meses no han producido un acuerdo duradero. Irán exige garantías sobre su seguridad y el levantamiento de las restricciones económicas, mientras Washington reclama el fin de su programa nuclear y de las amenazas contra la navegación en Ormuz.

China, Pakistán, Egipto y Catar llamaron a detener los ataques y retomar la vía diplomática. No obstante, la confianza entre las partes se encuentra prácticamente destruida y ninguna parece dispuesta a realizar concesiones mientras considere que todavía puede mejorar su posición mediante la fuerza.

El escenario deja a Oriente Medio nuevamente al borde de una confrontación regional abierta. Un ataque con numerosas víctimas estadounidenses, una operación iraní contra infraestructura petrolera o un nuevo incidente con civiles podría provocar una respuesta mucho más amplia y arrastrar directamente al conflicto a otros países del Golfo.