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Un nuevo estudio de la NASA revela que bacterias y hongos comunes transportados accidentalmente por astronautas podrían sobrevivir en algunas de las zonas más frías y oscuras del polo sur lunar. El hallazgo plantea un problema inesperado para las futuras misiones: distinguir qué sustancias pertenecen realmente a la Luna y cuáles fueron llevadas desde la Tierra.

La próxima gran amenaza para la exploración científica de la Luna podría ser microscópica.

Investigadores de la NASA descubrieron que varios microorganismos terrestres asociados a los seres humanos podrían sobrevivir en determinadas zonas del polo sur lunar, precisamente la región en la que Estados Unidos y otras potencias espaciales esperan concentrar buena parte de sus futuras misiones tripuladas.

El estudio, publicado el 19 de agosto de 2026 en la revista Science Advances, analizó bacterias y hongos que podrían viajar accidentalmente junto con astronautas, trajes espaciales, vehículos o instalaciones humanas. Los resultados muestran que algunos de ellos podrían mantenerse vivos en pequeñas zonas protegidas de la radiación solar. (NASA Science)

No significa que la Luna esté a punto de llenarse de microorganismos terrestres.

Los científicos enfatizan una diferencia fundamental: sobrevivir no significa crecer ni reproducirse.

Las condiciones lunares siguen siendo extremadamente hostiles para la vida. No existe una atmósfera significativa y tampoco hay agua líquida estable en la superficie que permita a estas especies establecer colonias.

El problema es otro: algunos microorganismos podrían permanecer en estado latente durante suficiente tiempo como para alterar futuras investigaciones científicas. (NASA Science)

El lugar más interesante de la Luna también puede ser el más vulnerable

El polo sur lunar se ha convertido en una de las regiones más valiosas del sistema solar para la exploración.

A diferencia de las zonas ecuatoriales visitadas por las misiones Apollo, existen allí enormes cráteres cuyos interiores permanecen permanentemente alejados de la luz solar.

Estas regiones de sombra permanente, conocidas como PSR por sus siglas en inglés, pueden alcanzar temperaturas extremadamente bajas y conservar depósitos de hielo y otras sustancias durante miles de millones de años.

Precisamente por eso resultan tan atractivas.

El hielo podría proporcionar agua para futuros astronautas y eventualmente utilizarse para producir oxígeno o combustible. Pero estas mismas zonas extremadamente frías y oscuras pueden actuar también como refugios para organismos terrestres que accidentalmente lleguen hasta ellas. (NASA Science)

Scientific American señala que algunas áreas sombreadas del polo lunar pueden alcanzar aproximadamente -201 grados Celsius, mientras lugares expuestos al Sol pueden superar los 50 grados. La ausencia de radiación ultravioleta directa en las zonas oscuras es precisamente lo que aumenta las posibilidades de supervivencia microbiana. (Scientific American)

Cinco microorganismos puestos a prueba

Los investigadores no eligieron criaturas exóticas diseñadas para sobrevivir en ambientes extremos.

Seleccionaron microorganismos relativamente comunes que ya han aparecido en entornos relacionados con vuelos espaciales o que pueden encontrarse asociados a los seres humanos.

Entre ellos están la bacteria Bacillus subtilis, Staphylococcus aureus, Deinococcus radiodurans, el hongo Aspergillus niger y distintas especies de Fusarium. (NASA Science)

Aspergillus niger resulta particularmente interesante.

Es un hongo conocido en la Tierra y que incluso ha sido encontrado dentro de la Estación Espacial Internacional. Experimentos anteriores demostraron que puede soportar condiciones exteriores de la estación espacial que inicialmente parecían demasiado agresivas para organismos de este tipo. (NASA Science)

Los científicos combinaron información sobre la resistencia al calor y a la radiación ultravioleta de estas especies con modelos detallados del ambiente lunar.

Después simularon lo que ocurriría en tres zonas próximas al polo sur: Nobile Rim, Connecting Ridge y De Gerlache Rim.

El resultado fue la aparición de múltiples pequeñas áreas donde los microorganismos podrían mantenerse viables.

Hasta una huella de astronauta podría crear un refugio

Uno de los detalles más sorprendentes de la investigación es el tamaño que pueden tener esas zonas protegidas.

No todas necesitan ser enormes cráteres.

La particular geometría del polo lunar hace que el Sol permanezca muy cerca del horizonte. Una roca, una pequeña elevación del terreno o incluso una modificación de la superficie puede proyectar sombras durante períodos prolongados.

Los modelos encontraron zonas potencialmente habitables que van desde el fondo de grandes cráteres hasta espacios comparables con la huella de una bota de astronauta. (NASA Science)

Prabal Saxena, científico planetario del Centro Goddard de la NASA y líder de la investigación, explicó que podrían existir auténticas “microregiones permanentemente sombreadas”.

Paradójicamente, la propia llegada de astronautas podría generar algunas.

Los seres humanos son una fuente inevitable de contaminación

Los científicos espaciales llevan décadas intentando evitar que las sondas terrestres contaminen los mundos que visitan.

Las naves robóticas pueden someterse a procedimientos muy agresivos de esterilización. NASA señala que algunos componentes pueden calentarse a temperaturas superiores a 200 grados Celsius para reducir drásticamente la cantidad de organismos presentes. (NASA Science)

Eso no puede hacerse con seres humanos.

Nuestro cuerpo transporta permanentemente enormes cantidades de microorganismos.

Según la NASA, una pequeña superficie de piel aproximadamente del tamaño de la goma de borrar de un lápiz puede contener alrededor de un millón de bacterias. Estas pueden desprenderse dentro de hábitats o escapar mediante sistemas asociados a los trajes espaciales. (NASA Science)

Por mucho que una misión intente mantener limpio su equipamiento, llevar astronautas significa inevitablemente llevar parte de la biología terrestre.

El peligro no es crear vida en la Luna

Existe un matiz importante.

El estudio no sostiene que estos microorganismos puedan colonizar la Luna.

Los investigadores no han encontrado evidencias de que el entorno lunar proporcione los elementos necesarios para que bacterias u hongos crezcan y se multipliquen.

Sin agua líquida, una atmósfera adecuada y temperaturas moderadas, establecer una población activa sería extraordinariamente difícil. (NASA Science)

El verdadero riesgo es científico.

La Luna conserva materiales extremadamente antiguos que permiten estudiar la formación del sistema solar, el origen de la propia Luna e incluso procesos relacionados con la historia temprana de la Tierra.

Si los astronautas introducen material orgánico terrestre, los investigadores del futuro podrían encontrarse ante una pregunta complicada:

¿esto estaba aquí antes de nuestra llegada o lo trajimos nosotros?

Una lección especialmente importante antes de viajar a Marte

La NASA considera que el problema lunar puede servir como entrenamiento para un desafío todavía mayor: Marte.

En la Luna, los científicos pueden conocer previamente qué microorganismos viajan con los astronautas, estudiar dónde terminan y comprobar cuánto tiempo consiguen sobrevivir.

Eso permitiría desarrollar procedimientos de descontaminación mucho más eficaces antes de enviar seres humanos a lugares donde exista una posibilidad real de encontrar evidencias de vida extraterrestre.

Andrew Needham, científico del Centro Goddard y especialista en control de contaminación de las muestras del programa Artemis, resume el dilema: antes de buscar vida en Marte será imprescindible asegurarse de que cualquier señal biológica encontrada no haya llegado desde la Tierra con los propios exploradores. (NASA Science)

Artemis cambia las reglas de la exploración lunar

El descubrimiento llega precisamente cuando la exploración lunar está entrando en una nueva etapa.

Las misiones Apollo llevaron únicamente doce personas a caminar sobre la Luna entre 1969 y 1972, todas ellas en regiones relativamente cercanas al ecuador.

La próxima generación de exploración será diferente.

El programa Artemis pretende enviar astronautas hacia regiones próximas al polo sur, mientras Estados Unidos estudia una presencia humana mucho más prolongada. Scientific American señala que futuras misiones tripuladas podrían alcanzar esta región desde 2028 y que los planes estadounidenses contemplan posteriormente instalaciones de carácter permanente. (Scientific American)

China y otros países también consideran el polo sur lunar una zona estratégica.

La consecuencia es evidente: la Luna dejará de recibir visitas breves y aisladas para comenzar a experimentar una presencia humana mucho más frecuente.

Y con cada astronauta llegarán también microorganismos.

Antes de ocupar la Luna habrá que saber exactamente qué había allí

Los investigadores proponen establecer una especie de línea base biológica y química antes de que la presencia humana transforme determinados lugares.

Eso significa analizar cuidadosamente el suelo, el hielo y los materiales orgánicos presentes en las regiones polares antes de que comiencen operaciones humanas intensivas.

Una vez que campamentos, vehículos, equipos y astronautas lleven años trabajando en una misma región, separar la química lunar original de la contaminación terrestre será cada vez más complicado.

El descubrimiento introduce así una paradoja en la nueva carrera lunar.

Los seres humanos quieren regresar a la Luna para comprender mejor un mundo prácticamente intacto durante miles de millones de años, pero nuestra sola presencia puede empezar a modificar aquello que queremos estudiar.

La contaminación quizá sea microscópica.

Su impacto sobre la ciencia lunar podría no serlo.