México y Perú han decidido cerrar uno de los enfrentamientos diplomáticos más prolongados de los últimos años en América Latina. La normalización entre los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Keiko Fujimori supone un giro pragmático entre dos administraciones ideológicamente distantes y abre nuevamente espacios para la cooperación política, comercial y regional.
México y Perú vuelven a tener relaciones diplomáticas plenas.
Después de años de enfrentamientos iniciados tras la caída del expresidente peruano Pedro Castillo y de una ruptura formal ocurrida en noviembre de 2025, los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Keiko Fujimori acordaron restablecer sus vínculos y comenzar el proceso de normalización entre dos de las principales economías latinoamericanas del Pacífico.
El acuerdo representa algo más que la reapertura de canales diplomáticos.
México y Perú se encuentran prácticamente en extremos opuestos del espectro político regional: Sheinbaum gobierna desde la izquierda mexicana, mientras Fujimori encabeza una administración vinculada históricamente con la derecha peruana. Sin embargo, ambos gobiernos optaron por separar sus diferencias ideológicas de la necesidad de mantener relaciones institucionales entre Estados.
Ese pragmatismo puede convertirse en uno de los elementos más importantes de la nueva etapa.
Una crisis que comenzó con Pedro Castillo
El deterioro de las relaciones entre ambos países se remonta a diciembre de 2022, cuando Pedro Castillo intentó disolver el Congreso peruano y posteriormente fue detenido y destituido.
El entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador cuestionó duramente la sucesión presidencial de Dina Boluarte, mantuvo su respaldo político a Castillo y otorgó asilo a familiares del expresidente peruano. Lima respondió reduciendo progresivamente sus relaciones con México y retirando a su embajador.
La tensión continuó durante el gobierno de Claudia Sheinbaum.
El punto de ruptura llegó en noviembre de 2025, cuando México concedió asilo diplomático a Betssy Chávez, ex primera ministra de Castillo, quien se encontraba en la embajada mexicana en Lima. El gobierno peruano respondió rompiendo formalmente relaciones diplomáticas con México.
Durante meses, el caso Chávez se convirtió en uno de los principales obstáculos para cualquier reconciliación.
La llegada de Keiko Fujimori a la presidencia peruana abrió finalmente una oportunidad para resolverlo.
Betssy Chávez desbloquea la relación
El nuevo gobierno peruano concedió un salvoconducto que permitió a Betssy Chávez abandonar la embajada mexicana y viajar a México, donde recibió asilo.
Perú mantiene la posibilidad de buscar posteriormente su extradición, pero la solución permitió eliminar el principal conflicto inmediato entre ambos gobiernos.
Poco después, México y Perú anunciaron oficialmente el restablecimiento de sus relaciones diplomáticas.
Las dos partes acordaron reabrir sus canales institucionales y avanzar hacia la normalización de sus respectivas representaciones diplomáticas.
Brasil había representado los intereses mexicanos en Perú durante el periodo de distanciamiento, una función que pierde progresivamente sentido conforme las embajadas recuperan sus operaciones normales.
Sheinbaum y Fujimori rompen con la lógica de bloques
La fotografía política detrás del acuerdo resulta especialmente significativa.
México y Perú no han eliminado sus diferencias sobre Pedro Castillo. Sheinbaum mantiene posiciones críticas sobre lo ocurrido en Perú y el gobierno mexicano no ha renunciado a su postura respecto al expresidente peruano.
Fujimori tampoco ha modificado las posiciones fundamentales del Estado peruano.
Lo que ambos gobiernos han decidido es que esas diferencias no deben impedir las relaciones diplomáticas entre dos países con vínculos históricos, económicos y culturales importantes.
En una América Latina caracterizada durante los últimos años por frecuentes enfrentamientos entre gobiernos de izquierda y derecha, la decisión introduce una lógica diferente: mantener abiertas las relaciones institucionales aun cuando existan profundas discrepancias ideológicas.
Ese podría ser el verdadero valor político del acuerdo.
Comercio, turismo y Alianza del Pacífico
La normalización también tiene una dimensión económica.
México y Perú forman parte de la Alianza del Pacífico, junto con Chile y Colombia, un mecanismo creado precisamente para facilitar la integración económica, el comercio y la movilidad entre algunas de las economías latinoamericanas más vinculadas con los mercados del Pacífico.
El deterioro político entre Lima y Ciudad de México había complicado durante años la capacidad del bloque para funcionar con normalidad.
La recuperación de la relación bilateral puede facilitar nuevamente la coordinación dentro de la organización y abrir oportunidades para impulsar comercio, inversiones, turismo y cooperación empresarial.
También puede tener efectos sobre la movilidad entre ambos países.
Las tensiones diplomáticas habían alcanzado incluso el régimen de visados y otras áreas de relación cotidiana entre mexicanos y peruanos. Una etapa de cooperación ofrece ahora la posibilidad de revisar gradualmente algunos de esos obstáculos.
Una señal para América Latina
La reconciliación tiene además una lectura regional.
Durante buena parte de la última década, las relaciones entre varios gobiernos latinoamericanos han quedado subordinadas a afinidades ideológicas. Cambios de gobierno han provocado rupturas diplomáticas, retiro de embajadores y enfrentamientos públicos incluso entre países tradicionalmente cercanos.
El acercamiento entre Sheinbaum y Fujimori ofrece un modelo diferente.
Una presidenta de izquierda y otra de derecha han decidido reconstruir una relación bilateral sin exigir que la otra abandone previamente sus posiciones políticas. Esa decisión no elimina las diferencias, pero devuelve la discusión al terreno diplomático.
La recuperación de los vínculos también puede favorecer una mayor coordinación regional frente a desafíos que requieren cooperación independientemente de la ideología de cada gobierno, desde comercio y migración hasta cambio climático y nuevas tecnologías.
Del enfrentamiento al pragmatismo
México y Perú necesitarán tiempo para reconstruir completamente una relación dañada durante casi cuatro años.
Persisten diferencias políticas importantes y algunos de los acontecimientos que provocaron la crisis continúan teniendo consecuencias judiciales y diplomáticas.
Pero el cambio de dirección ya es evidente.
México y Perú han pasado de una política basada en el enfrentamiento entre gobiernos a otra basada en la convivencia entre Estados.
En una región donde la polarización ideológica ha convertido demasiadas veces las relaciones internacionales en una extensión de las disputas domésticas, el acuerdo entre Claudia Sheinbaum y Keiko Fujimori puede terminar teniendo un significado mayor que la simple reapertura de dos embajadas.
Es también una señal de que la diplomacia latinoamericana puede volver a funcionar incluso entre gobiernos que piensan radicalmente distinto.