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A menos de dos meses de las elecciones presidenciales, Brasil se prepara para una campaña marcada por la polarización, el regreso del apellido Bolsonaro a las urnas y una ventaja todavía estrecha del presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Brasil comienza a entrar en la fase decisiva de una elección que tendrá repercusiones mucho más allá de sus fronteras. El próximo 4 de octubre, más de 155 millones de ciudadanos están llamados a las urnas para elegir presidente, gobernadores, senadores y diputados, en unos comicios que vuelven a colocar frente a frente los dos grandes bloques que han dominado la política brasileña durante los últimos años.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva buscará un cuarto mandato frente a una derecha que, tras quedar Jair Bolsonaro fuera de la competencia, ha encontrado en su hijo Flávio Bolsonaro al principal candidato para intentar recuperar el poder.

Las encuestas muestran por ahora una elección competitiva. Sondeos recientes citados por El País colocan a Lula alrededor del 44% de intención de voto frente al 39% de Flávio Bolsonaro, una diferencia suficientemente pequeña como para mantener abierta la carrera y hacer probable que la presidencia termine definiéndose en una segunda vuelta.

El bolsonarismo intenta cerrar sus divisiones

Uno de los principales desafíos de Flávio Bolsonaro ha sido conseguir que el movimiento construido alrededor de su padre llegue unido a la campaña.

Las diferencias internas quedaron expuestas en las últimas semanas, especialmente después de un enfrentamiento público entre Michelle Bolsonaro y Flávio Bolsonaro. Sin embargo, ambos escenificaron recientemente una reconciliación en la sede del Partido Liberal en Brasilia, enviando una señal de unidad justo antes del inicio oficial de la propaganda electoral.

Michelle Bolsonaro puede convertirse además en una figura importante durante la campaña. Su presencia tiene particular peso entre sectores conservadores, mujeres y votantes evangélicos, espacios donde el bolsonarismo necesita movilizar a su base para reducir la diferencia con Lula.

Flávio, por su parte, ha intentado construir una imagen menos confrontativa que la de su padre y ampliar su atractivo hacia votantes de centroderecha. Sin embargo, hasta ahora no ha conseguido formar una gran coalición alrededor de su candidatura. Mientras Lula concurre respaldado por una alianza de varios partidos, el candidato del Partido Liberal llega a esta etapa con una estructura política más limitada.

Lula apuesta por soberanía, seguridad y políticas sociales

El oficialismo también ha comenzado a definir los ejes de su campaña.

La coalición de Lula presentó recientemente un programa centrado en la defensa de la soberanía brasileña, la reducción de la desigualdad, la seguridad pública y la lucha contra el crimen organizado. El presidente busca combinar así los temas sociales tradicionalmente asociados a la izquierda brasileña con asuntos como seguridad y defensa nacional, que han ganado importancia dentro del debate político.

La creciente tensión diplomática con Estados Unidos también ha entrado en la campaña. Lula ha acusado al Gobierno estadounidense de intentar influir en el proceso electoral brasileño y ha utilizado el conflicto para reforzar su discurso de defensa de la soberanía nacional.

Este escenario podría terminar jugando un papel relevante en octubre: mientras Flávio Bolsonaro mantiene vínculos ideológicos con sectores cercanos al presidente estadounidense Donald Trump, Lula intenta presentarse como garante de la autonomía política brasileña frente a cualquier presión extranjera.

La campaña comienza oficialmente el 16 de agosto

El calendario electoral entra ahora en una etapa clave.

Los partidos tienen hasta el 15 de agosto para registrar formalmente sus candidaturas y, desde el 16 de agosto, queda autorizada la propaganda electoral general en las calles y en internet. La propaganda gratuita por radio y televisión comenzará el 28 de agosto.

La primera vuelta será el 4 de octubre. Si ningún candidato consigue la mayoría necesaria, Brasil celebrará una segunda vuelta el 25 de octubre.

Todo apunta, por tanto, a varias semanas de intensa confrontación política.

Más que una elección entre dos candidatos, Brasil vuelve a enfrentarse a una disputa entre dos proyectos que representan visiones profundamente diferentes del país. Lula intenta consolidar el regreso de la izquierda al poder iniciado en 2023, mientras Flávio Bolsonaro busca demostrar que el movimiento creado por su padre puede sobrevivir políticamente sin Jair Bolsonaro encabezando personalmente la papeleta.

Con una ventaja todavía reducida, un electorado altamente polarizado y la campaña formal apenas por comenzar, la mayor democracia de América Latina entra en una elección cuyo resultado tendrá efectos directos sobre el equilibrio político y diplomático de toda la región.