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Colombia entra en una fase de alta tensión política tras las nuevas declaraciones del presidente saliente Gustavo Petro, quien volvió a desconocer el triunfo electoral de Abelardo de la Espriella y afirmó que el verdadero ganador de la segunda vuelta presidencial fue Iván Cepeda.

El mandatario colombiano aseguró en X que existen “evidencias de un fraude electoral por vía algorítmica” y sostuvo que la victoria de De la Espriella se habría producido mediante “algoritmos desde California” elaborados por “empresas de inteligencia privada de Israel”. Petro también afirmó que las justicias de Colombia y Estados Unidos recibirán pruebas, al alegar que los presuntos delitos se cometieron en territorio estadounidense.

Las acusaciones elevan el conflicto político a menos de un mes del cambio de mando, previsto para el 7 de agosto. De la Espriella fue declarado presidente electo tras una segunda vuelta celebrada el 21 de junio, en la que derrotó por estrecho margen al candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda. El Consejo Nacional Electoral confirmó el resultado final con 12.960.166 votos para De la Espriella y 12.708.312 para Cepeda, una diferencia de 251.854 sufragios.

Hasta ahora, las denuncias de Petro no han venido acompañadas de pruebas públicas concluyentes. Además, observadores internacionales como la Unión Europea y el Centro Carter han respaldado la organización y transparencia del proceso electoral, aunque en un contexto de fuerte polarización política. La misión europea calificó la segunda vuelta como un proceso transparente y bien organizado, mientras el Centro Carter reconoció a las autoridades colombianas por una elección pacífica y con alta participación.

La crisis también impactó el proceso de transición. Abelardo de la Espriella suspendió el empalme con el gobierno saliente después de que Petro insistiera en desconocer su victoria. El presidente electo acusó al actual gobierno de corrupción e irregularidades, mientras el ministro de Hacienda, Germán Ávila, defendió el carácter institucional del proceso y también dio por frenada la cooperación desde el Ejecutivo saliente.

El caso abre un escenario delicado para Colombia: por un lado, el presidente saliente insiste en una denuncia de enorme gravedad que, de probarse, tendría implicaciones judiciales internacionales; por otro, las autoridades electorales y los observadores externos han validado el resultado que convierte a De la Espriella en presidente electo.

Iván Cepeda, quien inicialmente cuestionó irregularidades durante el conteo, terminó aceptando el resultado del escrutinio oficial, aunque dejó claro que asumirá una oposición activa y vigilante. Esa posición contrasta con la estrategia de Petro, que ha optado por elevar la disputa al terreno de la legitimidad política y la movilización social.

La transición colombiana queda así marcada por una doble fractura: institucional, por la suspensión del empalme; y política, por la negativa del presidente saliente a reconocer plenamente al gobierno entrante. En una democracia históricamente tensionada por la violencia, la polarización y la desconfianza institucional, el desafío inmediato será evitar que la disputa poselectoral derive en una crisis de gobernabilidad antes incluso de la posesión presidencial.