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La rentabilidad de los bonos del Tesoro alcanzó sus niveles más altos en varios años, encareciendo los préstamos, dificultando la refinanciación de deuda y elevando el riesgo de impago entre las compañías más débiles.

La venta masiva de bonos del Tesoro estadounidense está elevando el costo del crédito y aumentando la presión sobre las empresas con mayores niveles de endeudamiento y calificaciones financieras más bajas.

El rendimiento de los bonos estadounidenses a diez años se aproximó al 4,8 %, uno de sus niveles más elevados desde 2023. Los títulos a treinta años superaron el 5,2 %, reflejando la exigencia de los inversionistas de recibir una mayor compensación para prestar dinero a largo plazo.

El movimiento afecta directamente a empresas, consumidores y gobiernos. Los bonos del Tesoro son utilizados como referencia para calcular los intereses de hipotecas, préstamos comerciales, tarjetas de crédito y emisiones de deuda corporativa.

Cuando aumenta su rentabilidad, también tiende a subir el costo de obtener financiamiento en buena parte de la economía.

Las compañías más débiles pagan el precio

Las empresas con calificación crediticia CCC o inferior enfrentan las mayores dificultades. Se trata de compañías consideradas altamente vulnerables y con una posibilidad elevada de incumplir sus obligaciones.

La diferencia entre los intereses exigidos a estas empresas y los correspondientes a los bonos del Tesoro alcanzó aproximadamente 10,53 puntos porcentuales. Un año antes, esa brecha se situaba cerca de 8,08 puntos.

Esto significa que una compañía de alto riesgo podría verse obligada a pagar intereses superiores al 15 % para emitir nueva deuda, una carga que puede resultar insostenible para negocios con ingresos débiles o grandes vencimientos pendientes.

Muchas de esas empresas fueron estructuradas durante el periodo de intereses excepcionalmente bajos posterior a la crisis financiera y la pandemia. Ahora deben refinanciar sus obligaciones en un entorno completamente diferente.

Las acciones relacionadas con impagos y reestructuraciones aumentaron alrededor de un 9 % durante 2026 y alcanzaron los 40.100 millones de dólares. Al mismo tiempo, los inversionistas están recuperando apenas un 29 % del dinero comprometido en las deudas incumplidas, frente a un promedio histórico cercano al 40 %.

Los sectores más expuestos incluyen telecomunicaciones por cable, televisión satelital, industria, empaques y otras actividades con elevados costos operativos.

Inflación, deuda pública e inversiones en IA

El aumento de los rendimientos responde a una combinación de factores. La inflación continúa por encima de los niveles considerados cómodos por la Reserva Federal, reduciendo las expectativas de recortes rápidos en los tipos de interés.

La deuda del Gobierno estadounidense también superó los 40 billones de dólares y los déficits fiscales permanecen cerca del 6 % del producto interno bruto. Para financiarse, el Tesoro debe colocar un volumen creciente de bonos en el mercado.

Una oferta mayor requiere compradores dispuestos a proporcionar el dinero. Si la demanda no crece al mismo ritmo, el Gobierno debe ofrecer intereses más elevados.

A esa presión se suma el endeudamiento de las grandes empresas tecnológicas, que necesitan financiar centros de datos, infraestructura eléctrica y procesadores para expandir sus operaciones de inteligencia artificial.

Aunque estas compañías poseen balances más sólidos, el volumen de capital requerido por la expansión de la IA está absorbiendo una parte importante de la liquidez disponible en los mercados.

Los precios elevados del petróleo y las tensiones geopolíticas también alimentan las expectativas de inflación, dificultando que los bancos centrales reduzcan los intereses.

Empresas fuertes y débiles toman caminos diferentes

El deterioro no afecta por igual a todo el sector corporativo. Las compañías con buenas calificaciones crediticias continúan encontrando compradores para sus bonos y se benefician de ganancias relativamente sólidas.

El verdadero problema se concentra en empresas que dependen de refinanciar continuamente sus deudas y que no generan suficiente efectivo para pagar intereses elevados.

Esta separación crea un mercado de dos velocidades. Las corporaciones de mayor calidad mantienen acceso al crédito, mientras las más vulnerables deben aceptar condiciones cada vez más costosas, vender activos o negociar reestructuraciones.

Los inversionistas también se han vuelto más selectivos. Ya no basta con ofrecer intereses altos: exigen garantías adicionales y descuentan la posibilidad de recuperar menos dinero si la empresa fracasa.

Riesgo para el resto de la economía

El encarecimiento de la deuda puede reducir la inversión empresarial, provocar despidos y acelerar quiebras entre las compañías más frágiles.

Los consumidores también podrían enfrentar tasas hipotecarias más elevadas y mayores costos para financiar vehículos o compras mediante tarjetas de crédito.

Fuera de Estados Unidos, el aumento de la rentabilidad de los bonos estadounidenses atrae capital hacia ese mercado y obliga a otros países a ofrecer intereses más altos para competir. Las economías emergentes son especialmente vulnerables porque una parte de sus obligaciones está denominada en dólares.

Por ahora, los datos no indican una crisis financiera comparable con la de 2008. Los grandes bancos y las empresas de mejor calidad mantienen posiciones relativamente sólidas.

Sin embargo, el deterioro de los prestatarios más débiles puede actuar como una señal de advertencia. Si los rendimientos permanecen elevados durante un periodo prolongado, las dificultades podrían extenderse gradualmente hacia empresas con mejores calificaciones, consumidores y gobiernos locales.

La principal amenaza no es solamente que los intereses hayan aumentado, sino que permanezcan altos durante más tiempo del esperado.


Fuentes de referencia