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Más de mil personas murieron en ataques con drones durante los primeros cinco meses del año, mientras redes internacionales suministran tecnología, combatientes y apoyo logístico a los bandos enfrentados

Armas, drones, combatientes extranjeros y complejas redes logísticas están aumentando la capacidad destructiva de los grupos enfrentados en Sudán y prolongando una de las mayores crisis humanitarias del mundo, según una investigación de Naciones Unidas.

La Misión Internacional Independiente de Investigación sobre Sudán concluyó que tanto las Fuerzas Armadas sudanesas como el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido han utilizado drones en operaciones que causaron numerosas víctimas civiles.

Más de mil personas murieron en ataques con estos dispositivos durante los primeros cinco meses de dos mil veintiséis.

Los investigadores acusaron a ambos bandos de cometer graves violaciones del derecho internacional humanitario. Algunas de las operaciones analizadas podrían constituir crímenes de guerra debido a que alcanzaron viviendas, mercados, hospitales y otras instalaciones civiles.

La incorporación de drones de mayor alcance permite atacar ciudades y comunidades alejadas de los frentes tradicionales, ampliando considerablemente la zona afectada por el conflicto.

Una lucha por el poder que destruyó el país

La guerra comenzó en abril de dos mil veintitrés como resultado de una disputa entre el Ejército, dirigido por el general Abdel Fattah al Burhan, y las Fuerzas de Apoyo Rápido, comandadas por Mohamed Hamdan Dagalo, conocido como Hemedti.

Ambos generales habían colaborado en el derrocamiento del Gobierno civil y compartieron temporalmente el control del país. La alianza terminó cuando surgieron desacuerdos sobre la integración de los paramilitares dentro de las Fuerzas Armadas y la distribución del poder.

Los combates se extendieron rápidamente desde la capital, Jartum, hacia Darfur, Kordofán y otras regiones.

Al menos cincuenta y nueve mil personas han muerto según los registros documentados, aunque organizaciones humanitarias consideran que la cifra real podría ser considerablemente mayor.

Más de trece millones de personas han abandonado sus hogares y algunas estimaciones sitúan el desplazamiento total por encima de los catorce millones.

La destrucción de hospitales, sistemas de agua, cultivos y rutas comerciales ha provocado hambre y brotes de enfermedades en amplias zonas del país.

Drones transforman el conflicto

Naciones Unidas advierte que los drones se han convertido en una de las armas más importantes de la guerra.

Durante los primeros meses de dos mil veintiséis, estos ataques habrían provocado aproximadamente el ochenta por ciento de las muertes civiles registradas en determinadas operaciones.

La tecnología permite vigilar territorios, corregir disparos de artillería y atacar objetivos situados a cientos de kilómetros de las posiciones controladas por cada bando.

La misión documentó ataques que alcanzaron infraestructura civil en ciudades como El Obeid y Ed Daein. También investigó operaciones contra personas que intentaban auxiliar a los heridos después de un primer impacto.

Atacar deliberadamente a civiles o equipos de rescate constituye una violación de las leyes de la guerra.

Los investigadores todavía trabajan para determinar qué unidad ejecutó cada operación, debido a que ambos bandos utilizan dispositivos similares y frecuentemente se responsabilizan mutuamente.

Redes extranjeras abastecen a los paramilitares

El informe identifica empresas y redes establecidas en Emiratos Árabes Unidos, Chad, Libia, Somalia y Colombia que habrían proporcionado armas, logística, entrenamiento o combatientes a las Fuerzas de Apoyo Rápido.

Los investigadores encontraron indicios de que aviones de carga trasladaron armas, drones y mercenarios hacia centros logísticos conectados con el territorio sudanés.

Algunas rutas pasaron por la ciudad libia de Kufra, la capital de Chad y la localidad somalí de Bosaso antes de llegar a Darfur.

Emiratos Árabes Unidos niega suministrar armamento a los paramilitares y sostiene que sus actividades en la región tienen finalidades humanitarias.

La investigación de Naciones Unidas no atribuye todas las operaciones directamente al Gobierno emiratí, pero señala la participación de compañías y estructuras radicadas en ese país.

Las autoridades de Emiratos, Chad y Colombia cooperaron en distintos niveles con la misión, mientras que varios gobiernos y las propias fuerzas sudanesas no entregaron toda la información solicitada.

Mercenarios colombianos operaron drones en Darfur

La presencia de antiguos militares colombianos constituye una de las conexiones internacionales más llamativas del conflicto.

Human Rights Watch documentó que empresas de contratación reclutaron a cientos de veteranos colombianos con experiencia en combate, artillería y manejo de drones.

Los contratistas recibieron ofertas de trabajo como guardias de seguridad, pero posteriormente fueron trasladados mediante rutas que pasaron por Emiratos Árabes Unidos, Libia, Somalia o Chad.

Al menos trescientos colombianos habrían sido desplegados desde dos mil veinticuatro, según investigaciones periodísticas y testimonios recopilados por organizaciones de derechos humanos.

Algunos participaron en el entrenamiento de combatientes y en operaciones con drones en apoyo de las Fuerzas de Apoyo Rápido.

Estados Unidos sancionó a empresas e individuos relacionados con esta red por reclutar antiguos militares colombianos para combatir en Sudán.

Human Rights Watch también encontró indicios de que contratistas extranjeros estuvieron presentes durante la ofensiva contra El Fasher, en Darfur, donde los paramilitares fueron acusados de asesinatos masivos y otras atrocidades.

El Ejército también recibe tecnología extranjera

La misión de Naciones Unidas aclaró que el apoyo exterior no se limita a las Fuerzas de Apoyo Rápido.

El Ejército sudanés también adquirió drones, armas y conocimientos técnicos procedentes de proveedores extranjeros. La investigación sobre el alcance de estas transferencias continúa abierta.

Informaciones anteriores relacionaron a las Fuerzas Armadas con equipos procedentes de Turquía, Irán y otros países.

La intervención de múltiples actores ha transformado una lucha interna por el poder en un conflicto conectado con intereses económicos y geopolíticos más amplios.

Sudán posee importantes reservas de oro, tierras agrícolas, acceso al mar Rojo y una ubicación estratégica entre África subsahariana, Oriente Medio y el Mediterráneo.

El control de rutas comerciales, puertos y recursos minerales ha incrementado el interés de potencias y empresas extranjeras.

La ONU pide ampliar el embargo de armas

El embargo impuesto por el Consejo de Seguridad se concentra actualmente en la región de Darfur. La misión investigadora pidió ampliarlo a todo el territorio sudanés para dificultar el suministro de drones y armamento.

También recomendó sancionar a las empresas, intermediarios y responsables financieros que mantienen las redes de abastecimiento.

Sin embargo, la aplicación de un embargo más amplio requerirá un acuerdo entre los miembros del Consejo de Seguridad, algunos de los cuales mantienen alianzas e intereses en la región.

Mientras continúe el flujo de armas y combatientes, los dos bandos tendrán menos incentivos para negociar.

El informe advierte que la tecnología extranjera no solamente está prolongando la guerra: también está permitiendo que los ataques alcancen comunidades que antes permanecían alejadas de los combates.

Sudán se ha convertido así en un escenario donde drones, mercenarios y rivalidades internacionales alimentan una guerra cuyo costo principal continúa recayendo sobre la población civil.