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Dispositivos explosivos, cables conductores y mecanismos de lanzamiento fueron utilizados para provocar cortocircuitos en instalaciones del este y oeste del país. Las autoridades investigan desde grupos extremistas hasta una posible operación extranjera, pero todavía no han identificado a los responsables.

Alemania investiga dos ataques coordinados contra instalaciones estratégicas de su red eléctrica ocurridos en menos de 24 horas, en medio de una creciente preocupación por la vulnerabilidad de la infraestructura europea ante operaciones de sabotaje y guerra híbrida.

Los incidentes afectaron subestaciones ubicadas en Brandeburgo, en el este del país, y cerca de Bergheim, en el occidental estado de Renania del Norte-Westfalia. Aunque no provocaron apagones masivos, obligaron a desconectar temporalmente varias unidades de generación eléctrica y demostraron que infraestructuras esenciales pueden ser atacadas con dispositivos relativamente sencillos.

Las autoridades investigan si existe conexión entre ambos casos. Entre las hipótesis consideradas figuran organizaciones de extrema izquierda, grupos terroristas nacionales o una operación dirigida por un Estado extranjero.

Hasta el momento no existe evidencia pública que permita responsabilizar a Rusia o a un grupo político determinado.

Proyectiles contra líneas de alta tensión

El primer ataque ocurrió en las inmediaciones de la subestación de Turnow-Preilack, conectada con la central termoeléctrica de Jänschwalde, la mayor planta de generación de Brandeburgo.

Los atacantes instalaron dispositivos semejantes a pequeños cohetes, cargados con material conductor. Al ser disparados contra las líneas de alta tensión, los proyectiles desplegaron cables capaces de conectar diferentes conductores y provocar cortocircuitos.

Al menos dos de los dispositivos funcionaron y causaron interrupciones en las líneas. Otros artefactos incendiarios no llegaron a activarse y fueron localizados posteriormente por la Policía.

Uno de los bloques de la central de Jänschwalde tuvo que desconectarse temporalmente. El suministro general fue restablecido rápidamente y no se registró un apagón de gran escala.

El ministro del Interior de Brandeburgo, Jan Redmann, calificó lo ocurrido como un ataque deliberado contra infraestructura crítica y confirmó que el caso se investiga como posible terrorismo.

La sofisticación del mecanismo y la selección del objetivo sugieren que los responsables conocían el funcionamiento de la red y habían planificado la operación con anticipación.

Segundo ataque en el oeste de Alemania

Horas después se produjo otro incidente en una subestación próxima a Bergheim, cerca de Colonia.

Los investigadores encontraron mecanismos de lanzamiento ocultos en un campo cercano. Estos habrían sido utilizados para colocar cables conductores sobre las líneas eléctricas y generar cortocircuitos intencionales.

El incidente provocó la desconexión de cinco unidades de generación alimentadas con lignito, con una capacidad conjunta aproximada de 4.200 megavatios. Algunas comenzaron a regresar posteriormente al servicio.

La estabilidad general de la red eléctrica no estuvo en peligro y los sistemas de respaldo evitaron que el incidente afectara directamente a los consumidores.

La Policía descartó que se tratara de una falla técnica y abrió una investigación por sabotaje. Las autoridades analizan los dispositivos encontrados, buscan huellas y revisan cámaras de seguridad y movimientos registrados en los alrededores.

La similitud entre los métodos empleados en Brandeburgo y Bergheim constituye uno de los principales elementos de la investigación, aunque los responsables todavía no han determinado si ambos ataques fueron ejecutados por la misma organización.

La sospecha sobre Rusia

Los sabotajes ocurrieron semanas después de un intento de ataque con un dron cargado de explosivos contra un avión ucraniano en el aeropuerto de Leipzig/Halle.

Alemania y la Unión Europea atribuyeron aquel episodio a una operación patrocinada por el Estado ruso. Moscú rechazó las acusaciones.

Desde el inicio de la invasión de Ucrania, los gobiernos europeos han denunciado una campaña rusa de espionaje, ciberataques, desinformación, interferencia electoral y sabotajes contra instalaciones de transporte, comunicaciones y energía.

Sin embargo, las autoridades alemanas han pedido no atribuir automáticamente a Rusia los nuevos ataques contra la red eléctrica.

El presidente de la comisión parlamentaria encargada de supervisar los servicios de inteligencia, Marc Henrichmann, advirtió que el momento político y la coincidencia de los casos resultan llamativos, pero no constituyen una prueba sobre la identidad de los atacantes.

Los investigadores tampoco descartan la participación de grupos extremistas nacionales.

El precedente de la extrema izquierda

Alemania ha sufrido anteriormente ataques contra infraestructura eléctrica reivindicados por organizaciones de extrema izquierda.

En 2024, un incendio provocado contra una torre de alta tensión interrumpió el suministro de la fábrica de vehículos eléctricos Tesla en Grünheide, cerca de Berlín. La denominada Vulkangruppe o Grupo Volcán se atribuyó aquella acción.

En enero de 2026, otro ataque contra cables eléctricos en Berlín dejó sin energía a decenas de miles de hogares y empresas durante varios días. Las autoridades investigaron posibles conexiones con grupos extremistas que consideran las redes energéticas, las fábricas y otras instalaciones industriales como objetivos legítimos.

Los mecanismos utilizados en los ataques más recientes presentan diferencias, pero también comparten la intención de provocar grandes daños mediante operaciones de bajo costo dirigidas contra puntos vulnerables de la red.

Por esa razón, los investigadores mantienen abiertas tanto la hipótesis de extremismo interno como la posible intervención de agentes extranjeros.

Sabotajes antes de una elección decisiva

Los ataques se produjeron pocos días antes de las elecciones estatales en Sajonia-Anhalt, consideradas una prueba decisiva para el sistema político alemán.

Alternativa para Alemania encabeza las encuestas y podría convertirse en la primera fuerza de extrema derecha en obtener una mayoría suficiente para gobernar un estado desde la Segunda Guerra Mundial.

El partido se opone al envío de armas a Ucrania, promueve la normalización de las relaciones con Moscú y exige reducir las sanciones contra Rusia.

Funcionarios y analistas consideran que cualquier episodio de inseguridad, interrupción energética o temor a una escalada militar puede influir en un electorado ya preocupado por la economía, la migración y los costos del respaldo alemán a Ucrania.

No obstante, las autoridades recalcan que todavía no existe evidencia que vincule los sabotajes con la elección o con una campaña de interferencia política.

Alemania reconoce la vulnerabilidad de su infraestructura

Los ataques reabrieron el debate sobre la protección de subestaciones, redes de transmisión, oleoductos, aeropuertos, puertos y sistemas de telecomunicaciones.

Muchas de estas instalaciones se encuentran en zonas rurales o industriales extensas y no pueden ser vigiladas permanentemente mediante personal de seguridad.

La Policía alemana pidió aumentar las inversiones en sensores, cámaras, sistemas inteligentes de detección y vigilancia aérea. También recomendó mejorar el intercambio de información entre los operadores privados, los servicios de inteligencia y las autoridades regionales.

Los dos sabotajes no consiguieron producir un apagón nacional, pero obligaron a desconectar temporalmente una capacidad de generación considerable. Para las autoridades, el episodio demuestra que incluso una operación realizada con herramientas simples puede afectar instalaciones estratégicas y obligar al Estado a movilizar grandes recursos.

Alemania enfrenta ahora el desafío de proteger una red extensa sin conocer todavía si los responsables son extremistas nacionales, delincuentes coordinados o agentes vinculados con una potencia extranjera.