Dan Driscoll presentó su renuncia después de meses de diferencias con el secretario de Defensa. Su salida se suma a una serie de destituciones y cambios en la cúpula militar estadounidense y abre nuevas interrogantes sobre la conducción del Ejército.
ESTADOS UNIDOS. — El secretario del Ejército de Estados Unidos, Dan Driscoll, presentó su renuncia al presidente Donald Trump después de aproximadamente 18 meses al frente de la institución, en medio de reportes sobre crecientes tensiones con el secretario de Defensa, Pete Hegseth.
La Casa Blanca confirmó este lunes 31 de agosto la decisión de Driscoll, aunque no señaló oficialmente las razones de su salida.
“Driscoll ha sido altamente efectivo para avanzar en la agenda del presidente Trump para hacer a Estados Unidos fuerte otra vez en el Departamento del Ejército”, señaló la subsecretaria principal de prensa de la Casa Blanca, Anna Kelly.
La administración destacó además su participación en operaciones militares, sus esfuerzos para reforzar la preparación de las tropas y su intervención en negociaciones entre Rusia y Ucrania.
Sin embargo, detrás de la salida existe una disputa mucho más compleja sobre el rumbo del Ejército estadounidense.
Meses de tensiones con Hegseth
Durante los últimos meses, medios estadounidenses habían informado sobre diferencias entre Driscoll y Hegseth relacionadas tanto con la conducción del Ejército como con decisiones tomadas por el jefe del Pentágono sobre altos mandos militares.
Uno de los momentos de mayor tensión ocurrió con la salida del jefe del Estado Mayor del Ejército, general Randy George, en abril.
Según informaciones publicadas en Estados Unidos, Hegseth tomó la decisión sin avisar previamente a Driscoll.
La relación entre Driscoll y George había sido particularmente estrecha. Ambos trabajaban conjuntamente en una transformación del Ejército basada en las lecciones obtenidas de conflictos recientes, especialmente la guerra en Ucrania.
Driscoll incluso relató posteriormente ante el Congreso que, cuando conoció la salida de George mientras se encontraba de vacaciones con su familia, se desplazó hasta la residencia del general para expresarle personalmente su respaldo.
La destitución profundizó las diferencias dentro del Departamento de Defensa.
Una reorganización de la cúpula militar
La salida de Driscoll no ocurre de manera aislada.
Desde la llegada de Hegseth al Departamento de Defensa, numerosos altos mandos militares han sido removidos, sustituidos o han dejado anticipadamente sus puestos.
Entre ellos se encuentran el general Randy George; el general Christopher Donahue, quien comandaba las fuerzas estadounidenses en Europa y África; y otros altos oficiales de las diferentes ramas de las Fuerzas Armadas.
La reducción ha sido especialmente visible dentro del Ejército.
Cuando Hegseth asumió el Departamento de Defensa, el Ejército contaba con diez generales de cuatro estrellas en servicio activo. Actualmente la cifra se ha reducido aproximadamente a la mitad.
Los cambios forman parte de una reorganización más amplia impulsada por la administración Trump y Hegseth, que defienden la necesidad de reducir estructuras burocráticas y modificar la conducción de las Fuerzas Armadas.
Sus críticos, en cambio, han advertido sobre una excesiva rotación de los principales mandos y sobre el riesgo de que criterios políticos influyan cada vez más en los nombramientos militares.
Driscoll, el hombre de los drones de Trump
La salida también resulta significativa por el perfil de Driscoll.
Veterano de la guerra de Irak y antiguo oficial del Ejército, fue confirmado por el Senado en febrero de 2025, cuando tenía 38 años, convirtiéndose en uno de los secretarios del Ejército más jóvenes de la historia estadounidense.
Antes de incorporarse al Gobierno había trabajado en capital de riesgo y mantenía una estrecha relación personal con el vicepresidente JD Vance, con quien estudió Derecho en la Universidad de Yale.
Dentro de la administración adquirió reputación como uno de los principales defensores de una transformación tecnológica acelerada de las Fuerzas Armadas.
Su estrategia buscaba que el Ejército pudiera incorporar nuevas tecnologías con mucha mayor rapidez, reducir los prolongados procesos tradicionales de adquisición de armamento y aprovechar directamente las innovaciones desarrolladas por empresas privadas.
Los drones se convirtieron en uno de sus principales intereses.
La experiencia de Ucrania convenció a Driscoll y a otros oficiales de que pequeños sistemas no tripulados relativamente baratos estaban transformando profundamente la guerra moderna y que Estados Unidos necesitaba modificar rápidamente la forma en que compra, prueba y despliega tecnología militar.
Todavía en junio, Driscoll defendía públicamente en Europa una mayor cooperación con los aliados de la OTAN para desarrollar y adquirir sistemas contra drones.
También participó en las negociaciones sobre Ucrania
Su influencia había trascendido además las funciones habituales de un secretario del Ejército.
Trump utilizó a Driscoll como parte de sus esfuerzos diplomáticos relacionados con la guerra entre Rusia y Ucrania.
En noviembre de 2025 viajó a Ucrania junto con altos mandos del Ejército, mantuvo encuentros con autoridades ucranianas y participó en conversaciones relacionadas con posibles negociaciones de paz.
Ese papel fue destacado expresamente por la Casa Blanca al confirmar su renuncia.
La participación de Driscoll en asuntos diplomáticos y su relación cercana con Vance habían incrementado considerablemente su peso dentro de la administración.
Durante algunos momentos de tensión alrededor de Hegseth, incluso llegó a ser mencionado en medios estadounidenses como una posible alternativa para dirigir el Pentágono.
Las diferencias iban más allá de los generales
La disputa con Hegseth tampoco habría estado limitada a los nombramientos militares.
Driscoll impulsaba una reforma agresiva del sistema de adquisiciones del Ejército y había criticado públicamente a grandes contratistas de defensa por los elevados costos y extensos plazos necesarios para producir determinados sistemas militares.
Su propuesta era acercar al Ejército a la lógica tecnológica del sector privado: ciclos de desarrollo más cortos, experimentación continua y capacidad de sustituir rápidamente sistemas que quedan obsoletos.
Hegseth también impulsa una transformación profunda de las Fuerzas Armadas, pero las diferencias entre ambos habrían surgido sobre quién debía dirigir esos cambios, qué oficiales debían permanecer en posiciones clave y cómo debía organizarse la estructura futura del Ejército.
Las fricciones habrían alcanzado tal nivel que desde hace semanas circulaban informaciones sobre una posible salida de Driscoll.
A comienzos de abril, después de los primeros enfrentamientos públicos alrededor de la destitución del general George, el propio secretario había asegurado que no tenía intención de abandonar el Gobierno.
Cinco meses después presentó su renuncia.
Otra salida en un momento delicado para Estados Unidos
La marcha de Driscoll agrega una nueva incertidumbre a la conducción militar estadounidense en momentos de importantes desafíos internacionales.
Estados Unidos mantiene una elevada presencia militar en Oriente Medio, continúa desempeñando un papel central en el conflicto entre Rusia y Ucrania y simultáneamente intenta adaptar sus Fuerzas Armadas ante la expansión militar de China y el rápido desarrollo de sistemas autónomos y drones.
En este contexto, la disputa entre dos figuras centrales de la administración Trump plantea una cuestión que trasciende las diferencias personales.
Hegseth busca transformar profundamente la estructura militar estadounidense y ha demostrado que está dispuesto a sustituir a altos oficiales que considera incompatibles con esa estrategia.
Driscoll, por su parte, también defendía una transformación radical, pero construida alrededor de innovación tecnológica, nuevas formas de adquisición y una generación de oficiales que había adquirido experiencia en Irak, Afganistán y posteriormente en las lecciones de la guerra de Ucrania.
Su salida indica que, dentro de esa pugna sobre cómo debe ser el Ejército estadounidense del futuro, Pete Hegseth ha consolidado todavía más su control sobre la cúpula militar.
La Casa Blanca, por ahora, ha optado por despedir públicamente a Driscoll reconociendo sus logros y sin mencionar las diferencias que terminaron marcando sus últimos meses en el Pentágono.