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La guerra contra Irán, el encarecimiento de la gasolina y el malestar por el costo de vida debilitan al presidente estadounidense a poco más de dos meses de las elecciones legislativas.

La aprobación del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, permanece en un treinta y tres por ciento, el nivel más bajo de su trayectoria política, mientras el Partido Republicano enfrenta un creciente desgaste antes de las elecciones legislativas del próximo tres de noviembre.

La más reciente encuesta de Reuters/Ipsos muestra que esta es la tercera medición consecutiva en la que solamente un tercio de los estadounidenses respalda la gestión del mandatario. El resultado contrasta con el cuarenta y siete por ciento de aprobación que Trump registró al comienzo de su segundo mandato y lo coloca incluso por debajo del mínimo alcanzado por su antecesor, Joe Biden, durante su presidencia.

La guerra contra Irán pasa factura

Una de las principales causas del deterioro es la guerra contra Irán, iniciada en febrero por decisión de la Administración Trump. Solamente un treinta y seis por ciento de los estadounidenses aprueba la participación del país en el conflicto.

La prolongación de las operaciones militares, que inicialmente fueron presentadas como una intervención limitada, ha contribuido a interrumpir el tránsito petrolero por el estrecho de Ormuz y a elevar los precios internacionales de la energía.

El impacto ya se siente en los hogares estadounidenses. El aumento del precio de la gasolina y la persistencia de la inflación han debilitado uno de los principales argumentos políticos de Trump: su promesa de reducir el costo de vida y recuperar la estabilidad económica.

La encuesta revela que un setenta y uno por ciento de los estadounidenses desaprueba la manera en que el presidente está enfrentando el encarecimiento de los bienes y servicios. Ese rechazo también incluye a cuatro de cada diez votantes republicanos.

Los demócratas recuperan terreno en economía

El desgaste de Trump está modificando, además, la percepción sobre cuál partido está mejor preparado para dirigir la economía.

Durante aproximadamente una década, los republicanos mantuvieron una ventaja constante en ese ámbito. Sin embargo, desde hace un mes los votantes registrados consultados por Reuters/Ipsos consideran que el Partido Demócrata tiene mejores propuestas económicas.

El cambio resulta especialmente relevante porque el empleo, la inflación, la gasolina y el poder adquisitivo probablemente estarán entre los asuntos decisivos de las elecciones legislativas.

Trump llegó nuevamente a la Casa Blanca presentándose como un gestor económico capaz de controlar los precios. Ahora, las consecuencias de la guerra amenazan con convertir la economía en uno de sus principales puntos débiles.

Mayor entusiasmo entre los demócratas

La encuesta también detecta una brecha considerable en la disposición de los electores para participar en noviembre.

Un cuarenta y seis por ciento de los demócratas se declara “muy entusiasmado” con acudir a las urnas, frente a solamente un treinta y uno por ciento de los republicanos.

La diferencia también aparece entre los votantes independientes, un sector determinante en los distritos más competitivos: un treinta y seis por ciento afirma que votaría por candidatos demócratas, mientras un veintidós por ciento se inclinaría por los republicanos.

Estos resultados no constituyen por sí solos una predicción electoral, pero muestran que los demócratas llegan a la etapa final de la campaña con mayor motivación y con una ventaja importante entre quienes no se identifican con ninguno de los dos partidos.

Trump puede convertirse en un lastre electoral

Los republicanos defenderán mayorías estrechas en el Congreso. En ese escenario, incluso pequeñas variaciones en la participación electoral podrían determinar qué partido controla la Cámara de Representantes y el Senado durante los últimos dos años del actual mandato presidencial.

La permanencia de Trump en un treinta y tres por ciento de aprobación amenaza con convertirlo en un lastre para los candidatos republicanos, especialmente en distritos suburbanos y estados donde las elecciones suelen resolverse por márgenes reducidos.

El mandatario conserva el respaldo de una parte importante de su base, pero la combinación de una guerra impopular, precios elevados y menor entusiasmo entre los votantes conservadores representa una señal de alarma para su partido.

A poco más de dos meses de las elecciones, el desafío de Trump ya no consiste solamente en recuperar popularidad. También deberá convencer a los estadounidenses de que su política exterior no está agravando precisamente el problema económico que prometió resolver.