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La expresidenta chilena intensifica su campaña para suceder a António Guterres mientras enfrenta una competencia latinoamericana particularmente fuerte. Rebeca Grynspan parte con ventaja y el retiro del apoyo del propio Gobierno de Chile añade una dificultad adicional a la candidatura de Bachelet.

La carrera por dirigir las Naciones Unidas entra en una etapa cada vez más decisiva y Michelle Bachelet intenta recuperar terreno. La expresidenta de Chile defendió una Secretaría General capaz de actuar con independencia y sin aplicar “dobles estándares”, en un mensaje divulgado mientras el Consejo de Seguridad se prepara para continuar evaluando a quienes aspiran a suceder a António Guterres.

Bachelet sostuvo que la persona que encabece la ONU debe ser capaz de construir puentes entre países enfrentados, facilitar el diálogo y encontrar espacios de entendimiento incluso en medio de profundas diferencias políticas. Para la exmandataria, esa tarea debe realizarse manteniendo independencia frente a las grandes potencias y aplicando los mismos principios a todos los Estados.

El mensaje llega en un momento complicado para su candidatura. Aunque Bachelet es probablemente uno de los nombres con mayor reconocimiento internacional entre los aspirantes, el primer sondeo informal realizado a finales de julio dentro del Consejo de Seguridad no la colocó entre los tres candidatos mejor posicionados.

Grynspan toma ventaja

La costarricense Rebeca Grynspan apareció como la candidata con mayor respaldo en aquella primera medición, seguida por la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y el argentino Rafael Grossi. Bachelet quedó en cuarto lugar y recibió cinco votos desfavorables entre los 15 miembros del Consejo de Seguridad.

Estos sondeos no son elecciones formales, pero sirven para detectar qué candidatos pueden reunir suficiente consenso y, sobre todo, cuáles podrían enfrentarse eventualmente al veto de alguna de las cinco potencias con asiento permanente en el Consejo: Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido.

Para convertirse en secretaria general, Bachelet no necesita simplemente obtener más apoyos que sus competidores. Debe conseguir una recomendación del Consejo de Seguridad sin ser bloqueada por ninguno de esos cinco países. Posteriormente, la Asamblea General debe aprobar esa recomendación.

La carrera se ha ampliado además con nuevas candidaturas. Actualmente son ocho los aspirantes, entre ellos Bachelet, Grynspan, Grossi, Rodrigues-Birkett, la ecuatoriana María Fernanda Espinosa, el senegalés Macky Sall, el ugandés Olara Otunnu y la recientemente incorporada diplomática ecuatoriana Ivonne Baki.

Una candidata sin el respaldo de su propio país

Uno de los elementos más particulares de la campaña de Bachelet es que ya no cuenta con el respaldo del Gobierno de Chile.

Su candidatura fue presentada formalmente en febrero por Chile, Brasil y México durante los últimos meses de la administración de Gabriel Boric. Sin embargo, tras asumir la Presidencia chilena José Antonio Kast, su nuevo gobierno retiró el apoyo en marzo argumentando que la dispersión de candidaturas latinoamericanas y las diferencias con actores relevantes hacían que sus posibilidades de éxito fueran muy reducidas.

La retirada chilena no eliminó la candidatura. Bachelet continúa oficialmente en competencia gracias al patrocinio de Brasil y México, algo reconocido por la propia documentación de Naciones Unidas.

México ha reiterado públicamente su respaldo. La presidenta Claudia Sheinbaum recibió a Bachelet en mayo y confirmó que su gobierno mantiene el apoyo a la exmandataria chilena.

La situación genera una paradoja poco frecuente: una expresidenta busca ocupar uno de los cargos diplomáticos más importantes del mundo con el respaldo de dos grandes países latinoamericanos, pero sin el apoyo del gobierno que actualmente representa a su propia nación.

América Latina quiere volver a dirigir la ONU

Más allá de los nombres individuales, la elección tiene una dimensión regional.

Existe una fuerte expectativa de que América Latina y el Caribe puedan ocupar nuevamente la Secretaría General después de décadas fuera del cargo. El último latinoamericano en dirigir Naciones Unidas fue el peruano Javier Pérez de Cuéllar, quien ejerció entre 1982 y 1991.

También existe presión para que, por primera vez desde la creación de Naciones Unidas en 1945, una mujer ocupe el puesto.

Ambos factores explican la extraordinaria concentración de candidaturas latinoamericanas y femeninas, pero al mismo tiempo pueden convertirse en un problema: mientras más aspirantes procedan de la región, mayor será la fragmentación de los apoyos.

Bachelet cuenta a su favor con una trayectoria internacional difícil de igualar. Además de haber gobernado Chile durante dos períodos, fue directora ejecutiva de ONU Mujeres y alta comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos entre 2018 y 2022.

Sin embargo, reconocimiento internacional y experiencia no garantizan la elección.

La verdadera batalla será entre las grandes potencias

La elección llegará mientras Naciones Unidas enfrenta guerras abiertas, tensiones entre Estados Unidos, China y Rusia, cuestionamientos sobre la eficacia del Consejo de Seguridad y una creciente pérdida de confianza en las instituciones multilaterales.

Precisamente por ello Bachelet ha colocado la independencia en el centro de su discurso.

Su propuesta es que la Secretaría General pueda dialogar con todas las partes pero conserve suficiente autonomía para defender el derecho internacional y los principios establecidos en la Carta de Naciones Unidas, independientemente del poder político o económico del país involucrado.

Pero esa misma posición deberá superar la realidad política de la organización: cualquiera que quiera dirigir la ONU necesita finalmente resultar aceptable para Washington, Pekín, Moscú, París y Londres.

Ahí podría decidirse la candidatura.

Bachelet sigue siendo una contendiente importante, pero ya no parece la favorita indiscutible que su trayectoria podía hacer prever al inicio del proceso. Rebeca Grynspan ha tomado ventaja, Rafael Grossi conserva opciones y la incorporación de nuevos candidatos vuelve todavía más impredecible la competencia.

La próxima ronda de consultas del Consejo de Seguridad permitirá comprobar si la ofensiva diplomática de Bachelet consigue revertir esa situación o si la carrera comienza a reducirse alrededor de otros nombres.