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Casi seis meses después de la muerte de Ali Khamenei, Irán ya tiene oficialmente un nuevo líder supremo: su hijo Mojtaba. Sin embargo, el sucesor permanece fuera de la vista pública, arrastra interrogantes sobre las heridas sufridas en el ataque que mató a su padre y gobierna mientras la Guardia Revolucionaria gana poder y la guerra con Estados Unidos mantiene al Golfo al borde de una nueva escalada.

La muerte del ayatolá Ali Khamenei abrió el pasado 28 de febrero la sucesión política más importante que había vivido Irán desde 1989.

Después de casi 37 años como líder supremo, Khamenei murió durante los primeros ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel contra Irán. Su desaparición dejó temporalmente sin cabeza a un sistema construido alrededor de una figura que tenía la última palabra sobre las Fuerzas Armadas, el programa nuclear, la política exterior y prácticamente todas las grandes decisiones del Estado.

La Constitución iraní activó inmediatamente un Consejo de Liderazgo provisional, integrado por el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Poder Judicial Gholamhossein Mohseni-Ejei y el clérigo Alireza Arafi, mientras la Asamblea de Expertos buscaba al tercer líder supremo de la historia de la República Islámica.

La incertidumbre, sin embargo, duró apenas una semana.

El 8 de marzo, la Asamblea de Expertos eligió por una mayoría descrita oficialmente como decisiva a Mojtaba Khamenei, hijo del dirigente muerto.

La sucesión institucional quedó resuelta.

La sucesión política, cinco meses después, continúa siendo mucho más complicada.

Mojtaba Khamenei: el heredero que oficialmente gobierna Irán

Mojtaba Khamenei, de 56 años, era desde hacía años una de las figuras más poderosas detrás de escena dentro del régimen.

Nunca había ocupado un cargo público importante, pero durante el gobierno de su padre actuó como interlocutor, operador político y enlace con sectores de la Guardia Revolucionaria.

Su elección significó una apuesta inequívoca por la continuidad del sector duro del régimen. La Asamblea de Expertos lo convirtió oficialmente en el tercer líder supremo de Irán y, con ello, en la autoridad final sobre las principales instituciones del país.

Pero existe una circunstancia extraordinaria.

Mojtaba Khamenei no ha aparecido públicamente desde que asumió el poder.

Fue gravemente herido durante el mismo ataque del 28 de febrero que mató a su padre. Desde entonces, el Gobierno iraní asegura que permanece activo y ejerciendo plenamente sus funciones, pero no ha presentado una comparecencia pública que permita despejar completamente las especulaciones sobre su estado físico.

Su ausencia fue especialmente llamativa durante el funeral de Ali Khamenei, celebrado meses después de su muerte. Tres de sus hermanos participaron públicamente en las ceremonias, pero Mojtaba no apareció.

Pezeshkian asegura que se reúne con él

Teherán intenta combatir las especulaciones.

La prensa estatal informó que el presidente Masoud Pezeshkian mantuvo a finales de julio una larga reunión con Mojtaba Khamenei para discutir cuestiones militares, divisas, energía, recursos económicos y relaciones comerciales internacionales.

Anteriormente también se había informado de otra reunión entre ambos en mayo.

Pero incluso las declaraciones del presidente han generado dudas.

El 21 de julio, Pezeshkian sostuvo que sus contactos con el líder supremo aumentaban “día a día”. A comienzos de agosto, en cambio, reconoció que comunicarse con Khamenei era “muy difícil”.

Funcionarios de la organización paramilitar Basij han prometido que en algún momento se divulgarán imágenes del dirigente reunido con militares y apareciendo públicamente.

Hasta ahora, su prolongada invisibilidad ha convertido su salud y el grado real de control que ejerce sobre el Estado en una cuestión política.

¿Quiénes pudieron sustituir a Ali Khamenei?

Antes de la elección de Mojtaba, la sucesión estaba lejos de ser automática.

Ali Khamenei nunca designó públicamente a un heredero y, según fuentes conocedoras de las discusiones internas citadas por Reuters antes de su muerte, incluso había mostrado resistencia a que su hijo lo sustituyera, preocupado por que una transmisión de poder entre padre e hijo pareciera restaurar una especie de monarquía hereditaria religiosa, precisamente el sistema contra el que triunfó la revolución de 1979.

Entre los nombres que llegaron a considerarse destacaban varios perfiles muy diferentes.

Mojtaba Khamenei: continuidad y Guardia Revolucionaria

Era el candidato de continuidad.

Su principal fortaleza no estaba en una carrera política pública, sino en sus relaciones con el aparato de seguridad, las redes económicas del régimen y la Guardia Revolucionaria.

Para los sectores más duros representaba la garantía de que la muerte de Ali Khamenei no conduciría a una apertura política.

Su principal debilidad era precisamente ser el hijo del líder anterior.

La Asamblea terminó aceptando ese costo y lo eligió.

Hassan Khomeini: la alternativa moderada

Probablemente fue el rival más interesante.

Hassan Khomeini, nieto de Ruhollah Khomeini —fundador de la República Islámica—, habría permitido mantener el enorme peso simbólico de la familia Khomeini y al mismo tiempo presentar una imagen menos confrontativa.

Tiene vínculos con sectores reformistas y con expresidentes como Mohammad Khatami y Hassan Rouhani.

Reuters informó que antes de la muerte de Ali Khamenei, funcionarios iraníes lo consideraban junto con Mojtaba como uno de los dos principales candidatos y evaluaban si una figura relativamente moderada podía reducir tanto la presión internacional como el creciente descontento interno.

La Asamblea tomó finalmente el camino contrario.

Alireza Arafi: el hombre del aparato clerical

Otro candidato potencial fue el ayatolá Alireza Arafi.

Miembro del Consejo de Guardianes y de la Asamblea de Expertos, Arafi fue precisamente uno de los tres integrantes del consejo que asumió provisionalmente las funciones del líder después de la muerte de Khamenei.

Su perfil era considerablemente más institucional que el de Mojtaba y estaba profundamente integrado en las estructuras religiosas del régimen.

Reuters lo describió entonces como un posible sucesor capaz de garantizar la continuidad ideológica del sistema.

Mohseni-Ejei y otros nombres del sector duro

El jefe del Poder Judicial, Gholamhossein Mohseni-Ejei, también figuró entre las alternativas.

Su pasado asociado con los órganos de seguridad y la represión de protestas lo convertía en una opción claramente continuista.

Otros nombres mencionados durante aquellos días fueron los clérigos Ahmad Alamolhoda y Mohsen Araki, mientras Hassan Rouhani aparecía como una posibilidad mucho más remota debido a la desconfianza que provoca entre los sectores más conservadores.

Al final, ninguno pudo superar el respaldo acumulado por Mojtaba dentro del núcleo duro del sistema.

La Guardia Revolucionaria sale fortalecida

La característica más importante del nuevo poder iraní quizá no sea únicamente quién ocupa formalmente el liderazgo, sino quién está acumulando poder alrededor suyo.

Desde la llegada de Mojtaba, varios veteranos de la Guardia Revolucionaria han recibido cargos decisivos.

Uno de los movimientos más recientes fue el nombramiento de Mohsen Rezaei, antiguo comandante de la Guardia Revolucionaria, como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional.

Rezaei es además representante personal de Mojtaba dentro del organismo y se ha mostrado abiertamente escéptico ante cualquier acuerdo con Estados Unidos.

La reorganización refuerza la impresión de que la guerra está transformando a Irán en un sistema todavía más dependiente del aparato militar.

Mientras Pezeshkian y otros sectores del Gobierno defienden utilizar la presión militar para alcanzar eventualmente un acuerdo, los sectores más duros consideran que Irán debe mantener una confrontación prolongada.

Una guerra que se acerca a los seis meses

Todo ocurre mientras Irán continúa inmerso en una guerra que comenzó precisamente con el ataque que mató a Ali Khamenei.

Estados Unidos e Israel iniciaron la ofensiva el 28 de febrero.

Desde entonces miles de personas han muerto, principalmente en Irán y Líbano, mientras Teherán ha atacado bases estadounidenses e infraestructura en Israel, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Jordania y Omán.

Israel ha reducido considerablemente su participación directa, pero la confrontación entre Washington y Teherán continúa.

Dos intentos de alto el fuego —en abril y junio— terminaron colapsando.

El acuerdo firmado el 17 de junio debía abrir un período de 60 días para negociar una solución más amplia sobre el programa nuclear iraní, las sanciones estadounidenses y el estrecho de Ormuz.

Ese plazo terminó esta semana sin acuerdo.

Ormuz se convierte en el centro de la guerra

El estrecho de Ormuz es ahora uno de los principales instrumentos de presión de Irán.

Antes de la guerra, por esa estrecha vía marítima circulaba aproximadamente una quinta parte del petróleo comercializado mundialmente.

El tráfico se encuentra actualmente muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto.

Washington afirma que el estrecho está abierto. Teherán sostiene que seguirá cerrado mientras Estados Unidos mantenga sanciones, el bloqueo de puertos iraníes y las amenazas militares.

Esta semana los cruces de embarcaciones continuaban extremadamente reducidos.

El resultado afecta directamente al resto del mundo.

El petróleo Brent superó este jueves los 93 dólares por barril, alcanzando su precio más alto en más de tres semanas. Durante la guerra llegó a superar los 126 dólares.

Emiratos rompe económicamente con Teherán

La crisis también está deteriorando las relaciones de Irán con sus vecinos.

Los Emiratos Árabes Unidos suspendieron esta semana todas las actividades comerciales y financieras con Irán después de denunciar el lanzamiento desde territorio iraní de dos misiles balísticos dirigidos contra tráfico marítimo.

Teherán niega la acusación.

La decisión emiratí es especialmente importante porque Dubái ha funcionado durante décadas como uno de los principales puentes comerciales y financieros de Irán con el exterior.

Trump amenaza con aislar completamente a Irán

Estados Unidos ha aumentado además la presión económica.

El presidente Donald Trump advirtió este miércoles que cualquier país que proporcione algún tipo de “salvavidas” económico a Irán podría sufrir consecuencias económicas estadounidenses.

La advertencia tiene una dimensión mucho mayor de lo que parece.

China compra más del 80% del petróleo iraní enviado al exterior, por lo que una campaña estadounidense para castigar a quienes mantengan relaciones económicas con Teherán podría terminar trasladando parte del conflicto iraní a la relación entre Washington y Pekín.

El Gobierno estadounidense prepara además nuevas sanciones, mientras Irán insiste en que no abandonará su programa nuclear ni aceptará negociar bajo amenazas.

La sucesión terminó; la lucha por el poder no

Formalmente, Irán ya resolvió la gran pregunta planteada por la muerte de Ali Khamenei.

Mojtaba Khamenei es el nuevo líder supremo.

Pero la situación actual plantea otra pregunta posiblemente más importante.

Un dirigente herido y prácticamente invisible gobierna un país en guerra mientras la Guardia Revolucionaria aumenta su influencia, el Gobierno civil busca una salida negociada y los sectores más radicales consideran que todavía pueden obtener mejores condiciones prolongando la confrontación.

La muerte de Ali Khamenei no provocó el derrumbe inmediato de la República Islámica que algunos de sus adversarios esperaban.

Por ahora ocurrió algo diferente: el sistema sobrevivió, eligió al candidato más continuista y se volvió aún más militarizado.

El verdadero examen para Mojtaba Khamenei no será, por tanto, suceder a su padre. Eso ya ocurrió.

Será demostrar que puede ejercer el enorme poder que heredó mientras permanece oculto, mantener unido a un régimen cada vez más dividido y decidir si Irán sale de una guerra que lleva casi seis meses desestabilizando a todo Oriente Medio o se prepara para una fase todavía más peligrosa.