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La mayor economía de América Latina inicia oficialmente una campaña presidencial profundamente polarizada. Lula busca un histórico cuarto mandato, mientras Flávio Bolsonaro intenta devolver a la derecha al poder y mantener vivo el movimiento político construido por su padre.

Brasil ha entrado formalmente en campaña electoral con un escenario que promete convertirse en uno de los grandes pulsos políticos de América Latina durante 2026. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y el senador Flávio Bolsonaro comenzaron la carrera hacia las elecciones del próximo 4 de octubre separados por apenas unos puntos y técnicamente empatados en una eventual segunda vuelta.

La última encuesta de Quaest coloca a Lula con un 43% de intención de voto frente al 40% de Bolsonaro en un posible balotaje. Con un margen de error de dos puntos y alrededor de un 4% de electores todavía indecisos, la presidencia de Brasil aparece completamente abierta.

El escenario recuerda inevitablemente a las elecciones de 2022, cuando Lula derrotó a Jair Bolsonaro por apenas 1,8 puntos porcentuales. Cuatro años después, el apellido Bolsonaro vuelve a estar en la papeleta, aunque esta vez representado por Flávio, de 45 años, hijo mayor del expresidente.

Lula busca hacer historia

A sus 80 años, Lula inició su séptima campaña presidencial regresando a São Bernardo do Campo, en São Paulo, donde hace décadas comenzó su trayectoria como dirigente sindical. El mandatario pretende conseguir un cuarto mandato no consecutivo y convertir la elección en una disputa entre la continuidad de sus políticas sociales y el regreso de la derecha al Palacio de Planalto.

Su campaña intenta apoyarse en tres grandes argumentos: reducción de la desigualdad, defensa de los programas sociales y soberanía nacional.

Este último elemento ha adquirido especial importancia debido a las crecientes tensiones entre Brasil y el Gobierno estadounidense de Donald Trump. Lula busca presentarse ante el electorado como el dirigente capaz de defender los intereses brasileños frente a presiones extranjeras.

También intentará capitalizar los indicadores económicos favorables de los últimos años y convencer a un sector del electorado que, aunque no necesariamente se identifica con la izquierda, mantiene fuertes reservas frente al regreso del bolsonarismo.

Bolsonaro hijo apuesta por seguridad y economía

Flávio Bolsonaro inició su campaña desde Copacabana, en Río de Janeiro, uno de los escenarios simbólicos utilizados durante años por el movimiento político de su padre.

El senador ha colocado la seguridad pública en el centro de su estrategia electoral. Promete endurecer la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, reducir el tamaño del Estado, controlar el gasto público y acercar nuevamente la política exterior brasileña a gobiernos como los de Estados Unidos, Argentina e Israel.

Flávio intenta proyectar una imagen menos confrontativa que Jair Bolsonaro, pero conserva buena parte de las principales propuestas políticas del movimiento creado alrededor del expresidente.

La figura de su padre, además, estará inevitablemente presente durante toda la campaña. Jair Bolsonaro permanece fuera de la competencia electoral, mientras su hijo busca heredar una base conservadora que sigue teniendo un peso considerable dentro de la sociedad brasileña.

Una elección definida por quienes no quieren a ninguno

Uno de los elementos más interesantes de la elección brasileña es que los dos favoritos presentan niveles de rechazo muy elevados.

Las encuestas sitúan el rechazo a Flávio Bolsonaro alrededor del 54%, mientras Lula ronda el 52%. Esto significa que la campaña no solamente estará destinada a conquistar simpatizantes, sino también a convencer a millones de brasileños que muestran resistencia hacia ambos candidatos.

En ese escenario, los electores independientes y especialmente las mujeres de clase media podrían terminar inclinando la balanza.

Además de seguridad y economía, durante las próximas semanas estarán sobre la mesa asuntos como corrupción, violencia contra las mujeres, relaciones con Estados Unidos, explotación de recursos naturales, desigualdad y el funcionamiento de las instituciones brasileñas.

Mucho más que la presidencia de Brasil

Lo que ocurra el 4 de octubre tendrá repercusiones mucho más allá de las fronteras brasileñas.

Brasil es la mayor economía y el país más poblado de América Latina, por lo que un triunfo de Lula permitiría a la izquierda conservar uno de sus principales centros de poder regional. Una victoria de Flávio Bolsonaro, en cambio, reforzaría el avance de gobiernos conservadores y de derecha que se ha registrado recientemente en diferentes países latinoamericanos.

Los brasileños también elegirán gobernadores, diputados y renovarán dos tercios del Senado. Si ningún candidato presidencial alcanza más del 50% de los votos válidos en primera vuelta, Lula y Bolsonaro podrían volver a enfrentarse el 25 de octubre.

Por ahora, ninguna fuerza tiene garantizada la victoria.

Brasil acaba de entrar en campaña y, a menos de dos meses de las urnas, la elección presidencial más importante de América Latina comienza prácticamente empatada.