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El presidente estadounidense ordenó disminuir “sustancialmente” los ejercicios conjuntos con Seúl argumentando su elevado costo y su buena relación con Kim Jong-un. La decisión podría abrir una nueva etapa diplomática con Corea del Norte, pero también genera dudas sobre la capacidad defensiva de uno de los principales aliados de Washington en Asia.

Donald Trump vuelve a apostar por la diplomacia personal con Kim Jong-un.

El presidente de Estados Unidos ordenó al Pentágono reducir “sustancialmente” las maniobras militares que realiza junto a Corea del Sur, justo cuando ambos países iniciaban uno de sus ejercicios conjuntos más importantes del año.

Trump justificó públicamente la medida por dos razones: considera que Estados Unidos asume una parte excesiva del costo de las operaciones y sostiene que las maniobras envían una señal innecesariamente hostil hacia Corea del Norte. También destacó nuevamente la “muy buena relación” que mantiene con Kim Jong-un.

La decisión representa un cambio importante porque los ejercicios militares conjuntos constituyen desde hace décadas uno de los pilares de la alianza defensiva entre Washington y Seúl.

Las maniobras comenzaron pese a la orden

El anuncio llegó prácticamente cuando ya era demasiado tarde para detener el ejercicio Ulchi Freedom Shield 2026, iniciado este lunes 17 de agosto.

Las operaciones continuaron según lo previsto, aunque todavía no está claro qué partes serán eliminadas o reducidas como consecuencia de la orden presidencial estadounidense.

El ejercicio tiene una duración prevista de once días, hasta el 27 de agosto, y moviliza aproximadamente 18.000 militares surcoreanos.

Este año incluye 14 maniobras de campo de nivel batallón o superior, además de simulaciones destinadas a preparar a las fuerzas estadounidenses y surcoreanas frente a ataques con misiles, drones, operaciones cibernéticas y otros escenarios relacionados con la modernización militar norcoreana.

Trump reconoció que hubiese preferido detener las maniobras, pero señaló que era demasiado tarde para cancelarlas completamente.

La orden al secretario de Defensa, Pete Hegseth, fue entonces reducirlas.

Un mensaje directo para Kim Jong-un

La referencia del presidente estadounidense a su relación personal con Kim no parece accidental.

Trump incluso publicó recientemente una fotografía junto al líder norcoreano y recordó públicamente la relación desarrollada entre ambos durante su primera presidencia.

Entre 2018 y 2019, Trump y Kim protagonizaron tres encuentros históricos que disminuyeron temporalmente las tensiones alrededor de la península coreana.

Pero aquellas conversaciones finalmente fracasaron en su principal objetivo.

Corea del Norte no abandonó su programa nuclear ni su desarrollo de misiles balísticos y, desde entonces, ha aumentado considerablemente ambas capacidades.

Ahora Trump parece dispuesto a intentar nuevamente una negociación directa.

La reducción de los ejercicios podría funcionar como la primera señal importante de Washington destinada a convencer a Pionyang de regresar a la mesa.

Corea del Sur ve una oportunidad, pero también un riesgo

La reacción del Gobierno surcoreano ha sido cuidadosamente diplomática.

La Presidencia señaló que espera que la relación entre Trump y Kim pueda generar un “diálogo significativo” entre Estados Unidos y Corea del Norte y contribuir a reducir las tensiones en la península. Seúl aseguró además que está dispuesto a desempeñar un papel activo para facilitar esas conversaciones.

Pero la decisión también ha generado preocupación dentro de Corea del Sur.

Los ejercicios no son únicamente demostraciones de fuerza.

Permiten entrenar la coordinación entre las fuerzas armadas surcoreanas y aproximadamente 28.500 militares estadounidenses desplegados permanentemente en Corea del Sur, especialmente ante un eventual ataque procedente del Norte.

Especialistas citados por Associated Press advierten que reducir continuamente estos entrenamientos podría deteriorar con el tiempo la coordinación militar, disminuir la preparación conjunta y debilitar la capacidad de disuasión frente a Pionyang.

Ese es precisamente el argumento de quienes consideran que Trump está ofreciendo una concesión antes de que Kim haya entregado algo a cambio.

Corea del Norte continúa desarrollando misiles

La apuesta diplomática estadounidense ocurre además mientras Corea del Norte mantiene una intensa actividad militar.

Pionyang realizó dos lanzamientos de misiles balísticos durante los días previos al inicio de las maniobras y prometió responder con un nuevo nivel de disuasión ante los ejercicios conjuntos de Estados Unidos y Corea del Sur.

El régimen norcoreano considera históricamente estas operaciones como ensayos para una posible invasión.

Washington y Seúl sostienen que tienen carácter defensivo.

La diferencia es importante porque Trump parece haberse acercado parcialmente a la interpretación norcoreana al describir los ejercicios como una señal hostil.

Rusia cambia también el cálculo

Corea del Norte llega a esta posible nueva negociación en una posición diferente a la que tenía durante los primeros encuentros entre Trump y Kim.

Pionyang ha fortalecido su cooperación militar y política con Rusia y tropas norcoreanas han adquirido experiencia de combate participando junto a las fuerzas rusas en la guerra de Ucrania.

Analistas consideran que Trump podría intentar utilizar un acercamiento con Kim también para debilitar esa creciente relación entre Moscú y Pionyang.

Pero eso implica que Kim dispone ahora de mayor margen de negociación.

Corea del Norte posee un arsenal nuclear más desarrollado, mejores misiles y relaciones más estrechas con Rusia y China que durante las negociaciones de 2018.

Por esa razón, expertos consideran improbable que Pionyang regrese a una negociación seria sin exigir importantes concesiones estadounidenses.

Trump también aumenta la presión sobre Seúl

La decisión no puede entenderse únicamente como un gesto hacia Corea del Norte.

Trump aprovechó su anuncio para criticar al Gobierno surcoreano por no sumarse a las operaciones estadounidenses relacionadas con Irán. Seúl respondió que sigue evaluando posibles contribuciones teniendo en cuenta su propia situación militar y los procedimientos legales internos.

Las relaciones entre Washington y Seúl atraviesan además diferencias sobre gastos militares, comercio e inversiones.

Trump lleva años reclamando que Corea del Sur asuma una proporción mayor del costo de su propia defensa y de la presencia estadounidense en la península.

Esto introduce una segunda lectura de la decisión: además de buscar a Kim, Washington podría estar aumentando la presión sobre su propio aliado.

Una apuesta diplomática con consecuencias militares

La reducción de las maniobras plantea así una de las decisiones más delicadas de la política estadounidense en Asia.

Si el gesto consigue llevar nuevamente a Kim Jong-un a una negociación, Trump podrá argumentar que disminuir las operaciones militares ayudó a crear una oportunidad diplomática.

Si Corea del Norte continúa desarrollando su arsenal mientras Washington reduce la preparación conjunta con Seúl, las críticas serán muy diferentes.

Por ahora, Kim no ha respondido con una nueva propuesta negociadora.

Las maniobras continúan, aunque bajo la incertidumbre de cuánto terminarán reduciéndose, y Corea del Sur intenta transformar la inesperada decisión estadounidense en una oportunidad para reabrir el diálogo.

Trump vuelve así a una estrategia que ya utilizó durante su primera presidencia: apostar a su relación personal con Kim Jong-un para intentar resolver uno de los conflictos geopolíticos más complejos del planeta.

Esta vez, sin embargo, Corea del Norte llega a la mesa potencialmente más fuerte que antes.