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El Gobierno del presidente colombiano Abelardo de la Espriella enfrenta una creciente controversia por su manejo de la ayuda internacional durante las primeras horas posteriores al devastador terremoto de magnitud 7,4 que golpeó al país el pasado lunes.

Mientras decenas de países ofrecían equipos especializados para localizar personas atrapadas entre los escombros, Colombia decidió inicialmente no solicitar el despliegue de brigadas internacionales de búsqueda y rescate. En cambio, el Gobierno priorizó la recepción de alimentos, hospitales de campaña, insumos humanitarios y asistencia tecnológica.

La decisión provocó críticas porque ocurrió precisamente durante las primeras horas de la emergencia, consideradas determinantes para encontrar sobrevivientes.

La posición inicial fue recomendada por Javier Pava, quien permanecía al frente de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, UNGRD, durante la transición entre los gobiernos de Gustavo Petro y De la Espriella. Pava argumentó que Colombia disponía de 23 grupos nacionales especializados en búsqueda y rescate y que, por tanto, no necesitaba inicialmente personal extranjero.

Países como México, El Salvador, Perú, Estados Unidos e Israel habían manifestado su disposición a enviar rescatistas.

El presidente salvadoreño Nayib Bukele confirmó públicamente que Colombia había solicitado únicamente ayuda humanitaria en forma de insumos, al considerar que sus propios cuerpos de emergencia podían atender las labores de rescate. El Salvador terminó enviando alrededor de 100 toneladas de ayuda material.

La controversia aumentó cuando se conoció que parte de las decisiones sobre qué equipos aceptar también estuvo atravesada por consideraciones sobre certificaciones internacionales y, en algunos casos, por diferencias políticas entre funcionarios involucrados en la respuesta a la emergencia.

Desde la oposición y distintos sectores políticos surgió entonces una pregunta especialmente sensible: ¿por qué rechazar personal especializado cuando todavía había personas desaparecidas bajo edificios colapsados?

El Gobierno terminó modificando su posición.

Después de la salida de Pava y la llegada de David Tamayo a la dirección de la UNGRD, Colombia anunció que recibiría equipos especializados procedentes de Estados Unidos, Ecuador, El Salvador e Israel. Para entonces habían transcurrido más de 54 horas desde el terremoto.

Las autoridades justificaron posteriormente la incorporación de los equipos extranjeros por la necesidad de relevar a los rescatistas colombianos, que acumulaban jornadas continuas de trabajo, y señalaron que los contingentes aceptados cumplían estándares internacionales de búsqueda y rescate.

La polémica adquiere todavía mayor dimensión frente a las cifras de la tragedia.

Hasta este sábado 15 de agosto, el terremoto deja 288 muertos, 3.975 heridos y 202 desaparecidos. Más de 102.000 personas resultaron afectadas y 121 edificios colapsaron. Las brigadas habían conseguido rescatar a 354 personas, mientras en ciudades como Cali las autoridades decidieron extender las operaciones ante la posibilidad de encontrar más supervivientes.

Los equipos internacionales ya se encuentran trabajando junto a los colombianos. Solo Israel desplegó un contingente de 82 militares, entre rescatistas, ingenieros y especialistas, mientras aproximadamente 1.800 efectivos participaban en las operaciones de búsqueda en Cali.

La controversia no consiste, por tanto, en que Colombia rechazara toda ayuda exterior. Desde las primeras horas recibió y solicitó asistencia humanitaria, recursos e insumos. El cuestionamiento se concentra específicamente en haber considerado innecesarios durante las primeras jornadas los equipos extranjeros especializados en búsqueda y rescate.

Para los críticos del Gobierno, aquellas horas pudieron ser demasiado valiosas como para prescindir de cualquier capacidad adicional disponible. Para quienes defienden la decisión inicial, Colombia ya disponía de suficientes brigadas especializadas y era necesario evitar una llegada desordenada de equipos que complicara la coordinación de la emergencia.

Pero con centenares de muertos y desaparecidos, la decisión se ha convertido en uno de los primeros grandes cuestionamientos políticos que enfrenta De la Espriella apenas días después de asumir la Presidencia.

El terremoto puso a prueba a un Gobierno que prácticamente acababa de instalarse. Y mientras Colombia empieza a pensar en la reconstrucción, permanecerá abierta una pregunta mucho más difícil de responder: si aceptar inmediatamente todos los equipos especializados disponibles habría permitido encontrar con vida a más personas entre los escombros.