Colombia ha autorizado una ampliación de la cooperación militar con Estados Unidos que permitirá operaciones conjuntas en territorio colombiano contra organizaciones vinculadas al narcotráfico y el terrorismo, una decisión que marca un profundo giro en la política de seguridad del país y fortalece nuevamente la presencia estratégica de Washington en América Latina. (El País)
El anuncio fue realizado por el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, apenas días después de la llegada de Abelardo de la Espriella a la Presidencia colombiana. El nuevo Ejecutivo pretende estrechar la cooperación con Washington para enfrentar a las organizaciones armadas que operan en diferentes regiones del país.
Colombia también se incorporará como miembro número 19 del llamado Escudo de las Américas, una iniciativa impulsada por la Administración de Donald Trump para coordinar esfuerzos regionales contra el narcotráfico y las organizaciones criminales transnacionales.
Un cambio profundo respecto al Gobierno anterior
La decisión representa un giro significativo frente a la relación mantenida durante la Administración de Gustavo Petro, caracterizada por frecuentes tensiones con Washington y por una estrategia de seguridad que intentó reducir el énfasis exclusivamente militar en la lucha contra las drogas.
Con De la Espriella, Colombia vuelve a situar la cooperación militar estadounidense como uno de los pilares de su política de seguridad.
El acercamiento ocurre además en un momento en el que Washington está reconsiderando su presencia militar en el hemisferio occidental y otorgando mayor prioridad estratégica a América Latina dentro de su política de seguridad nacional. Estados Unidos ya mantiene operaciones contra organizaciones vinculadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, mientras incrementa la cooperación con gobiernos aliados de la región.
La oposición cuestiona la constitucionalidad
La decisión colombiana no está exenta de controversia.
Sectores de la oposición han advertido que cualquier presencia o tránsito de tropas extranjeras debe respetar los procedimientos establecidos por la Constitución colombiana y han cuestionado que el Ejecutivo pueda ampliar estas operaciones sin intervención del Senado.
Para sus críticos, permitir operaciones militares estadounidenses podría abrir un debate sobre soberanía nacional y sobre los límites de la cooperación militar con una potencia extranjera.
El Gobierno, en cambio, sostiene que una mayor cooperación permitiría aprovechar capacidades estadounidenses de inteligencia, vigilancia, tecnología y logística para enfrentar estructuras criminales que actualmente superan las capacidades de control estatal en algunas regiones.
Washington recupera a uno de sus principales aliados regionales
Colombia ha sido históricamente uno de los principales socios militares de Estados Unidos en América Latina.
Durante décadas, Washington destinó miles de millones de dólares a programas de cooperación relacionados con seguridad, inteligencia y lucha antidrogas. La nueva etapa podría volver a colocar al país como una de las plataformas centrales de la estrategia estadounidense en Sudamérica.
Incluso antes del cambio de Gobierno, funcionarios estadounidenses habían planteado la posibilidad de establecer puntos operativos en regiones colombianas de difícil acceso donde la presencia estatal es limitada y donde operan organizaciones vinculadas al narcotráfico y grupos armados.
México marca una posición diferente
La estrategia estadounidense está produciendo respuestas distintas en América Latina.
Mientras Colombia avanza hacia una cooperación militar más estrecha, México mantiene una posición considerablemente más cautelosa. La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que su Gobierno está dispuesto a cooperar con Estados Unidos en inteligencia, seguridad y lucha contra el narcotráfico, pero rechaza cualquier intervención militar extranjera que pueda comprometer la soberanía mexicana.
La diferencia evidencia uno de los principales debates que comienza a extenderse por la región: hasta dónde deben llegar los gobiernos latinoamericanos en su cooperación con Washington para enfrentar el crimen organizado.
Una nueva etapa geopolítica para América Latina
El acuerdo con Colombia trasciende la relación bilateral.
Estados Unidos está reforzando su estrategia de seguridad en el hemisferio en un momento marcado por el crecimiento del crimen organizado transnacional, el narcotráfico y una competencia geopolítica cada vez mayor con otras potencias.
El regreso de Colombia como aliado militar estrecho de Washington fortalece significativamente esa estrategia.
Para Bogotá, la apuesta consiste en recuperar capacidad operativa frente a organizaciones armadas y redes criminales que mantienen presencia en amplias zonas del país.
Para Washington, significa recuperar a uno de sus socios estratégicos más importantes en Sudamérica.
Pero el verdadero alcance de la nueva relación dependerá de cómo se definan las operaciones, qué límites establezca Colombia y hasta dónde llegue la participación directa de las fuerzas estadounidenses.
La decisión abre así una nueva etapa en la relación entre ambos países y, al mismo tiempo, reabre en América Latina una vieja discusión: cómo combatir amenazas transnacionales sin convertir la cooperación en una pérdida de autonomía nacional.