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La primera ministra Sanae Takaichi enfrenta una combinación explosiva: el yen cayó a su nivel más bajo en cuatro décadas, los hogares pagan más por productos importados y los inversionistas cuestionan cómo financiará sus promesas de reducir impuestos y elevar el gasto público.

Japón enfrenta una creciente crisis de confianza que amenaza con convertir la debilidad del yen, el aumento del costo de vida y la expansión del gasto público en un círculo económico y político cada vez más difícil de romper.

La moneda japonesa llegó a cotizar por encima de los 163 yenes por dólar, su nivel más débil desde 1986. La caída encarece las importaciones de combustibles, alimentos y materias primas, elevando directamente los gastos de las familias y de las empresas japonesas.

La primera ministra Sanae Takaichi sostiene que una economía más fuerte, acompañada de mayores inversiones y estímulos fiscales, permitirá recuperar la confianza en la moneda. Sin embargo, los mercados temen que sus políticas aumenten la deuda, presionen la inflación y obliguen al Banco de Japón a elevar las tasas de interés más rápidamente.

Un yen en su nivel más bajo desde 1986

El yen superó recientemente la barrera de 163 unidades por dólar, profundizando una depreciación que ya obligó al Ministerio de Finanzas a realizar varias intervenciones en el mercado cambiario.

Desde 2022, las autoridades japonesas han destinado aproximadamente 215,000 millones de dólares a comprar yenes y vender activos denominados en dólares. La intervención más reciente, ejecutada entre finales de abril y comienzos de mayo, alcanzó alrededor de 72,000 millones de dólares, pero tampoco logró revertir de manera permanente la caída de la moneda.

La debilidad del yen beneficia parcialmente a las grandes empresas exportadoras porque aumenta en moneda local el valor de sus ingresos obtenidos en el extranjero. También puede hacer que Japón resulte más barato para los turistas internacionales.

Sin embargo, el efecto sobre los hogares es diferente. Japón depende ampliamente de las importaciones para abastecerse de energía, alimentos e insumos industriales. Cuando el yen pierde valor, el país necesita entregar más moneda nacional para comprar los mismos productos en el exterior.

Reuters señala que Japón importa cerca del 90 % de la energía que consume y que alrededor del 95 % de esas compras procede de Oriente Medio, lo que vuelve a la economía especialmente vulnerable a los conflictos regionales y al aumento internacional del petróleo.

El costo de vida golpea la popularidad del Gobierno

La depreciación ya comenzó a tener consecuencias políticas para Takaichi.

Una encuesta del diario Yomiuri mostró que la aprobación de su Gobierno cayó del 69 % en junio al 57 % en julio, el nivel más bajo desde que asumió el cargo. La desaprobación aumentó del 21 % al 34 %.

El dato más preocupante para la primera ministra es que el 71 % de los encuestados desaprobó las medidas adoptadas para combatir el aumento del costo de vida, frente al 56 % registrado un mes antes.

Aunque Takaichi todavía conserva una aprobación elevada frente a administraciones anteriores, la caída muestra que el capital político obtenido por su victoria electoral comienza a debilitarse.

La mandataria está atrapada entre dos presiones. Si abandona sus promesas de aliviar los gastos familiares, podría perder apoyo ciudadano. Pero si continúa reduciendo impuestos y ampliando el gasto sin explicar cómo financiará esas medidas, podría profundizar la desconfianza de los inversionistas.

El Gobierno prepara una fuerte reducción del impuesto a los alimentos

Takaichi pretende reducir temporalmente del 8 % al 1 % el impuesto al consumo aplicado a los alimentos.

El plan tendría una duración de dos años y comenzaría en abril de 2027. El Gobierno espera aprobarlo en una reunión del gabinete a comienzos de agosto y posteriormente presentar la legislación correspondiente durante la sesión parlamentaria de otoño.

La reducción busca contener el descontento por el aumento de los precios y servir como medida transitoria antes de introducir un nuevo sistema de ayudas dirigido principalmente a los hogares de ingresos bajos y medios.

Sin embargo, la propuesta enfrenta resistencia dentro del propio Partido Liberal Democrático y entre sectores opositores. La principal preocupación es que el Gobierno no ha explicado cómo compensará la pérdida de ingresos tributarios.

La presión fiscal también aumenta por el crecimiento del presupuesto de defensa, los subsidios energéticos y los grandes programas de inversión promovidos por la administración.

Los mercados temen más deuda

Japón mantiene una de las mayores cargas de deuda pública del mundo.

La deuda bruta continúa por encima del 200 % del producto interno bruto, lo que limita la capacidad del Gobierno para aumentar el gasto sin provocar dudas sobre su sostenibilidad.

Las promesas de Takaichi han llevado a los inversionistas a exigir mayores rendimientos para comprar bonos japoneses. El rendimiento de los bonos gubernamentales a diez años llegó al 2.90 %, su nivel más alto en aproximadamente tres décadas.

Cuando los rendimientos aumentan, el Estado debe pagar más para financiarse. Esto representa un problema especialmente grave para Japón debido al enorme volumen de deuda acumulada.

El Gobierno asegura que el gasto estará dirigido a sectores capaces de aumentar el potencial económico del país. Takaichi ha defendido grandes inversiones en tecnología, infraestructura, defensa y áreas consideradas estratégicas.

No obstante, los mercados exigen cifras concretas sobre las fuentes de financiamiento y sobre la forma en que Japón estabilizará sus cuentas públicas durante los próximos años.

El círculo que debilita al yen

El principal temor es que Japón haya entrado en un ciclo en el que cada medida adoptada para resolver un problema termina empeorando otro.

El yen débil encarece las importaciones y aumenta la inflación. El aumento de precios reduce la popularidad del Gobierno y obliga a Takaichi a prometer recortes fiscales, subsidios y mayor gasto.

Estas medidas aumentan las dudas sobre la deuda pública, elevan el rendimiento de los bonos y reducen la confianza de los inversionistas.

La pérdida de confianza vuelve a presionar al yen, reiniciando el ciclo.

Las autoridades intentan presentar el gasto como una inversión capaz de aumentar el crecimiento y fortalecer la moneda a largo plazo. Sin embargo, los mercados parecen concentrarse en el costo inmediato y en la falta de un plan fiscal detallado.

El Banco de Japón también queda atrapado

El Banco de Japón elevó en junio su tasa de referencia al 1 %, el nivel más alto en 31 años.

A pesar del aumento, las tasas japonesas continúan siendo bajas frente a las de otras grandes economías. Además, al descontar la inflación, el costo real del dinero permanece en terreno negativo.

Esta diferencia favorece que los inversionistas busquen rendimientos más elevados en otros países y vendan yenes para comprar dólares u otras monedas.

El banco central podría aumentar nuevamente las tasas para fortalecer la moneda y contener la inflación importada. Una encuesta de Reuters encontró que el 86 % de los economistas consultados espera un incremento de 0.25 puntos antes de finalizar diciembre, lo que llevaría la tasa al 1.25 %.

Sin embargo, elevar las tasas demasiado rápidamente también implica riesgos.

El crédito se volvería más caro para las empresas y los hogares, podría reducirse la inversión y aumentaría el costo que debe pagar el Gobierno para refinanciar su deuda.

Japón necesita tasas más altas para defender el yen, pero su enorme deuda y su crecimiento moderado dificultan la normalización monetaria.

¿Existe un enfrentamiento con el banco central?

Takaichi ha expresado reservas frente a los aumentos de tasas y ha defendido una política económica orientada al crecimiento.

La primera ministra reconoce formalmente la autoridad del Banco de Japón sobre la política monetaria, pero también sostiene que el organismo debe trabajar estrechamente con el Gobierno.

Estas declaraciones han provocado inquietud entre los inversionistas, que temen que el Ejecutivo intente mantener artificialmente bajas las tasas para financiar su programa de gasto.

La independencia del banco central resulta fundamental porque los mercados necesitan confiar en que las decisiones se tomarán con el objetivo de controlar la inflación y no únicamente para reducir el costo de la deuda gubernamental.

El Gobierno modificó recientemente un documento económico que había generado especulaciones sobre una posible presión contra el Banco de Japón y terminó reafirmando expresamente la independencia de la institución.

Una economía que continuará creciendo, pero lentamente

Japón no se encuentra actualmente en una crisis económica comparable con una recesión profunda.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos prevé que el producto interno bruto japonés crecerá alrededor de un 0.6 % en 2026 y un 0.8 % en 2027. El consumo interno, los salarios y las ganancias empresariales continuarían apoyando la actividad.

No obstante, se trata de un crecimiento limitado para una economía que debe enfrentar el envejecimiento poblacional, la baja productividad, el aumento del gasto social y una deuda pública extraordinariamente alta.

La OCDE también recomienda que Japón construya un plan creíble de consolidación fiscal a mediano plazo, con medidas específicas sobre ingresos y gastos, especialmente en un contexto de tasas de interés crecientes.

El país necesita estimular la economía, pero también debe convencer a los mercados de que no perderá el control sobre sus finanzas.

El riesgo político para Takaichi

La primera ministra ha prometido romper con lo que considera décadas de excesiva austeridad y falta de inversión.

Retroceder ahora podría ser interpretado como una derrota política y debilitar su liderazgo dentro del Partido Liberal Democrático. Continuar sin presentar un financiamiento claro, por otra parte, podría elevar el costo de los bonos y aumentar la presión sobre la moneda.

Takaichi enfrenta así una paradoja: necesita gastar para recuperar el apoyo de los ciudadanos afectados por la inflación, pero el gasto puede debilitar todavía más el yen y elevar nuevamente los precios.

La crisis japonesa no depende únicamente del valor diario de su moneda. También está relacionada con la confianza en la capacidad del Gobierno para coordinar el crecimiento, la política monetaria y la sostenibilidad de la deuda.

Japón sigue siendo una de las mayores economías del mundo y conserva importantes activos, empresas altamente competitivas y una considerable capacidad financiera. Pero mientras el yen se mantenga en mínimos de cuatro décadas, la inflación continúe afectando a los hogares y los mercados cuestionen el programa fiscal, la administración de Sanae Takaichi permanecerá atrapada entre las demandas de los votantes y las advertencias de los inversionistas.